Debate sobre el estado de Zapatero y de Rajoy

El portavoz parlamentario socialista José Antonio Alonso, ha comenzado ya los sondeos con los distintos portavoces de los grupos parlamentarios, a la búsqueda de acuerdos para sacar adelante las distintas propuestas de resolución que la semana que viene será votada en el Parlamento, tras finalizar el debate sobre el estado de la nación.

Esas votaciones, que algunas de ellas puede perder el Gobierno, darán una idea del grado de soledad en la que se encuentra el Ejecutivo, criticado y puesta en duda su credibilidad en el debate, por todos los grupos políticos.

Es verdad que Zapatero, que llegó al debate en las peores condiciones posibles, no ha salido del mismo, peor de lo que estaba. Al contrario, en el cara a cara con Rajoy, no solo se ha recuperado, sino que ha puesto al líder de la oposición contra las cuerdas en algunos momentos, machacando, con insistencia, que en toda esta legislatura se ha limitado a decir “no”, sin arrimar el hombro en ningún momento.

De esta forma, el debate sobre el estado de la nación, se ha convertido en el debate sobre el estado del líder de la oposición Mariano Rajoy y del presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Ante una crisis económica que seguirá creando todavía más paro y menos crecimiento; una crisis política provocada por la imposibilidad de llegar a pactos entre el Gobierno y la oposición en su conjunto; una crisis social que desembocará en el mes de septiembre en una huelga general convocada por los sindicatos, aliados hasta ahora de Zapatero, y una crisis institucional, estimulada por los nacionalistas catalanes y por el propio presidente de la Generalitat José Montilla y el PSC (Partido de los Socialistas Catalanes) al negarse a aceptar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, no hay perspectivas de solución a medio plazo por parte de los dos principales partidos.

Es decir que estamos ante un escenario de “bloqueo político”. El Partido Popular por boca de Mariano Rajoy, exige la disolución de las Cámaras y el adelanto de las elecciones previstas para marzo del 2012. El partido socialista y Rodríguez Zapatero, sorprendentemente, le piden al PP que presenten una moción de censura.

Pero ni Zapatero está dispuesto a disolver, ni Rajoy a utilizar la baza de la moción de censura, sin contar previamente con los preceptivos apoyos, olvidando que la moción de censura que Felipe González presenta en l980 contra Suárez, aunque la pierde, es el principal elemento dinamizador de su victoria electoral de l982.

Mientras tanto ¿qué hacemos en estos veinte meses que faltan para las elecciones generales? ¿Qué propone Rajoy para este largo camino que todavía nos queda por recorrer en plena crisis económica? ¿Qué propone Zapatero además de prometer llevar a cabo sus reformas “cueste lo que cueste”, insinuando que está dispuesto a inmolarse ante las presiones de los mercados para recuperar la credibilidad perdida? ¿Qué proponen los nacionalistas, los vascos y los catalanes, ante una situación, según ellos, tan extremadamente peligrosa tras la sentencia del Tribunal Constitucional? ¿Qué propone esa izquierda que sostiene que el presidente del Gobierno se ha pasado al equipo contrario, al Partido Popular y que se limita a escuchar solo por el oído derecho?

Según se desprende del debate, nada. Nada de nada, sino seguir tirando, a la espera de que los mercados sigan especulando con la salud financiera de nuestras instituciones, y sobre la inestabilidad política de un país que todavía no tiene claro, porque se sigue discutiendo, si es una nación de naciones o, por el contrario, no hay más nación que la española como ha sentenciado el Constitucional.