La necesaria colaboración público-privada, en la gestión de los servicios para los ciudadanos (VIII)

Con esta VIII entrega, terminamos la serie que hemos dedicado a los lectores de Republica.com sobre la CPP y sus posibilidades. Poniendo de relieve en la última de sus manifestaciones la colaboración absolutamente inevitable de todas las autoridades para abordar y tratar de resolver el problema del cambio climático, en combinación con la revolución tecnológica urbana. Como también una situación en la que la amplitud y ubicuidad de los viajes turísticos ha creado la llamada turismofobia, el sentimiento de los habitantes de las ciudades más visitadas de que se ha pasado del turismo a una verdadera invasión, muchas veces insoportable, por los nuevos aborígenes de las urbes más solicitadas. Como caso paradigmático, se sitúa Barcelona, sobre todo con la Sagrada Familia de Gaudí. En la última parte de la entrega de hoy, figura un muestrario de cómo funcionó la CPP durante la fase en que el Ayuntamiento de Madrid estuvo gobernada por el PSOE y el PCE en coalición, con Enrique Tierno Galván como Alcalde, y Ramón Tamames como Primer Teniente de Alcalde, con dos realizaciones importantes: Mercamadrid e Ifema. Reanudaremos nuestra conexión con los lectores de Repbulcia.com con un nuevo tema el próximo jueves 2 de diciembre, ya enfilando la Navidad.

EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA URBANA

Dentro de las ciudades inteligentes, este tema tiene una importancia creciente. Debiendo recordarse que todo arrancó en 1992, en la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, y desde 1997 con el Protocolo de Kioto. Lo cual no significó la solución definitiva, pues la acumulación de CO2 es cada vez mayor, y el calentamiento y otras alteraciones climáticas no dejan de crecer. Ante lo cual, esa es la esperanza, empieza a haber una conciencia ecológica, así como el diseño de los mecanismos para controlar la situación, que se ha traducido en el Acuerdo de París de diciembre de 2015.

La valoración final (por el momento) de los problemas indicados, se centran en la COP-21, la Conferencia del Clima de París, que se celebró entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre de 2015, cuando en ese encuentro se alcanzó un acuerdo global, de 193 miembros de las Naciones Unidas, para poner los medios en busca de un nuevo paradigma energético, en pro de una sociedad baja en carbono1.

No sabemos todavía, como dijo Cervantes refiriéndose al episodio más histórico de su vida, si nos hallamos “ante la mayor ocasión que vieron los siglos y que verán los venideros”. Pero lo cierto es que si en París hubo un consenso fue para un nuevo protocolo (llamado Acuerdo) que potencialmente supera las limitaciones del texto de Kyoto (1997), por lo cual podemos estar entrando en una nueva fase: un pacto por la preservación de equilibrios fundamentales en el planeta Tierra. Y también un covenant que contribuirá, en el más alto grado, a apreciar que todos vivimos en un solo mundo, y que no hay un plan B para superar las dificultades actuales; salvo el proyecto decidido de entrar en la era de una sociedad baja en carbono, y eso es imposible plantearlo sin un gran acuerdo que liderado desde las administraciones, cuente con la voluntad y la complicidad del sector privado, su conocimiento y sus tecnologías.

En definitiva, en el tema en cuestión, la colaboración público/privada debe ser cada vez mayor, por la revolución tecnológica que va a producirse, por el progresivo cambio de modelo energético de combustible de origen fósil a energías renovables.

LA TURISMOFOBIA

En 2002, ya con las líneas aéreas low cost, España recibió 51,7 millones de visitantes. Quince años después el récord se ha fijado, de momento, en 75,3 millones, un 50 por 100 más, 82 millones en 2019. Pero, como es obvio, no todas las llegadas aportan iguales beneficios ni se reparten de forma proporcional española. En cuanto a Barcelona, en 1990 recibía 1,7 millones de turistas; en 2015 más de 8,3 esto es un aumento de casi cinco veces la demanda turística en la capital catalana.

La avenida Gaudí, puerta de entrada al gran monumento de la Sagrada Familia, es el paradigma de dos fenómenos que explican la creciente aversión hacia el turismo entre los barceloneses: la ocupación intensiva de la vía pública y el monocultivo comercial de la calle. Porque efectivamente, son riadas de extranjeros las que transitan hacia el templo modernista que en muchas ocasiones ha de colgar el cartel de "no hay entradas". En 2016 fueron 4,5 millones de personas que acudieron a la Sagrada Familia, un 7 por 100 más que en 2015.

Además de contar lo indicado, Víctor Mondelo hace el listado de comercios por orden de aparición que pueblan la calle Provença, que mira de frente a la fachada este de la Sagrada Familia: “un KFC un Burger King, una heladería, un McDonald's, una cafetería Costa Coffee, una tienda de turrones, otra heladería, una pizzería Gino's, una tienda de souvenirs y un cajero de La Caixa”.

En tal situación, no es extraño que en la parada de Metro de Sagrada Familia, un personaje empieza a hacerse célebre entre los usuarios del suburbano: es un vecino de Barcelona con su silla plegable que se sienta en el andén con un cartel escrito en inglés que dice: "Esto no es turismo, es una invasión"2.

En el caso de las ciudades, a veces, el éxito acaba por tener aspectos negativos, como sucede en el caso de la turismofobia, que en España se da especialmente en Barcelona. En ese sentido, como dice Silvia Fernández, el fenómeno en cuestión, se da cada vez más, en todas las ciudades turísticas, donde hoy calles repletas de extranjeros así como una oferta irregular de alojamiento en apartamentos, lo cual es un claro exponente del binomio amor odio sobre el que se puede anclar la turismofobia3.

Es evidente que la solución a ese problema no es una reacción autoritaria y antiturismo desde el ayuntamiento, sino la creación de un gran foro ciudadano promovido y coordinado por la administración local que optimice la industria turística urbana, acotando los efectos negativos sobre los ciudadanos, pero salvaguardando al mismo tiempo la enorme creación de puestos de trabajo y de riqueza que el turismo correctamente explotado trae consigo. Esa coordinación solo puede entenderse desde la colaboración público-privada, porque un desequilibrio en cualquier sentido podría significar la muerte de la gallina de cuyos huevos no podemos prescindir.

DEMOCRACIA MUNICIPAL Y CPP. EXPERIENCIAS EN MADRID 1979-1981 (PSI, MERCAMADRID, IFEMA)

El retorno a la democracia en España en 1977 tuvo importantes consecuencias para los servicios públicos urbanos, a partir de los primeros Ayuntamientos elegidos en 1979.

En ese sentido, y recordando el autor viejas experiencias personales de los años 1979/81, como Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid (y a menudo Alcalde en funciones), siendo Alcalde Enrique Tierno Galván, al frente ambos de una coalición PSOE/PCE, se hizo una labor público/privada que no se recuerda tanto como merece, incluyendo las siguientes actividades:

PSI

Plan de saneamiento integral, financiado en exclusividad por el ayuntamiento, y gestionado públicamente, para modernizar la red de colectores y depuradoras de Madrid, con un resultado ambiental altamente positivo, pero con un sistema de gestión pública, por la falta de decisión a la hora de convocar al sector público.

Mercamadrid

Sociedad mixta del Estado y el Ayuntamiento, y algunos intereses privados, como unidad alimentaria –la mayor de Europa— que se gestiona de forma mixta por el consistorio y los propios operadores del complejo.

Mercamadrid es una de las Unidades Alimentarias referentes en el panorama internacional, gracias no solo a las infraestructuras y servicios disponibles, sino muy especialmente, gracias a la importante actividad y dinamismo que las empresas instaladas en su entorno están demostrando en los últimos tiempos. Concentra una de las ofertas más amplias y diversas de alimentación fresca, con los mejores productos procedentes de más de 40 países y la posibilidad de distribuirlos a los cinco continentes en tiempos y procesos muy competitivos. Todo en un único espacio, que trabaja día y noche para abastecer una demanda que excede a lo local, con más de 12 millones de consumidores y un ámbito de influencia de 500 km. Dispone de 222 hectáreas al servicio de las 800 empresas instaladas en su superficie, en una coexistencia público/privada de verdadero éxito.

Mercamadrid reúne tanto a los Mercados Centrales de Pescados, Frutas y Hortalizas de Madrid, como al Mercado de Carnes, a empresas polivalentes especializadas en el sector alimentario y a un amplio rango de empresas de servicios: frío industrial, conservación, logística, transportes, manipulación, etc.

Este mercado de mercados se ha consolidado como el mayor mercado europeo de alimentación perecedera y el segundo a nivel mundial con respecto al Mercado Central de Pescados, después del Tsukiji de Tokio.

IFEMA

Institución Ferial Madrileña, propuesta por el entonces Presidente de la Cámara de Comercio, Adrián Piera, directamente al Primer Teniente de Alcalde, y planeada y edificada en tres años, es hoy la empresa más importante de la capital de España. Por su gran número de actividades y repercusión en la economía de exposiciones y congresos. Se gestiona por una sociedad mixta por gran éxito. Y a tales efectos, IFEMA constituye uno de los ejes clave del Madrid de los negocios y un claro referente dentro el circuito internacional de la industria ferial y congresual, lo que le sitúa como uno de los motores estratégicos de desarrollo de la Región. Desde su creación en 1980, IFEMA, consorcio constituido por la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, la Cámara de Comercio e Industria y la Fundación Montemadrid, ha desarrollado un importante papel como dinamizador de la economía y la actividad empresarial, generando riqueza en su entorno y promocionando la marca de Madrid, y por extensión de España, a escala internacional.

La repercusión económica que supone la actividad de IFEMA para la ciudad y para la Región de Madrid, como motor del turismo de negocios es muy grande: representa 2.000 millones de euros al año, alrededor del 1 por 100 del producto interior bruto de la Región, y cerca de 40.000 empleos directos e indirectos.

La actividad de IFEMA como organizador ferial le sitúa como el primer operador de España, y uno de los más importantes de Europa. Las instalaciones de la Feria de Madrid acogen anualmente más de 80 ferias y salones dando soporte a numerosos sectores de la economía. De entre ellas, hoy cuenta con algunas convocatorias emblemáticas que se han convertido en auténticos embajadores de la marca España y de la marca Madrid.

Hasta la próxima semana, y en el interim, los lectores de Republica.com pueden relacionarse con el autor a través de castecien@bitmailer.net

1 Ramón Tamames, “Frente al apocalipsis del clima”, Profit Editorial, Barcelona, 2016.

2 Víctor Mondelo, “No es turismo, es una invasión”, El Mundo, 25.VI.2017.

3 Silvia Fernández, “Recetas para frenar la turismofobia”, El Mundo, 25.VI.2017.