Una imagen actualizada de la economía española (I)

En los primeros días del año, cuando el dios Jano, bifrontal, mira al pasado y trata de prever el futuro, parece
interesante hacer una especie de nueva configuración de la imagen económica de España, desde los distintos ángulos en que tal idea puede enfocarse. Por ello, para los lectores de
Republica.com, hemos hecho un esbozo de ese propósito, que empezamos con la primera entrega de una serie que tendrá un desarrollo relativamente detallado. Dentro de esa intención nuestra, examinamos hoy cuestiones tan decisivas, pero pocas veces tenidas en cuenta, como la situación y extensión del país y la orografía. Para seguir la próxima semana con los rasgos fisiográficos principales del país, que han sido modificados, en algunos casos de manera contundente, por la acción del hombre sobre el territorio.

Medio natural y preocupación medioam­bien­tal. Concepto y mutabilidad de la infraestructura fí­sica de una economía

Las bases físicas de una economía nacional constituyen su infraestructura, integrada por diversidad de componentes: extensión superficial, situación geográfica, orografía, subsuelo, costas, suelo, clima, hidrografía y cubierta vegetal.

Otra acepción del término infraestructura es la que hace referencia a las bases técnicas construidas por el hombre para la explotación económica de un territorio, tales como carreteras, vías férreas, puertos, etc. Así, normalmente, a esa infraestructura se alude cuando se utilizan expresiones como «inversiones en infraestructura», «modernización de la infraestructura», etc.

El orden seguido en la anterior relación de los elementos de la infraestructura, no es, en manera alguna, caprichoso. Partiendo de la base de que la infraestructura física es de muy difícil modificación, la evidencia histórica demuestra que, salvo en los casos de la extensión y la situación del territorio, las posibilidades de transformarla au­mentan precisamente a medida que se avanza en la relación antes hecha, merced a las aplicaciones de la técnica.

Así, en los casos de la orografía y el subsuelo, que vienen dados por fenómenos tectónicos y geológicos, es cierto que no podemos alterar la conformación y ordenación de las capas de la corteza terrestre. En ese sentido, todo el mineral de hierro del que todavía se podrá disponer en la próxima centuria está hoy en el mismo sitio que hace millones de años. Sin embargo, el hombre puede abrir pozos, perforar túneles, mejorar la explotación de las minas, de forma que se hagan accesibles filones antes inexplotables, o bien, descubrir nuevos procesos de beneficio.

Por lo que se refiere a las costas y al suelo, las posibilidades de su transformación son notables; en el primer caso, por medio de las obras portuarias; y en el segundo, a través del uso de fertilizantes, del empleo de técnicas de cultivo adecuadas, etc.

En cuanto al régimen de lluvias y el clima en general, si bien el hombre no puede transformarlos sino tal vez a muy largo plazo, lo cierto es que sí puede influir en sus efectos (hidrografía, disponibilidad de agua, vegetación) a corto plazo, merced a la ejecución de obras de regulación hidrográfica, de construcción de embalses, y de acción fo­restal.

Está claro, pues, que, en general, no hay imposibilidad absoluta de modificar la infraestructura natural. Pero lo cierto es que, así como la estructura de la economía puede variarse con relativa facilidad, la transformación de la infraestructura requiere mayores esfuerzos, que en algunos casos han de realizarse, a veces, a lo largo de gene­raciones1. A continuación, entramos en el estudio de la infraestructura de la economía española siguiendo el orden referido2.

Situación y extensión

España, situada en la Península Ibérica, tiene, con sus islas adya­centes, una extensión de 506.030 km2, aproximadamente 3,3 milé­simas partes de la superficie de las tierras emergidas del Globo. Está comprendida entre los 35°59’ y los 43°47’ de latitud Norte, y los 3°19’ de longitud Este y 9°18’ de longitud Oeste respecto al meridiano de Greenwich. La latitud es favorable, pudiendo decirse que España está en un paralelo de civilizaciones3; pero su posición aislada en un ángulo extremo de Europa hizo que durante mucho tiempo no participase de las ventajas de una comunicación internacional más estrecha, junto a África, precisamente la parte menos adelantada del mundo.

Por otro lado, si la mayor extensión de Europa está comprendida entre los límites de la zona templada, dentro de los cuales no se sufre ni el calor tórrido que deprime la actividad humana, ni el frío glacial que imposibilita todo esfuerzo, España, situada en el sur de esa zona, tiene veranos africanos; por la altitud de sus tierras, los inviernos en zonas muy extensas son fríos; y las lluvias son escasas e irregulares en gran parte del país. Además, si en general la configuración de Europa, abierta a las influencias marítimas por lo recortado de sus costas, es favorable al tráfico, España, con excepciones como las rías gallegas y el Cantábrico, tiene un litoral seguido, sin pocos entrantes y puertos naturales4.

Claro es que las anteriores observaciones sobre la posición geográfica de España tienen un carácter, por así decirlo, tradicional, y hoy día están en buena parte superadas por el progreso económico y tecno­lógico. Y aunque no en el centro de Europa, nuestra posición europea se ha convertido en el primer activo nacional a efectos de balanza de pagos, por los flujos procedentes del turismo. Así, cabe referirse a una verdadera renta de situación a efectos de visitantes, residencia de extranjeros, etc..

Por otra parte, es evidente que la posición geográfica de España, en las orillas de la primera vía de navegación del mundo —el estrecho de Gibraltar— no ha sido aprovechada hasta ahora en sus grandes posibilidades para el desarrollo industrial del Sur del país, tanto en relación con las corrientes de tráfico Suez-Gibraltar, como para las procedentes de Centro y Sudamérica. Sin olvidar lo que en el futuro pueda significar el enlace fijo del Estrecho, como túnel, puente, o sistema puente-túnel, para unir ambas orillas; en línea con proyectos análogos al Eurotúnel de la Mancha.

Por último, destaquemos que por su posición, España forma parte de Europa Occidental, con la que realiza más del 60 por 100 de su intercambio; lo cual hace que la integración económica (Unión Europea) tenga una extraordinaria importancia para el país: desde el 1 de enero de 1986, fecha en que entró en vigor el tratado de adhesión de España a las Comunidades Europeas, con todas sus consecuencias, desde la agricultura al euro.

Orografía

La orografía es un elemento que ha desempeñado siempre un papel clave, tanto en la historia como en la economía. España es el segundo país de Europa en altura media (el primero, Suiza). Aproximadamente el 20 por 100 de nuestro territorio está a más de 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar, el 40 por 100 entre 500 y 1.000, y sólo el restante 40 por 100 a menos de 500.

El bloque fundamental de la atormentada geografía española es la Meseta, extenso macizo de 211.000 km 2 de extensión, poco menos de la mitad de la España peninsular, que tiene por límites la cordillera Cantábrica, el sistema Ibérico, la cordillera Mariánica y la Orla Mesozoica Lusitana. Partida en dos mitades por la cordillera Carpetovetónica, o Sistema Central, la altura media de la submeseta Norte (700 metros, aproximadamente) es superior al promedio de la submeseta Sur (650 metros).

Adosadas a la Meseta, en su periferia, se distinguen tres cuencas terciarias peninsulares: el Valle del Ebro, la depresión Bética y la mentada Orla Mesozoica Portuguesa, siendo esta última la única salida no accidentada de la Meseta al mar, a la cual se interpuso durante tanto tiempo la barrera política de la frontera de España con Portugal. Con la integración de los dos países ibéricos en el marco de la Unión Europea (UE), también este extremo ha experimentado cambios importantes, con la configuración de un auténtico mercado ibérico.

A los ya mencionados elementos geográficos esenciales, hay que añadir la Cornisa Cantábrica, Galicia, la faja litoral levantina, la cadena litoral catalana, toda la formación penibética, y los dos archipiélagos de Baleares y Canarias5.

Tan complicada orografía, ha influido en nuestro desarrollo histórico y económico. Separados del resto de Europa por los Pirineos, también el aislamiento entre las distintas regiones españolas fue considerable hasta la aparición de los modernos medios de transporte. Y la orografía dificultó los tendidos del ferrocarril, en lo que hubo que seguir trazados difíciles; como igualmente frenó la construcción de carreteras y otras vías de comunicación, marcando además la geodiferencia de los diversos territorios, hoy concretados en CC.AA.

Dejamos aquí el tema por hoy, para seguir el próximo jueves. Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor en castecien@bitmailer.net.

1 Sobre esta cuestión, fue pionera la obra compilada por W. L. Thomas, bajo el título Man’s role in changing the face of the world, Chicago University Press, 1956, en donde se hace un auténtico inventario de las diversas acciones acometidas por el hombre en todos los campos para cambiar las condiciones naturales.

2 Es de interés destacar la aportación que hicieron toda una serie de geógrafos, bajo la dirección de Eduardo Martínez de Pisón, para un repaso sistemático del medio físico español: Carmen Romero, «Los volcanes»; Francisco Quirantes y Eduardo Martínez de Pisón, «Los bosques»; Casildo Ferreras y María Eugenia Arozena, «Los ríos»; Miguel Arenillas y Clemente Sáez, «Los lagos»; todos ellos, en volúmenes publicados por Alianza Editorial, Madrid.

3 Dentro de la terminología de Ellsworth Huntington, vid su Civilización y clima, versión española, Revista de Occidente, Madrid, 1940.

4 Juan y Joaquín Izquierdo Croselles, Geografía especial de España y Portugal, Granada, s/f., pág. 5.

5 J. Dantín Cereceda, Resumen fisiográfico de la Península Ibérica, Madrid, 1948, págs. 34 y sigs. Para una visión moderna de la configuración del relieve, los movimientos orogénicos que lo promovieron y sus aspectos estructurales, puede verse el trabajo de Carmen Ortega Hernández- Agero, «Marco Físico» en El libro rojo de los bosques españoles, Adena WWF España, Madrid, 1989, págs. 22 a 24.

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