ZP; Moción de censura encubierta

El Presidente del Gobierno ha vivido su más dramático día parlamentario desde que llegó al poder hace seis años y, por un solo voto ha superado una moción de censura encubierta, votada por todos los partidos políticos. No se votaba ninguna moción de censura (esa que el líder de la oposición Mariano Rajoy no se atreve a presentar), sino el decisivo decreto-Ley sobre el mayor ajuste presupuestario de la historia de la democracia y que afecta, esencialmente, a funcionarios y pensionistas.

Pero el ambiente era de moción de censura. De final de etapa política. Por un solo voto se podía ver terminada la legislatura y, también, por un solo voto, el decreto-Ley corría el riesgo de convertirse en proyecto de Ley, con lo que las medidas de austeridad impuestas por la Unión Europea para disminuir el déficit público, podían descafeinarse con propuestas y recortes de todos los grupos parlamentarios.

Después de dos derrotas parlamentarias, en el Congreso y en el Senado, en contra de la congelación de las pensiones, podía producirse la tercera y definitiva, que supondría el final político de Rodríguez Zapatero. No se ha producido el final, sino, simplemente, se ha aplazado al Otoño cuando se tengan que aprobar los Presupuestos Generales del Estado, que no contarán, en esta ocasión, con el apoyo de Convergencia i Unió ni, probablemente con el de los nacionalistas vascos. (¿Qué pasara con la Y vasca?)

Ese calendario lo ha marcado el representante de Convergencia i Unió Josep Antoni Duran y Lleida que, en un discurso duro en el que, solemnemente ha anunciado que la etapa de Zapatero esta finiquitada y que no tendrá más remedio que adelantar las elecciones generales.”Su etapa como Presidente del Gobierno -insistía Duran- se ha acabado”.

Duran, que no quiere que las elecciones generales puedan coincidir con las catalanas de este Otoño, ya que Convergencia i Unió tiene todas las posibilidades para hacerse con la Presidencia de la Generalitat, le ha dado un respiro a Zapatero, ha optado por la abstención en la votación del decreto-ley y ha apostado para unas generales el año que viene., cuando Zapatero ante el fracaso para aprobar los nuevos Prepuestos Generales del Estado no tenga más remedio que disolver las Cámaras.

Enfrente, pertrechado en su escaño, el Presidente, que sorprendentemente se ha negado a intervenir en ningún momento del debate y que ha dejado que el “marrón” se lo comiese solo la vicepresidenta económica Elena Salgado, con la que ya ha empezado a manifestarse un cierto alejamiento por su error en el decreto que prohibía el endeudamiento de los Ayuntamientos, era el símbolo de la desolación también del desconcierto.

Apretando la mandíbula, con el rostro descompuesto, paralizado y la mirada perdida, ha tenido que oír desde la derecha a la izquierda acusaciones de incompetente, improvisador, fracasado, contradictorio y, sometido a los dictados de los burócratas del Fondo Monetario Internacional. No le han dado tregua, ni el, ha tenido la menor reacción para defenderse. O no tenía argumentos, o creía que, aunque ganase la votación por un solo voto, era una relativa victoria. Era lo que intentaban vender sus portavoces.

Zapatero sale del debate que ha ganado por un solo voto (al final hubo que sacar de la cama a dos diputados socialistas enfermos, para que votasen), muy tocado, con pocas posibilidades de recuperación y con un posible plazo de caducidad.

Ahora la única forma que tiene de recuperar la iniciativa y no esperar el plazo de caducidad es someterse a una cuestión de confianza en el Parlamento con un programa político que responda a lo que el llama “las nuevas circunstancias”. Es su única salida. Y además se le agota el tiempo.