Una imagen actualizada de la economía española (XII)

En la imagen que estamos trazando de la economía y la sociedad española, y ya situados en el área demográfica desde la entrega anterior de este relato, nos toca hoy el tema de la distribución por edades. A lo que corresponde la primera figura sobre pirámide demográfica. Para seguir después con los movimientos naturales de natalidad, mortalidad, crecimiento vegetativo, nupcialidad y tasa media de fecundidad. Todos sensores importantes para calibrar el verdadero pulso de nuestra demografía, hoy en serio trance. Se exponen también los censos de población desde 1981 a 2011, con los comentarios correspondientes.

Distribución por edades

Las representaciones gráficas —en coordenadas cartesianas— de la distribución por edades de la población, adoptan formas que se han dado en llamar pirámides de población. En la ordenada se marcan las edades de cero a cien años, y en la abscisa, los efectivos para cada intervalo de edad, poniéndose al lado derecho los del sexo masculino y al izquierdo los del femenino1.

La representación gráfica de una población joven es una pirámide ancha en la base y estrecha en su cúspide; la correspondiente a una población envejecida sería de base más estrecha y de cúspide más ancha. La pirámide de la población española (gráfico 1), es la de una población con fuerte envejecimiento. Lo que, naturalmente, tiene importantes consecuencias humanas, sociales y económicas, con serios problemas en el tema de la sanidad pública, pensiones, dependencia, etc.2.

Todo lo anterior se complejiza por la alta esperanza de vida al nacer (84 años), la mayor de la UE, casi la mayor mundial, sólo detrás de Japón; con 85,3 años de vida media en el caso de la Comunidad de Madrid. Ya hay, en España (2020), 15.000 personas centenarias en el país y una proporción de mayores de 65 años que se sitúa en el 30 por 1003.

La dinámica de la población española

Los movimientos que se producen en una población, pueden agruparse en dos clases: naturales y sociales. Dentro de los primeros entran la fecundidad, natalidad, mortalidad y nupcialidad; y entre los segundos, los movimientos migratorios interiores y exteriores.

Movimientos naturales

La evolución que han seguido los tres movimientos naturales de la población desde 1900, se resume en el cuadro 2.

En la mortalidad se observa una continuada disminución, fruto de las mejoras higiénicas y sanitarias que solventaron los efectos de epidemias e infecciones, y que redujeron la mortalidad infantil (la acaecida antes del primer año de edad)4. Sin embargo, esa tendencia descendente de la mortalidad se rompió a partir del año 1985 con ciertos repuntes alcistas, testificadores de una población cada vez más envejecida.

La natalidad muestra un signo también descendente desde el año 19005 y toda la postguerra (1939/1977) hasta 1977, año en que en los Pactos de La Moncloa se despenalizaron los anticonceptivos de todas clases. Desde el año 2000 se aprecia un repunte, debido fundamentalmente a la inmigración6. La legalización del aborto significa unas 100.000 interrupciones voluntarias del embarajo/año.

En la nupcialidad se observa una interesante irregularidad, oscilando el coeficiente (número de matrimonios por 1.000 habitantes) entre el 4,74 por 1.000 en 1938, año culminante de la guerra civil, y el 8,8 por 1.000 en 1900, poco después de terminar las guerras coloniales de Cuba y Filipinas; siguiendo, en general, una evolución paralela, aunque algo retardada en el tiempo, a la observable en los índices de crecimiento económico. Pero ese índice de nupcialidad, que sirvió durante largo tiempo como indicador de coyuntura –cuando había un vínculo entre el Estado y la Iglesia, y los hijos eran, en su inmensa mayoría de los llamados legítimos—, ya no tiene validez, por los muchos cambios normativos y sociológicos habidos después de 1977 (Pactos de La Moncloa) y la equiparación legal de todos los hijos.

El crecimiento vegetativo, viene dado por la diferencia entre el desarrollo de la natalidad y el de la mortalidad, y se mide por medio del índice de Burdofer, que es igual al coeficiente de natalidad menos el de mortalidad. Este índice, en nuestra población, durante el período 1940-1970 osciló entre el 10 y el 13 por 1.000 anual; pero con la pérdida de pulso demográfico, se situó en torno al 3 por 1.000, en un continuo descenso. De modo que esa disminución del crecimiento vegetativo, hasta hacerse negativo, significará a medio/largo plazo a una fuerte reducción poblacional. Que se ha ido demorando hasta el momento, merced al aumento de la EVN y de la inmigración neta de las décadas del final del siglo XIV y del XXI, y también por los flujos de migración exterior.

Señalamos, además, dos fenómenos importantes. El primero es la esperanza de vida al nacer, que se ha elevado desde 34,7 años en 1900 a 82 en 2006 según el INE. Lo que significa un continuado alargamiento medio de la vida; y en definitiva, un progresivo envejecimiento de la población. El segundo fenómeno: en el proceso de prolongación de la vida, se produjo un parón como consecuencia de la pandemia de la Covid-19, durante los años 2020 y 2021, cayendo ese indicador demográfico un punto en poco más de un año. En los cuadros 3 y 4 puede verse la situación poblacional de las CC.AA. y las 50 provincias en 2021.

Dejamos aquí el tema por hoy, para seguir el próximo jueves. Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor en castecien@bitmailer.net.

1 Para las pirámides de 1980, 199O, 2000 y 2010, INE, Proyección de la población española, 1980-2010, Madrid, 1987.

2 Sobre el tema de la repercusión de la guerra civil 1936-39 en la población española, no hay muchos trabajos. Puede verse el de J. Villar Salinas, Repercusiones demográficas de la última guerra civil española. Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1942. También, R. Tamanes, «La República. La Era de Franco», en la Historia de España, de Alfaguara (dirigida por Miguel Artola), vol, VII, Alianza Editorial, Madrid, 12.ª ed., Madrid, 1987.

3 Sergio del Molino, La España vacía, Turner, Madrid, 2018.

4 En 1985, la tasa de mortalidad infantil era de 8,9 muertos antes de un año por cada 1.000 nacidos vivos, frente a 140 en los países del Cuarto Mundo y de 60 a 100 en los del Tercer Mundo. Suecia, Japón y Finlandia, con 7, son los países de más baja mortalidad infantil. Alemania (RF), EE.UU. y el Reino Unido tienen el 11 por 1.000, Italia el 13, y la URSS el 26. Puede verse la tabla completa en el Anuario El País 1985, págs. 64 y 65.

5 Ros Jimeno, «El descenso de la natalidad y sus causas», en Revista Intenacional de Sociología, separata, 1944, págs. 17 y sigs. Sobre el mismo tema pueden verse también los trabajos de J. Dantin y J. L. Gutiérrez de Allés, Esterilidad voluntaria e involuntaria en la mujer española (CSIC, Madrid, 1959), y de W. J. Leasure, «Factors involved in the decline of fertility in Spain, 1900-1950» (Population Studies. A Journal of Demography, vol. XVI, núm. 3, 1963). Como análisis posteriores sobre este tema pueden verse: el libro de Joaquín Leguina, Quiénes son los habitantes de España, La Gaya Ciencia, Barcelona, 1977, págs. 15 a 25; los artículos de Isabel Aguero, Joaquín Leguina y Alberto Olano, «La población a la hora del censo», en El País, 28 y 29 de julio de 1981, y el libro de Amando de Miguel, Diez errores sobre la población española, Tecnos, Madrid, 1983.

6 Encuesta de Fecundidad 1999, INE. Sobre las tendencias de la natalidad en España y el descenso de la tasa media de fecundidad a mediados de los años 80, puede verse el artículo «La hora malthusiana de la población española», que El País dedicó el 27 de diciembre de 1985 al 150 aniversario de la muerte de Malthus.

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