Ni adelanto electoral ni moción de confianza…

El presidente del Gobierno no tiene la menor intención de adelantar las elecciones generales, ni tiene previsto presentar en el Parlamento una moción de confianza, que ratificaría su plan de austeridad  con el que pretende ahorrar 150.000 millones de euros en dos años para cumplir el Plan de Estabilidad de la eurozona.

Ante las presionas del Partido Popular, que por boca de su secretaria general Maria Dolores de Cospedal ha pedido un final de la actual legislatura (no quiere oír ni hablar de una posible moción de censura) y, sobre todo, ante la petición de Convergencia i Unió que a través de Duran y Lleida ha exigido un adelanto electoral o una moción de confianza presentada por el presidente del Gobierno, fuentes de la Moncloa rechazan cualquiera de estas dos posibilidades, a pesar de la gravedad de la situación y del giro político que ha dado Zapatero en contra de quienes le votaron en  el mes de Marzo de 2008 y que han tenido un inmediato reflejo en las encuestas. La última publicada este fin de semana por el periódico El País le concede al Partido Popular un margen de hasta nueve puntos en unas posibles generales. Es decir un 42,8% para los populares frente a un 33,7% para los socialistas.

En este sentido,  no solo ha roto un compromiso que,  entonces, estableció  con sus electores, sino que parece estar dispuesto a hacer la política contraria que ha venido  defendiendo hasta ahora y que ha tenido que poner en marcha por imposición de loa países de la eurozona (Alemania y Francia), temerosos de que una crisis parecida a la griega, se lleve por delante el euro, dado el tamaño de la economía española, la cuarta de la Unión  Europea.

Una quiebra de Grecia sería asumible para la eurozona. Una quiebra de España, a la que están apostando algunos mercados, supondría el final del euro como moneda única.

La única alternativa que baraja Zapatero es aguantar y seguir jugando con lo que el llama “geometría variable” aunque cada vez se le estrecha más el campo de juego, dado el alejamiento de Convergencia i Unió, pendientes de las Autonómicas del Otoño, y del PNV.

Si difícil lo va a tener para convalidar el “decretazo” que se enviará esta misma semana al Parlamento, más difícil todavía lo tendrá para elaborar los Presupuestos Generales del Estado del año que viene cuyas líneas básicas y limites de gastos tendrían que estar listas en las próximas semanas y en los que se tienen que contemplar recortes económicos más duros que los de este año. En la situación actual es prácticamente imposible la prolongación de los actuales.

Por otra parte, hay quienes sostienen que los movimientos especulativos de los mercados no han terminado y que pueden producirse más  sorpresas en las próximas semanas, a pesar del plan de austeridad que se enviará esta semana al Parlamento.

Hasta el próximo mes de julio, fecha en la que vence una parte importante de  la deuda española, ésta va a estar sometida a presiones y vaivenes si no se toman medidas radicales que se han venido demorando desde hace meses y que han venido reclamando las principales entidades financieras, el Banco de España, el Fondo Monetario Internacional y la propia Comisión Europea: reforma del mercado laboral, reformas estructurales  y saneamiento de nuestro sector financiero (Bancos y Cajas de Ahorros).

Según datos oficiales, el treinta por ciento de la deuda está emitida a corto plazo, es decir, con vencimientos inferiores a un año, lo que significa que en pocos meses vencerán más de medio billón de euros, entre deuda pública y privada externa, que tendrán que refinanciarse en su mayor parte.

Por eso el tiempo corre en contra y se hace necesario no solo un plan económico coherente sino también un Pacto de Emergencia para el que Zapatero tiene poco margen de maniobra para hacer frente a la situación.