Nueva mala semana para Zapatero

La que termina ha sido una mala semana para Zapatero aunque en esta ocasión no han sido los mercados ni la economía, los que han provocado el malestar y, un cierto desaliento, en la Moncloa.

Los últimos coletazos de la rebelión de algunos barones socialistas, preocupados por la “catástrofe electoral” que se avecina , y que se inaugurará en Cataluña, el mes que viene, con las autonómicas; los desagradables incidentes callejeros durante el desfile militar del día de la Fiesta Nacional, con gritos de “Zapatero dimisión” “Fuera, Fuera” y “Zapatero traidor”, y la publicación de tres encuestas de medios informativos tan dispares como “Público”, “La Razón” y la cadena SER, confirmando la “catástrofe electoral” que barruntan los inquietos barones socialistas, son noticias que han configurado una nueva semana de sobresaltos para el presidente del Gobierno y, de paso, para el partido que lo sostiene.

Los incidentes del día de la Fiesta Nacional, perfectamente organizados a través de redes sociales y mensajes SMS de móviles, y en los que no se han respetado ni los símbolos, ni el silencio debido a los caídos, ni siquiera el paso de la bandera, esa bandera que tanto defienden muchos de los que gritaban las consignas contra el presidente, han provocado la condena del Rey y de los Príncipes, e incluso de algunos dirigentes del Partido Popular, aunque a su presidente Mariano Rajoy le haya parecido normal pensando que todo es bueno para el convento.

Ni era el escenario para ese tipo de protestas, ni era el momento, ni puede convertirse el día de la Fiesta Nacional en un día de enfrentamientos, por mucho derecho que tengan los descontentos a pedir la dimisión del presidente del Gobierno que, en ese día representaba a todos los españoles.

Todas las semanas, el presidente del Gobierno comparece en el Parlamento o en el Senado y todas las semanas los descontentos tienen la oportunidad de reunirse para críticas la política de Zapatero, pedir su dimisión. Pero no un día como el 12 de Octubre en que se conmemora la fiesta de todos y en el que se tiene que poner de manifiesto ese “consenso” que siempre se reclama entre las fuerzas políticas, tan desprestigiadas por otra parte según los sondeos, ante momentos de dificultades.

No es ese el camino como tampoco lo es ese plan del Gobierno y de la ministra de Defensa Carme Chacón, crear un nuevo protocolo, consensuado con todos los partidos políticos, para evitar incidentes como los que han ocurrido esta semana.

A veces, los manifestantes desbordan a los propios partidos políticos por mucho que consensuen entre ellos y, la solución no está en alejar lo más posible a los discrepantes de la tribuna de autoridades, de los invitados oficiales, o de las cámaras de televisión.

Por eso, si hay que calificar de despropósito lo ocurrido en el desfile el 12-O, también es un despropósito “blindar” un desfile militar para evitar que grupos de distintos signo político abucheen, griten o pidan la dimisión del presidente.

No es cuestión de inventarse un nuevo protocolo para impedir ese tipo de incidentes. Es cuestión de eso que tanto se ha combatido en el Partido Popular y que se ha intentado imponer como “Educación para la Ciudadanía”. Es decir que no es un una cuestión de imposición, sino de educación.

Los insultos, las descalificaciones en funerales y actos oficiales que, en principio deberían ser actos de todos, actos de reconciliación, comenzaron a producirse en España en la última etapa del Gobierno de Felipe González. Ahora, desde hace seis años se ha convertido en una costumbre, en una parte del guión como dice Zapatero. La necesaria pedagogía debería evitar que eso no se convierta en costumbre.