La huelga de hoy

La octava huelga general de la democracia (cinco contra gobiernos socialistas, una contra el gobierno de UCD y otra contra el de José María Aznar) se decidirá este miércoles entre siete y diez de la mañana y, triunfará según el comportamiento de los llamados “piquetes informativos” y el grado de cumplimiento de los servicios mínimos acordados.

En plena era de Internet, cuando más información está disponible al servicio del ciudadano, no deja de ser paradójico, que todo quede supeditado a la labor de los llamados “piquetes informativos”, ese conjunto de sindicalistas liberados que tienen como misión informar de algo de lo que existe ya una exhaustiva información, pero cuyo objetivo final, según se ha demostrado en anteriores huelgas, es presionar a los que tienen en legítimo derecho al trabajo para que , como dice un último comunicado de Comisiones Obreras, “no pongan en peligro su integridad física”.

Los sindicatos parece que no están dispuesto a respetar los servicios mínimos (por primera vez ha habido acuerdo entre la Administración y las centrales en la programación de esos servicios) y, su principal objetivo es paralizar Madrid, la capital de España en donde no ha habido acuerdos y en donde se visualizará política, económica y mediáticamente el resultado de la huelga,

En la capital española, según se están desarrollando los acontecimientos, la huelga parece que es en contra de la presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre que se ha desligado del resto de las Comunidades Autónomas y no ha posibilitado esos servicios mínimos.

Así pues, en el peor momento económico del país, en un escenario en el que hay más de cuatro millones y medio de parados y en una situación en la que el poco empleo que se crea es precario y coyuntural, el país, que todavía no ha entrado en fase de recuperación económica, se enfrenta con una huelga general de la que está pendiente los mercados internacionales esperando sopesar el grado de confianza que merece el plan de ajuste adoptado por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, un plan impuesto por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional que los sindicatos saben de antemano que no se puede cambiar y que cualquier cambio repercutirá en la solvencia exterior del país y de su Deuda Soberana.

“Inversores nerviosos -señala el todopoderoso periódico norteamericano “The Wall Street Journal” al que informó personalmente Zapatero que no pensaba ceder ante los sindicatos sobre las reformas pendientes- estarán pendientes de si hay signos de una movilización popular que podría echar abajo la austeridad”

Consciente de esta situación que según los sindicatos le lleva a Zapatero al “suicidio político”, en el que no piensan acompañarle, traicionando toda una trayectoria política, el presidente del Gobierno, con gran preocupación de los mercados, ya ha anunciado que está dispuesto a negociar los reglamentos de la aprobada reforma laboral en el Parlamento especialmente los que regularán la intermediación de las agencias privadas de colocación, la reforma de la Formación Profesional, la entrada de las empresas de trabajo temporal en la Administración , la negociación colectiva y la regulación del Fondo del Despido, el llamado “Fondo Austríaco” que se encargará de financiar parte del despido de trabajadores indefinidos.

Zapatero, vigilado por las Instituciones económicas internacionales y observado con preocupación por los mercados, sabe que no puede ceder en lo fundamental y que el camino que emprendió en la grave crisis que amenazó al país en los meses de mayo y junio, es un camino que no tiene vuelta atrás.

Sin embargo, quiere mantener ese hilo conductor con los sindicatos que tanto le han apoyado y que han sido copartícipes de su política económica y ha dado órdenes a sus ministros y, a todo el aparato de su partido, de que no haya enfrentamientos con los sindicatos a los que se les está tratando como los legítimos representantes de los trabajadores que tienen perfecto derecho a convocar una huelga general, que costará al país veinte mil millones de euros.