Una imagen actualizada de la economía española (XI)

Seguimos hoy con la imagen económica, y física incluso, de España, actualizada al momento presente. Y concretamente en la entrega de hoy nos ocupamos de la densidad de población, de su longevidad creciente como se manifiesta en las pirámides demográficas, y también al fraccionamiento municipal, que resulta más que expresivo por uno de los gráficos que incluimos. Seguiremos ocupándonos de esa España nuestra, en los próximos días, en su visión económica y social.

La distribución de la población

A continuación estudiamos la forma en que se distribuye la población sobre el territorio (densidad y zonas de residencia), y cómo se agrupa por edades. A la distribución, según la ocupación profesional, nos referimos más adelante al tratar de la población activa.

Densidad

La densidad de población en España en 2020, según el padrón de ese año, era de 94 habitantes por km2, cifra notablemente inferior a la de los otros países de Europa Occidental en momentos más o menos próximos (Portugal, 112; Francia, 118; Italia, 200).

En ese contexto, el economista austríaco Wagemann afirmaba que la estructura económica de un país está en función de la densidad de su población. Si es menor de 10 habitantes por km2 —decía— la economía es no capitalista (ganadera y agrícola, primordialmente); con población de 10 a 100 habitantes por km2, la estructura es semicapitalista (agricultura intensiva, industria medianamente desarrollada); y sólo en los países que tienen una población de más de 100 habitantes por km2 puede darse una estructura capitalista (gran industria y comercio exterior desarrollado)1. Una visión un tanto determinista que ya no cabe aplicar a la economía y la sociedad españolas, ya en clara situación de economía de servicios con más del 70 por 100 del PIB.

Tanto la cifra de población absoluta, como la densidad, poco es lo que nos dicen; porque, como ya hace tiempo puso de relieve Román Perpiñá, la población española está distribuida con muy poca uniformidad2 y, como veremos al referirnos a los movimientos migratorios, esa falta de uniformidad ha tendido a acentuarse en el paso del siglo XX al XXI. Efectivamente, observando las densidades de población por provincias, se comprueba que las interiores tienen todas, excepto la de Madrid y las andaluzas, densidades inferiores a la media de España; con una periferia, cuyas provincias alcanzan densidades superiores. Al tema nos referimos desde otro ángulo después, al ocuparnos de la España vacía.

Zonas de residencia

Tiene interés el análisis de la distribución de la población en tres distintas zonas: urbana, intermedia y rural. Los países más industrializados agrupan la mayor parte de su población en aglomeraciones de población en la zona urbana, mientras que en aquellos en los cuales la agricultura sigue desempeñando un papel predominante, la parte de la población que ocupa la zona rural continúa siendo superior a la que habita en zona urbana. En España, como puede verse por el cuadro 2, el desequilibrio por municipios es importante.

Precisamente ese desequilibrio es un tema del mayor interés en la economía y la sociología españolas. Por un lado, un gran número de municipalidades con un volumen de recursos y de posibilidades tan limitadas3. Del otro, unas docenas de grandes municipios, que son los que reciben el flujo migratorio4.

Aparentemente, una concentración de municipios podría paliar la situación anteriormente descrita, especialmente aguda en las zonas minifundistas. En comparación con los grandes pueblos de las zonas de latifundio que, por contraste, casi funcionan como verdaderas ciudades.

En general, los españoles son recelosos de la fusión de municipios y de los «servicios escolares concentrados», pues reduce a los núcleos poblacionales menores a entidades secundarias, casi siempre peor atendidas que antes. Por eso se mantiene constante el amplio número de ayuntamientos, de los que hay 8.131 (2021). De los cuales, más de la mitad (5.002) tienen una población menor de 1.000 habitantes, según los datos del Padrón Continuo del INE; un minifundismo municipal con muchos inconvenientes, con el problema de que en España la fusión de términos es voluntaria, en tanto que en la Europa transpirenaica se hizo obligatoria.

Lográndose así una media de reducción de municipios entre el 60 y el 80 por 100. En Suecia se pasó de 2.498 en 1952 a 1.307 en 1959 y a tan solo 278 en 1974; con una media de habitantes por municipio de unas 34.000 personas. Alemania entre 1965 y 1978 cayó de 24.371 a 8.514, y el Reino Unido de 1.844 a 434. Dinamarca en 1970 redujo su número de 1.300 a 275. Bélgica en 1971 hizo lo propio, pasando de 2.359 a 589 municipios. En fin, Austria, Noruega, Países Bajos, Grecia, Italia, Portugal, han seguido una línea similar5.

En España incluso hay, en todo el país, y sobre todo en las coronas de las áreas metropolitanas, «movimientos secesionistas» de entidades locales menores que quieren emancipare; como sucede con grandes urbanizaciones nuevas, etc. (casos de Torremolinos en Málaga, La Moraleja en Alcobendas, Tres Cantos en Colmenar Viejo, etc.). La gran paradoja se dio en 2021 con la fusión, en la provincia de Badajoz, de los municipios de Don Benito y Villanueva de la Serena.

Tema también debatido en el pasado fue el referente a la dimensión óptima del núcleo urbano. Sobre esta cuestión existen en España algunos estudios6, estando claro para algunos que nuestras mayores ciudades, Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, han sobrepasado el óptimo; los gastos de transporte, el tiempo en ellos perdido, el tráfico, el dualismo y todos los demás inconvenientes de la gran ciudad, desbordan las ventajas económicas que les proporciona su elevada población7. Sin embargo, tales tesis chocan con la realidad de crecimiento de las conurbaciones con nuevos modelos de ciudades, cada vez más amplias: verdaderas áreas metropolitanas como las de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, etc.

Dejamos aquí el tema por hoy, para seguir el próximo jueves. Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor en castecien@bitmailer.net.

1 Ernst Wagemann, Estructura y ritmo de la economía mundial, versión española, Labor, Barcelona, 1937, págs. 24 y sigs.

2 Román Perpiñá Grau, De estructura económica y de economía hispana, Rialp, Madrid, 1952, págs. 391 y sigs. Reedición en Ariel, Barcelona, 1973.

3 Aglomeraciones de población, y no municipios: la aclaración es importante, pues en muchos casos puede ocurrir que, por ejemplo, la población de un municipio que cuente con más de 2.000 habitantes esté distribuida en dos o más aglomeraciones claramente separadas.

4 Amando de Miguel, «La explosión de las ciudades españolas», en Mundo, núm. 1.577, de 25 de julio de 1970, págs. 52 y sigs. La bibliografía sobre temas de funciones y capacidades municipales es abundante, y a ello han contribuido las revistas Ciudad y Territorio y Alfoz.

5 David Ortega, “De la plusvalía a las fusiones municipales”, El Mundo, 29.X.2021.

6 Una introducción a ellos fue el trabajo de A. García Barbancho, Las ciudades medias, Universidad de Granada, 1968.

7 A las posibles medidas para resolver este problema nos referíamos en el capítulo XXXIV, de la 25 edición de Estructura Económica de España, de Ramón Tamames.

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