Cambio “geometría variable” por pacto nacionalista

El presidente del Gobierno va intentar agotar la legislatura y, para ello, ha llegado a un “acuerdo para la estabilidad  económica, política e institucional” con los nacionalistas vascos y catalanes, cuyo primer compromiso pasa por la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene.

Ante las presiones de la oposición del Partido Popular  y de Convergencia i Unió para un adelanto electoral, previa disolución de las Cortes, impidiendo la aprobación de los Presupuestos, Zapatero, después de un almuerzo celebrado en el Palacio de La Moncloa el pasado 12 de octubre con el presidente del PNV  Iñigo Urkullu, parece haber roto el cerco a que está sometido y ha conseguido los votos del PNVy de Coalición Canaria suficientes como para aprobar las cuentas públicas.

¿A cambio de qué? A cambio de toda una serie de concesiones  que suponen por el momento más de 600 millones de euros, la posible trasferencia al Gobierno vasco de una veintena de competencias que vienen siendo discutidas desde hace años, la presencia de un representante de la hacienda vasca en la delegación española en el ECOFIN (Consejo de  Asuntos Económicos y Financieros  de la Unión Europea) y la denominación en euskera de las tres provincias vascas: Bizkaia, Guipúzcoa y Araba, una vieja reivindicación de los nacionalistas.

Con este acuerdo, criticado por todas la fuerzas políticas, el presidente del Gobierno ha decidido terminar con la política de “geometría variable” que ha venido condicionando toda la legislatura y, en uno de sus momentos mÁs difíciles y complicados, especialmente por la contestación que esta teniendo en las propias filas socialistas, alarmadas por los malos resultados de las encuestas.

El acuerdo con los nacionalistas del PNV, que pretenden transmitir la imagen de que, gracias a ellos, Euskadi va a terminar por tener el máximo de  transferencias que hasta ahora estaban, después de muchos años, pendientes de discusión, ha sido de una ayuda decisiva para Zapatero que, asediado por el Partido Popular y los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió, se negaba a la disolución del Parlamento y a un adelanto  de las elecciones generales. Ello, con el argumento de que esa decisión provocaría una inevitable inestabilidad política y la consiguiente alarma de los mercados que no dejan de creerse la política de ajuste iniciada el pasado mes de mayo.

Ese adelanto hubiera sido inevitable si las nacionalistas del PNV y de Coalición  Canaria  no hubieran decidido apoyar los presupuestos generales para el año que viene, unos presupuestos de austeridad que hubieran sido incompatibles con la prolongación de los actuales, como ha sucedido en otras ocasiones.

En esos presupuestos se incluyen las peticiones enómicas de vascos y canarios, que según los primeros datos incluyen, entre otras concesiones,  el impulso a la construcción del tren de alta velocidad (la llamada Y vasca), las  transferencias económicas por las políticas  activas de empleo y el importe de los estudios económicos para la construcción de un nuevo museo Guggenheim.

Y todo eso, sin que el Gobierno de Patxi López, que ha permanecido ajeno a las negociaciones, aunque al final ha sido informado por el propio presidente del Gobierno.

Ya el lehendakari, en un Comité Federal del Partido no tuvo reparos en recordar el precio que Zapatero iba a tener que pagar para aprobar los Presupuestos para seguir al frente del Gobierno y la situación un poco desairada en la que queda él y su Gobierno.

Ante la opinión pública vasca, el PNV va a quedar como el partido que ha conseguido llenar de contenido el  Estatuto de Guernica aún estando en la oposición.

Malos tiempos para el lehendakari vasco que sigue contando con el apoyo parlamentario del Partido Popular pero que no tendrá más remedio que disimular y ponerse al frente de la manifestación.