Zapatero gana el cara a cara con Rajoy

A la espera de las encuestas que algunos periódicos harán públicas, los próximos días, el presidente del Gobierno ha ganado, de nuevo, el cara a cara, con el líder de la oposición Mariano Rajoy en el debate sobre el estado de la nación.

Rajoy ha hecho un gran discurso (aunque muchos piensan que ha sido el de siempre), lo ha pronunciado con la agilidad y la ironía de un monologuista, utilizando imágenes y ejemplos fácilmente comprensibles, y lo ha estructurado como un auténtico alegato procesal, para buscar la condena de un culpable que se llama José Luis Rodríguez Zapatero.

El discurso de Rajoy, basado en todas las contradicciones en las que ha caído Zapatero, en el giro que se ha visto obligado a dar a su política económica por la imposición de Europa, en el abandono de su programa electoral, en la desconfianza general que supone sus propuestas, ha ido haciendo efecto en Zapatero que se le veía contenido, con gesto hosco y la mandíbula apretada.

La intervención del líder del Partido Popular, dirigida a minar la credibilidad, a la ya debilitada credibilidad del presidente, y a terminar con su confianza (ha sido la palabra más repetida), en una faena diseñada para pedir la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones generales, ha estado tan bien construida que, crecido en la faena, el político popular ha dirigido el capote hacia el terreno en el que su contrincante suele moverse con gran habilidad.

Y ahí, enfadado, es donde se ha crecido Zapatero. Frente al alegato de Rajoy, Zapatero ha hecho oposición de la oposición y con astucia, le ha recordado que no ha ayudado en nada, que ha pedido reformas que luego él no ha votado, que no ha hecho propuestas sobre la crisis, que siempre se ha movido por intereses electorales y no por lo que le interesa al país, que ha enfrentado a Cataluña con del resto de España y que pedir un adelanto electoral, ahora, es una frivolidad cuando se está discutiendo las principales reformas estructurales. La otra fórmula es la moción de censura que según Zapatero Rajoy no se atreve a presentar porque hay que tener un programa y ser capaz de explicarlos a los ciudadanos.

Como prólogo a esa cara a cara , a los turnos de réplicas y de contrarréplicas y como anuncio también, de lo que iba a ser el debate que continuara el jueves, el discurso inicial del presidente del Gobierno ha sido acogido con descalificaciones, desconfianzas y fuertes críticas por la totalidad de los grupos parlamentarios

Los portavoces de todos los partidos han descalificado lo que ellos han llamado un discurso de investidura “frustrado” (Duran i Lleida), que no refleja la realidad del país, ya que se vuelve a hablar de la gran solución del coche eléctrico o del “Cochecito Lere” (Rosa Diez), que demuestra la soledad en la que se encuesta el proyecto socialista, el Gobierno y el propio presidente (Soraya Sáenz de Santamaría), que no aporta nada nuevo a lo que está pasando (Josu Erkoreka), que no contiene el menor elemento de autocrítica (Joan Ridao), que responde a un esquema retórico y conservador (Joan Herrera), que indica que el presidente y su equipo se han pasado al equipo contrario, el Partido Popular (Llamazares), que no tiene nada que ver con una política de izquierda (Francisco Jonquera) y que, a estas alturas, resulta sorprendente y preocupante (Ana Orama).

La realidad es que Rodríguez Zapatero, que ha hecho un discurso aburrido, sin el mínimo gancho político y sin aportar la mínima autocrítica a lo que ha sido un año de Gobierno. Un discurso que había despertado cierta expectación porque lo venía preparando desde hace semanas y que, según él, le había impedido estar presente en los dos partidos claves de la Selección Española contra Alemania y Holanda. Demasiada preparación para tan poco sustancia.

Ni ha querido explicar de forma didáctica el por qué de ese giro radical a su programa electoral, a sus propuestas, a su propia ideología, con unas medidas de ajustes que afectan a los sectores más desfavorecidos (los que siempre han creído en él), ni hay intentado, en ningún momento, referirse a esos años perdidos en los que se ha negado la existencia de la crisis, mientras se tomaban medidas deslavazadas, de coleccionadle, que han provocado el que España sea el último los países de la eurozona que más tarde va a salir de la crisis.

Preocupado, sobre todo, por Cataluña, por la reacción de Montilla y del PSC sobre la sentencia del Tribunal Constitucional y, temiendo las divisiones que se pueden producir entre el socialismo catalán y el PSOE, el presidente se ha querido poner al frente de la manifestación, y ha vuelto a anunciar que es posible el desarrollo de parte del Estatuto, puesto en duda por el Constitucional, para desarrollarlo por otros medios legales, a través de Leyes Orgánicas.