La necesaria colaboración público-privada, en la gestión de los servicios para los ciudadanos (I)

Tras el repaso cortesiano en tres sesiones seguidas, que terminamos el pasado jueves 30 de septiembre, ya hoy en el mes de octubre, en el propio jueves 7, iniciamos una nueva serie de muy distinta significación, pero no menos interesante, creo, a los efectos de funcionamiento de un Estado moderno. Se trata del concepto de cooperación público-privada (CPP), a los efectos de la gestión de muchos negocios públicos. Siendo un tema muy controvertido últimamente, después de serios ataques del populismo que, como veremos, pretende que toda la gestión de los aludidos negocios públicos se haga exclusivamente por la Administración, aunque sea a mayor coste y con más imperfecciones; basándose, exclusivamente, en criterios ideológicos, que restan al tema de los servicios públicos mucha eficacia (hacer las cosas) y no poca eficiencia (hacerlas lo mejor posible). Veremos que se trata de un tema prolijo, en el que deben tenerse en cuenta muchos antecedentes, y no pocas ideas de autores clásicos reconfirmados o en discusión abierta en el presente.

La CPP, un concepto para la mejor gestión

El primer artículo de la serie trata sobre la necesaria e inevitable colaboración público-privada (CPP); con toda una serie de referencias a la problemática en la gestión de las prestaciones a la ciudadanía, muy diversas y en ám­bitos muy distintos, con una perspectiva histórica del tema en el espacio/tiempo. Se aborda una cuestión que tiene cada vez más importancia para todos: cómo vivir mejor, más racionalmente y con mayor sostenibilidad, merced a unos servicios públicos gestionados con eficacia y eficiencia. Con toda una serie de referencias a la problemática en la gestión de prestaciones a la ciudadanía, muy diversas y en ámbi­tos muy distintos, con una perspectiva histórica del tema en el espacio/tiempo.

Lo primero de todo, me parecía importan­te hacer algunas reflexiones sobre el mercado, por entender que los servicios públicos guardan mucha relación con temas como la ne­cesaria competencia, en la búsqueda de optimizar precios y garan­tizar la excelencia. Pues, de otra forma, los servicios públicos pue­den convertirse en una penosa servidumbre para los contribuyentes, consumidores y usuarios, algo que es preciso evitar.

Asimismo fundamental es tener una visión del estado de bienestar, en el que los servicios públicos tienen máxima importancia, con la debida lubrificación en las más diver­sas actividades gestionadas público-privadamente a efectos de un mejor funcionamiento. De ese modo, se resuelven muchas imperfecciones del mercado, incentivándose al tiempo la solidaridad que debe haber en todo servicio público, a fin de garantizar niveles de prestaciones iguales para todos, con asegu­ramiento especial para los colectivos más débiles de la sociedad.

Ese marco (buena gestión de servicios de salud, pensiones, de­pendencia, etc.) es decisivo por la colaboración de empresas pri­vadas y entidades públicas, lo que se traduce en modelos de externalización en los que cada vez se tienen más en cuenta los criterios de eficacia (hacer las cosas) y eficiencia (hacerlas bien) para servir a la comunidad.

Brevísima historia de la CPP

La CPP, configurable tam­bién como externalización, presenta muchas ventajas para las orga­nizaciones de la Administración a la hora de decidir; sea desde la soberanía nacional del Estado, o de otros ámbitos públicos (Ayun­tamientos, CC.AA., etc.). Se trata de cómo gestionar mejor para lo­grar la máxima satisfacción de las necesidades de la sociedad, lo cual implica toda una filosofía social y económica, de regulación y de su­pervisión, que vele por la calidad de los licitantes, las economías de escala y la innovación de que sean capaces los sujetos activos de la propia externalización.

Por lo demás, me parece que era importante introducir en este artículo un breve estudio de la historia de las empresas públicas y mixtas durante los siglos XX y XXI, al objeto de expo­ner los principales casos habidos. Más en concreto, por lo significativo del desa­rrollo de la cuestión en tres momentos históricos sucesivos: el siste­ma corporativo de la Dictadura del General Primo de Rivera, que dotó a España de servicios públicos renovados, de indudable eficacia innovadora, que se valida con solo nombrar Telefónica, CAMPSA, Iberia, Banco Exterior, Paradores de Turismo, la Ciudad Universita­ria de Madrid, o incluso el ya legendario buque-escuela Juan Sebastián Elcano.

Varias de esas configuraciones se consolidaron y reorganizaron durante el régimen de Franco (1939-1975, segunda dictadura del siglo XX, mucho más dura y larga), para después derivar a la privati­zación, en un contexto de democracia, y tras producirse el ingreso de España en la CEE (1986).

Esa evolución, que sintetizamos en un espacio muy breve, es demostrativa, de manera indudable, de que la gestión privada que prevaleció al final desde su inicio en 1957, promovió grandes avances en el marco de la liberalización de los mercados y de la libre competencia, de la cual la CEE/UE fue mentora vía privatizaciones de entidades públicas. Así las cosas, una serie de compañías burocratizadas, que tenían antes un ámbito limitado, casi siempre al mercado nacional, fueron transformándose en verdaderas multinacionales, con mayor competitividad, y operando plenamente en la globalización en un nuevo modelo español, que podrá ser el de un desarrollo más inter­nacionalizado.

El mundo de las ciudades

Naturalmente, el planeta de las ciudades se ha configurado en las últimas décadas, a escala mundial, en una red de metrópolis esenciales para todos, con una retícula urbana compleja con ciudades medias y más pequeñas; afortunadamen­te, en clara competencia unas con otras, en la mejor aspiración de alcanzar altos niveles de servicios en pos de la ciudad ideal. De modo que la urbanización universal se traduce en una economía urbana pujante, con nuevas formas de gestión pública, privada y mixta, en la que destaca la figura de las smart cities como paradigma a seguir, teniendo en cuenta que en las ciudades inteligentes encajan per­fectamente la economía digital, la inteligencia artificial y todo un vasto repertorio de avances tecnológicos. Sin olvidar, desde luego, la sostenibilidad necesaria frente al calentamiento global y el cam­bio climático, tal como se prevé en el Acuerdo de París de 2015.

En el sentido apuntado, la idea, y su desarrollo, de la ya mencio­nada ciudad inteligente va a tener cada vez más importancia para coordinar en ella los distintos servicios públicos. En busca de siner­gias, y también en pro de detectar con mayor claridad las insuficien­cias y deficiencias, así como los nuevos horizontes en los que inno­var. Ya nada debe dejarle a la-improvisación, e incluso hay que tratar de prever los propios cisnes negros, antes inusitados.

En ese plano del planeta de las ciudades estimamos de gran in­terés, en la transición española a la democracia, las experiencias que se dieron en el Ayuntamiento de Madrid a partir de 1979. Con un conocimiento directo del tema, cuando el autor de este artículo L fue primer teniente de alcalde en el Gobierno Municipal que tuvo al frente a Enrique Tierno Galván entre 1979 y 1981 (punto VII). Un pasaje en el que se exponen ciertos trabajos de la coalición PSOE- PCE de Madrid, como habría sido posible hacer lo propio con refe­rencia a Barcelona cuando Pascual Maragall consiguió para España sus primeros Juegos Olímpicos (1992).

En el caso de Madrid, se hicieron efectivas varias soluciones efectivas para una serie de cuestiones importantes en la vida de la capital de Es­paña: el Plan de Saneamiento Integral, Mercamadrid e Ifema. Sin olvidar Aena, en los últimos tiempos, como muestra, no tanto mu­nicipal sino nacional, de economía mixta, últimamente público- privada, para gestionar una red fundamental como es la del trans­porte aéreo.

Frente al populismo

En el otro extremo de la democracia racional y responsable se sitúa otro espacio político a considerar: el populismo actual, que en materia de servicios públicos tiene su máxima ex­presión en el Manifiesto de doce ciudades actualmente gobernadas por coaliciones sedicentemente de izquierdas, que están paralizan­do inversiones con el objetivo polarizado de ir a un gerencialismo público a cualquier coste (Declaración Municipal de Doce Ayunta­mientos de 4.XI.2016), con criterios ideológicos.

En definitiva, en este se ha presentado un esquema del conjunto, con los diferentes y sucesivos enfoques, so­bre una cuestión que tiene cada vez más importancia para todos: cómo vivir mejor, más racionalmente y con mayor sostenibilidad, merced a unos servicios públicos gestionados con eficacia y eficien­cia. Naturalmente, serán bienvenidas todas las observaciones al res­pecto en castecien@bitmailer.net.