Estructuras y Cátedras (VIII)

Ya vamos terminando con las andanzas de Estructura, cátedra, e incluso consultoría (Iberplan) del Autor. Un tiempo muy movido, los últimos años de Franco, cuando ya se vislumbraba la llegada de la democracia. Precisamente en esta entrega se expone cómo tras ganar su cátedra en Málaga, el autor se planteó con otros dos colegas la creación de una consultora económica. Hubo dudas sobre qué nombre dar a la consultora, y por un tiempo Iberplan fue innovadora en la preparación de informes de todo tipo, como incluso uno para Fiat, en el que se planteó la transición pacífica casi paso a paso. En esta entrega de la serie se hace la semblanza de los presidentes in pectore o en la realidad que tuvo Iberplan.

Iberplan, una consultora para el futuro: a la busca de un nombre

El haber conseguido la cátedra de Estructura, me planteó la incompatibilidad de Universidad y Ministerio. No tanto por los aspectos legales o paralegales, puesto que en el Ministerio había gente haciendo otras muchas cosas y nadie les pedía cuentas. Pero a mí me lo dijeron muy claro: había de decidir si seguía en el Ministerio o si me dedicaba a la cátedra. Opté por lo segundo, y quedé en excedencia voluntaria después de doce años de servicio en comercio exterior.

Dejé, pues, el Ministerio de Comercio con una cierta nostalgia, porque había trabajado muy a gusto dentro de él, y en la línea de lo que nos había anticipado Alberto Ullastres, vivimos un tiempo en que el Departamento fue la mejor atalaya de la economía española, así como uno de los centros de impulso del gran cambio estructural del país.

Se me planteó entonces la necesidad de conseguir algunos recursos adicionales a los de la Universidad, que eran asaz reducidos. Y ese momento coincidió con la aparición en escena de dos amigos que estaban pensando, cada uno por su lado, en organizar una consultoría, o consulting como se decía por entonces. El primero de ellos fue Gonzalo Sáenz de Buruaga, quien unos años antes ya me había suscitado la cuestión, sin que por entonces yo hubiera entrado en ella. Pero en las nuevas circunstancias, me puse en contacto con él para resucitar el tema.

Y en esas estábamos, cuando en un encuentro que tuve por aquellos días con José Buenaventura Terceiro, con quien había coincidido varios años en la cátedra de Velarde, me planteó que estaría muy bien organizar una consultora. Había, pues, masa crítica humana, y tras una serie de conversaciones, nos pusimos manos a la obra, y juntos creamos la sociedad sobre cuyo nombre hubo alguna discusión.

Por entonces yo estaba un tanto obsesionado con la película de Kubrick, con argumento de él mismo y sobre todo de Arthur Clarke, y propuse inicialmente la razón social de Iberia 2001. Pero mis colegas dijeron que era demasiado espacial, y que mucha gente no lo iba a entender. Al final, el nombre fue Iberplan.

En pos de un presidente: Don Juan Sardá Dexeus

Una vez constituida Iberplan, estuvimos un tiempo buscando un presidente que con brillantez asumiera un papel de impulsor de proyectos. Para lo cual nos entrevistamos primeramente con Enrique Fuentes Quintana, quien nos expresó su admiración por el coraje de personas como nosotros, que nos lanzábamos al mercado, a competir en la calle con otras empresas similares con todo el riesgo imaginable; en vez de seguir cómodamente instalados en los despachos funcionariales. En eso Fuentes fue muy sincero, pues él mismo era un paradigma de catedrático funcionario sin incertidumbres empresariales. y fue el mismo Fuentes quien nos sugirió como presidente al Prof. Sardá.

Así que le pedimos hora a Don Juan, buen catalán que ejercía de tal, por mucho que residiera en Madrid. Nos recibió en su casa, por el barrio de Salamanca, una tarde de verano muy calurosa. Hablamos en un salón con los postigos de los grandes balcones entornados, y todo en una relajante penumbra. Y en una mesa, como única preparación para la visita, una botella de Vichy Catalán recién abierta, un tarro lleno de hielos, y varios vasos. Hicimos buen uso de su ofrecimiento para refrescarnos por dentro con las burbujas del agua que yo llamo el champán de las minerales.

En esa entrevista, Gonzalo, José B. y yo mismo, le expusimos nuestros propósitos, y Don Juan se mostró también muy admirado de nuestra osadía, pero nos dio a entender que ni siquiera iba a reflexionar sobre el tema:

  • La verdad es que estoy un poco cansado. Los años en el Banco de España han sido bastante fatigosos, y ahora que también me he jubilado en la cátedra, me propongo volver a Barcelona y dedicarme a mirar las musarañas y hacer lo que yo quiera. De todas formas, su emprendimiento es importante, sobre todo cuando hay tantas consultoras extranjeras y tan pocas españolas. Les deseo el mayor éxito.

El Conde de los Gaitanes y presidente de la SMMP

La indisponibilidad a nuestras propuestas de presidir una compañía que nosotros veíamos con éxito potencial, nos hicieron recapitular. Fue entonces cuando recurrimos a Pepín Vidal para exponerle el caso, sin ninguna pretensión de que él fuera el presidente, sino buscando su consejo. Su respuesta consistió en que habláramos con el Conde de los Gaitanes, por ser persona muy liberal, muy introducido en la sociedad española en general, y miembro del Consejo Consultivo de Don Juan de Borbón, el eterno pretendiente al trono de España, por quien Pepín no ocultaba su veneración.

Fuimos a ver a Don José Ussía y Gavalda, Conde de los Gaitanes, y nos recibió en su casa de La Moraleja, con gran despliegue de vituallas, dicho rápidamente, auténtica merendola. Y allí estuvimos un par de horas. Porque el Conde, antes de decir nada sobre si le parecía o no buena la idea de presidir Iberplan, nos contó sus propias batallitas al frente de la Sociedad Minerometalúrgica de Ponferrada (SMMP), que había tenido grandes minas de hierro y de carbón; y que en los últimos tiempos se había transformado, fundamentalmente, en una sociedad financiera, con una cartera de inversiones muy considerable.

  • Bueno, bueno, lo estudiaré y les daré una contestación —es lo que dijo al final de la larga entrevista, en la que se agotó el jamón y una botella de whisky quedó por la mitad.

Y efectivamente lo estudió y nos dijo que sí. Y a partir de ese momento el Conde de los Gaitanes quedó designado –previo paso por el notario, y según acuerdo del consejo de administración que se reunió a tales efectos— presidente de Iberplan. Sin gran actividad suya ulteriormente, por cierto, ni mayores estímulos por la nuestra. Él estaba muy ocupado siempre con su SMMP, que si compro esto o aquello en Bolsa…

  • La verdad –dijo un día Gonzalo Sáenz de Buruaga, dando muestra de su habitual ironía, y con bastante perspicacia—, lo que el Conde quería era contarnos lo de la Sociedad Minerometalúrgica de Ponferrada, y sobre todo a ti, Ramón. Para que en la nueva edición de la Estructura Económica de España incluyas casi un capítulo entero sobre una empresa… tan condal…

Todo un prócer: Antonio Barrera, al frente de Iberplan

El Conde, agotadas sus consideraciones sobre la SMMP, dejó de aparecer por los consejos de administración, de modo que, muy educadamente, para suavizar el trámite, le propusimos ser relevado por persona que estuviera más en el sector de las nuevas tecnologías. Un mirlo blanco: Antonio Barrera de Irimo, que aceptó de muy buen grado nuestra propuesta. Y creo recordar que para tal diligencia fuimos de la mano de Matías Cortés, después de una entrevista que tuvimos con Don Antonio en su despacho de presidente de Telefónica. Donde curiosamente nos enseñó, en una esquina de su despacho, era más o menos 1970, un aparato de descomunal tamaño:

  • Este armatoste algún día será una miniatura… con él, se ha abierto la era del fax que va a revolucionar las comunicaciones. Podéis estar seguros, y en Telefónica vamos a entrar en el negocio lo antes posible —nos dijo Antonio Barrera de Irimo, siempre al día, efectivamente, en las nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, lo que hoy se llaman TICs.

En el Plan de Desarrollo

Que hiciéramos algunos trabajos para la Comisaría del Plan, en nuestra nueva consultora es totalmente cierto. Más en concreto, a invitación del servicio de estudios del Plan, que dirigían Javier Irastorza y José Ramón Álvarez Rendueles.

Sobre Álvarez Rendueles debo decir que siempre me pareció una persona educada, correcta, bien humorada, y que nos atendió con verdadera cordialidad en las oficinas del Plan. Y más adelante, cuando Barrera de Irimo fue nombrado ministro de Hacienda, y me ofreció un cargo —«como subsecretario o lo que tú quieras, a mí me gustaría que fueras el Secretario General Técnico»—, y yo le contesté que no estaba por la labor, nombró para ese cargo a Álvarez Rendueles.

En cuanto a Javier Irastorza tuvo una vida menos afortunada, porque cuando todavía era relativamente joven, se vió afectado de un Parkinson, que ya no le abandonó nunca. Fue profesor en la Universidad de Navarra —ya era Catedrático de Política Económica en la UCM, con singular éxito entre sus alumnos— y alguna vez que fui a Pamplona para conferencias europeístas, tuvimos ocasión de cenar en un magnífico asador cuyo nombre es Martintxo, según comenté ya en otro pasaje de estas Memorias.

El primero de los estudios de Iberplan para la Comisaría regida por entonces por López Rodo, fue sobre el polo de desarrollo de Granada, que pasó sin pena ni gloria pues se refería a temas de localización industrial y atracción de inversiones. En cambio, el segundo, que nos encargó directamente Javier Irastorza, tuvo mucho más interés: se trataba de un Dictamen sobre Acción Regional; en el que nosotros debíamos ofrecer nuestras ideas sobre las políticas a desarrollar para impulsar el crecimiento en diferentes regiones. El análisis de lo que sucedió con ese proyecto de dictamen, lo haremos en la próxima entrega, el jueves 5 de agosto. No se lo pierdan, por favor.

Como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.