El Mundial que nos ha salvado del pesimismo

El espectacular triunfo de España sobre Alemania en el Mundial de Sudáfrica que ha acaparado la atención y las simpatías de medio mundo; la final histórica que se disputa este domingo en Johannesburgo contra Holanda; el sentimiento de orgullo que ha despertado en todo el país la selección nacional; la invasión de banderas nacionales que inundan las calles y las ciudades españolas; el mensaje de unidad que se está transmitiendo a través del fútbol, que nos ha hecho olvidar por unos días las disputas y las divisiones internas del país, constituyen mucho más que un simple acontecimiento futbolístico, para recordarnos que por lo menos hay un proyecto en común, en lo deportivo que une a todos los españoles.

Después de dos años de dificultades en los que España ha estado en medio de una “tormenta perfecta” económica, que se ha llevado por delante mucho de nuestro prestigio como país hasta convertirnos en el “enfermo de Europa”, el Mundial de Fútbol no solo nos ha dado un respiro, en cuanto a imagen de país, sino que nos ha colocado por encima de muchos países que habían dejado de creer en nuestras posibilidades.

Necesitábamos la victoria del miércoles y llegar por primera vez en nuestra historia a la final de un Mundial, que es mucho más que una simple competición y necesitábamos, sobre todo, transmitir una nueva imagen de España y de los nuevos españoles  en el mundo.

Ha sido el periódico italiano “Corriere de la Sera” y el escritor Aldo Cazzulo, el que mejor ha sabido transmitir el mensaje de ese triunfo que es la victoria anticrisis de un país unido por el balón…

Una victoria de los nuevos españoles en la que castellanos y catalanes han luchado los unos junto con los otros, por una meta comuna.

Sus abuelos – relata el “Corriere”-conocieron la Guerra Civil y el hambre de la década de los 40. Sus padres han construido la democracia. Hoy los nuevos españoles, hasta hoy viciados por la vida, hijos de la libertad y de la riqueza, deben afrontar la gran crisis. Están llamados a demostrar su estatura moral. Aunque el fútbol no es maestro de nada, por lo menos aquí en el Mundial los nuevos españoles han desempeñado su papel. Los españoles necesitaban realmente esta victoria. Hasta hace pocos años la economía crecía a ritmos asiáticos. Nadal era el tenista más fuerte del mundo. Garzón el juez más justo. Ferrán Adriá el mejor cocinero. Pedro Almodóvar el más grande director de cine. Y Zapatero un estadista, esperanza de la izquierda europea”.

Pero de repente, todo cambió. La economía se vino abajo. Nadal se lesionó. Garzón ha sido acusado por su misma corporación. Adriá se ha tomado tres años de vacaciones. Almodóvar ha realizado una película, ‘Los abrazos rotos’, no precisamente de éxito. Y Zapatero es aventajado en los sondeos por los populares de Rajoy, líder no precisamente carismático.

“Sin embargo, poco a poco-dice el periódico italiano- comienzan a verse las señales de la recuperación. Los grandes bancos y las empresas vuelven a realizar beneficios. Nadal vuelve a ganar en Wimbledon. Y ahora los futbolistas han hecho lo demás. Aunque Barcelona es la única ciudad española donde no han instalado maxi-pantallas para el Mundial, por una vez también los catalanes pueden reconocerse en la selección nacional. Y dado que no se llega a la final de una Copa del Mundo por mera casualidad, la nueva España demuestra en todo caso ser un gran país”

En el fondo, esa es la foto fija de lo que significa el Mundial para un país que, sumido en la depresión por la crisis económica, por el paro, y por la incapacidad de los políticos para llegar a un acuerdo, se ha reconciliado consigo mismo y ha encontrado en el fútbol el orgullo, la unidad, y ese “proyecto en común” puramente coyuntural, que lo ha sacado de su letargo y de su pesimismo.