Una reforma aprobada con fórceps

El Presidente del Gobierno cuenta con el apoyo de la Comisión Europea, del Fondo Monetario Internacional, del Banco de España, de Nicolás Sarkozy, de la canciller alemana Ángela Merkel, y del mismísimo presidente norteamericano Barak Obama que, en vísperas de la votación en el Parlamento sobre la reforma laboral, ha vuelto a felicitarle por las medidas que está tomando, pero sin embargo, no cuenta con el Parlamento que la ha aprobado casi con fórceps…

Como en el decreto-ley sobre el plan de ajuste presupuestario, el Gobierno ha vuelto a quedarse solo en la convalidación del decreto-ley sobre la reforma laboral, aprobado por los pelos por el grupo parlamentario socialista y, convertido, además, en proyecto de Ley que será debatido en las próximas semanas del mes de julio y de jgosto, en trámite de urgencia, con lo que será reformado por las distintas enmiendas que serán presentadas por los distintos grupos parlamentarios.

La decisión de convertir el decreto-ley en proyecto de Ley, ha producido numerosas tensiones dentro del Gobierno, ya que el presidente era partidario de no dar ese paso, frente al criterio de varios ministros que le convencieron de lo contrario, a pesar de la inseguridad jurídica que se produce, y que hará que los empresarios no empiecen a contratar hasta que el proyecto definitivo que salga del Parlamento, aclare todos los equívocos que actualmente existen.

El Gobierno, que después de numerosos contactos, creía poder convencer al Partido Nacionalista Vasco, a Coalición Canaria y, posiblemente, a Convergencia y Unió, con sus votos a favor, ha vuelto a comprobar la soledad parlamentaria en la que se encuentra, y el distanciamiento que existe con los grupos de Izquierda: Izquierda Unida, Ezquerra Republicana de Catalunya, Bloque Nacionalista Gallego, Iniciative per Catalunya Verds, y Nafarroa Bai.

De ese bloque, es de donde han venido las mayores descalificaciones, hacia el decreto-ley, hacia la política de Zapatero que según Ridao es el que está haciendo el “trabajo sucio” de la patronal con una política “fuerte con los débiles y débiles con los fuertes” y condicionada por los mercados.

Han sido solo los parlamentarios socialistas (y no todos, porque el ex secretario general de Comisiones Obreras y actual Presidente de la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados, Antonio Gutiérrez, convencido de que el decreto-ley sobre la reforma laboral creará solamente “empleo basura” se ha abstenido) los únicos que han apoyado el decreto-ley del Gobierno que, de nuevo, ha visto como fallaba su estrategia de “geometría variable” que ha venido poniendo en práctica en esta legislatura.

En esta ocasión, el Partido Popular, que frente a todas las presiones del Partido Popular Europeo PPE), votó en contra del plan de austeridad presentado por el Gobierno, se ha abstenido, ha hecho una dura valoración del decreto-Ley por boca de su portavoz parlamentaria Soraya Sáenz de Santamaría, ha pedido una reforma del empleo y no una reforma del despido (“hay que fomentar la contratación- ha dicho- y acudir al despido como último recurso”), pero no ha aclarado cual es su modelo de reforma laboral.

Es decir, que no se sabe si en la discusión del proyecto de Ley, pretende endurecerlo (como probablemente lo haga Convergencia i Unió) o, por el contrario, de acuerdo con ese nuevo slogan, acuñado por la secretaria general del partido, Maria Dolores de Cospedal, de que es el Partido de los Trabajadores, estará más cerca de los sindicatos que de la patronal.