La huelga general que nadie quiere

Las dos principales centrales sindicales, la UGT (Unión General de Trabajadores) y CCOO (Comisiones Obreras), ultiman los preparativos de lo que será la quinta huelga general contra un Gobierno socialista, a partir de las doce de la noche de este martes de septiembre, una fecha que tanto el Gobierno, como los propios sindicatos, quisieran que no hubiera llegado.

Los sindicatos, que han venido manteniendo una auténtica “luna de miel”, durante seis años, con el Gobierno, que han contado con todo tipo de ayudas y beneficios de la Administración y, que no se han movilizado ante la mayor lacra que sufre el país, ese índice de paro que supera al de todos los países de la Unión Europea, solo han reaccionado cuando, obligado por la UE, el presidente del Gobierno no ha tenido más remedio, que dar un giro espectacular a su política económica, abordando una reforma laboral que no servirá para crear empleo y, congelando el sueldo de los funcionarios, y pensionistas, en un duro plan de ajuste que perjudica a los sectores más desfavorecidos de la sociedad .

En el fondo, ni los sindicatos quieren la huelga (no han tenido más remedio que convocarla), ni el Gobierno quiere que la huelga suponga un gran fracaso para quienes han venido apoyando su política económica hasta el último momento.

Ni sindicatos ni Gobierno quieren vencedores ni vencidos, y en una auténtica ceremonia de la confusión, todos van a intentar salvar los muebles, sabiendo como sostiene Rodríguez Zapatero, que lo importante no es la jornada de lucha que comienza a partir de esta madrugada, sino el día después, las semanas posteriores, en las que se tendrá que seguir negociando, no sobre la retirada de la reforma laboral que acaba de ser aprobada con graves dificultades en el Parlamento, sino, sobre la inminente reforma del sistema de pensiones, según el compromiso del Ejecutivo con las autoridades de la Europa comunitaria.

Hasta ahora, ningún Gobierno se ha librado de su huelga general. De las siete huelgas generales que se han producido durante este periodo democrático, cinco han sido contra las políticas laborales de los gobiernos socialistas, una contra el Gobierno de Adolfo Suárez y otra contra José Maria Aznar, hace ahora ocho años.

Pero, ninguna se ha producido en unas circunstancias tan dramáticas como las de ahora, cuando el país está saliendo de una durísima recesión económica, que se ha llevado por delante dos millones de puestos de trabajo y miles de empresas, con un número de desempleados, que jamás se había producido en nuestro país, con un déficit público y privado galopantes, con una desconfianza exterior hacia nuestra Deuda soberana y, con unas perspectivas económicas de futuro que probablemente necesitaran de más ajustes.

Sin duda, la huelga general del 29 de septiembre, que puede tener más repercusiones que las que han venido anunciando las encuestas, no será, ni mucho menos, como la del 14 de Diciembre de l988 que cogió desprevenido a Felipe González y que le sumió en una profunda crisis personal, además de una ruptura definitiva con el secretario general de la Unión General de Trabajadores, Nicolás Redondo.

En esta ocasión, Zapatero no solo está preparado, sino que no le sorprenderá el posible éxito de la convocatoria, porque en su fuero interno, desea que la jornada del miércoles no sea un gran fracaso de los sindicatos.

Ni Zapatero quiere que los sindicatos salgan vencidos, ni los sindicatos desean dañar en demasía a un Gobierno al que han venido apoyando hasta la gran rectificación que comenzó a producirse a partir del pasado mes de mayo.

Como el chiste del enfermo que va al dentista y, nada más sentarse en el sillón de los horrores, le retuerce al odontólogo sus partes más sensibles, ahora pasa lo mismo: “¿Verdad que no nos vamos a hacer mucho daño?”