Estructuras y Cátedra (VII)

Seguimos hoy con las andanzas del autor-relator, más concretamente de su asesoría para la integración económica iberoamericana, y de sus ulteriores quehaceres universitarios tras acceder al más alto grado de enseñanza de nuestras Almas Mater. En esta entrega, se narran las peripecias de su labor como catedrático en la Universidad de Granada, campus de Málaga para su Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Una actividad que no fue fácil desarrollar, por la sinrazón de las burocracias universitarias, que son tan frecuentes.

Secuencias malafitanas: ministerio bye, bye

A la vuelta de mi estudio en Brasil, me incorporé a la cátedra de Málaga en enero de 1969, adonde llegué en tren con un buen cargamento de apuntes preparados para mis alumnos. Y el Decano, el Prof. Alfonso García Barbancho, me ofreció que diera una clase inaugural que tuvo lugar en el Paraninfo de la Facultad, ante unos 400 alumnos.

Para justificar mi no presencia en los tres primeros meses de curso, me referí a la presencia económica de España en Iberoamérica, subrayando los puntos de mayor interés. Diseñando lo que podría ser un futuro en común, con algunas previsiones sobre el área como futuro escenario de la actividad española. Y gran parte de lo previsto se cumplió, al día de hoy (2012) hay invertidos en el continente americano unos 200.000 millones de dólares con origen en empresas españolas.

No pretendo que mi influencia para ello fuera formidable, pero creo que algo pude contribuir a ese reencuentro, con mis estudios en Panamá, República Dominicana, Brasil y Argentina con el INTAL, y en Uruguay con la ALALC.

El haber conseguido la cátedra de Estructura, me planteó la incompatibilidad de Universidad y Ministerio. No tanto por los aspectos legales o paralegales, puesto que en el Ministerio había gente haciendo otras muchas cosas y nadie les pedía cuentas. Pero a mí me lo dijeron muy claro: había de decidir si seguía en el Ministerio o si me dedicaba a la cátedra. Opté por lo segundo, y quedé en excedencia voluntaria después de doce años de servicio en comercio exterior.

Dejé, pues, el Ministerio de Comercio con una cierta nostalgia, porque había trabajado muy a gusto dentro de él, y en la línea de lo que nos había anticipado Alberto Ullastres, vivimos un tiempo en que el Departamento fue la mejor atalaya de la economía española, así como uno de los centros de impulso del gran cambio estructural del país.

En Málaga me instalé en el Colegio El Palo de los jesuitas, por petición expresa de ellos, de un grupo que acudieron a mi clase inaugural, y me ofrecieron alojarme allí todo el tiempo que estuviera en la ciudad. Porque desde luego ya a las alturas de curso en que estábamos, la familia Tamames/Prieto-Castro, trasladarnos todos a Málaga era técnicamente imposible. En definitiva, pude resolver la cuestión merced a una excelente comunicación aérea, todas las semanas, lo que no tenía mayores problemas, a no ser que alguien me buscara complicaciones. Como así sucedió realmente, cuando el rector de la universidad de Granada, de la que dependía mi Facultad, me puso la proa para obligarme a irme a vivir a Málaga, lo cual a mí me resultaba, como ya he dicho, técnicamente imposible fuera de los días lectivos.

Granada versus Málaga

Federico Mayor Zaragoza, que era el rector de Granada adoptó una actitud prepotente, y ordenó a la contaduría que no me abonaran las cantidades mensuales que iba devengando, hasta que no trasladase mi domicilio a la sede facultativa de Málaga. Así, pues, estuve prácticamente dos meses sin cobrar, hasta que le hice una visita a Granada para tratar de convencer al Magnífico que sin estar domiciliado, atendía la cátedra mejor que si viviera en Málaga.

Todo eso, por la sencilla razón de que en cada viaje semanal, llegando los lunes temprano, y marchándome el miércoles a media tarde, daba un total de 14 horas de clase, atendía mis cursos, y otros dos que no tenían titulares en aquellos momentos. Y el tiempo restante en la Facultad, donde pasaba la mayor parte del día, lo dedicaba a visitas de estudiantes. La verdad es que nunca trabajé tanto en la Universidad como lo hice en Málaga. Pero eso, para el Rector parecía no ser ninguna referencia. No entendía, por mucho que aparentara modernidad, las nuevas movilidades posibles.

Nuestra conversación aquel día sobre mi régimen de funcionamiento, fue tormentosa, pero al final conseguí que se desbloqueara la situación. Sobre todo con el argumento de que él estaba más días fuera de Granada que yo de Málaga; por sus continuos viajes al extranjero, sus asuntos universitarios o no en Madrid y otros lugares de España, etc.

En la facultad malafitana

En Málaga me adapté pronto al ambiente que era el esperable de una facultad pequeña y todavía en formación. Organicé mis apuntes para los alumnos en la materia de Fundamentos de Estructura y Estructura Económica Internacional —precisamente con esas bases publiqué al año siguiente dos libros, justamente con esos títulos, en Alianza Editorial—, y puse en marcha toda una serie de dispositivos de colaboración con los alumnos. Incluyendo visitas a lugares que estimaba interesantes desde el punto de vista de innovaciones en el sistema productivo. Como también organicé algún seminario de estudio del área de la Costa del Sol.

Entre las visitas recuerdo la que hicimos, con Francisco de la Torre al frente con el autor, a la granja experimental en la propia provincia, denominada La Mayora. Donde se estaban introduciendo cultivos hasta entonces casi inexistentes en España, como aguacate, mango, etc. Es decir, frutas subtropicales que se sabía iban a tener una demanda importante en los mercados, al ir aumentando el turismo y mejorar el nivel de vida. Una experiencia que fue todo un éxito.

Otra visita fue al recién configurado Polo de Desarrollo de Gibraltar, en el entorno de la ciudad de Algeciras, para lo cual hubo que fletar dos autobuses por el gran número de alumnos que se apuntaron a la excursión. Previamente había concertado yo entrevistas con las empresas más importantes del Polo: Acerinox, Cepsa y Pétresa.

Otra de las actividades que pude desarrollar, ya durante mi segundo año en la Facultad de Málaga, se basó en un convenio que sin más permisos ni burocracias, firmé personalmente con el director general del Servicio Nacional de Concentración Parcelaria y Ordenación Rural, Luis García de Oteyza, persona excepcionalmente cordial y diligente en sus actividades; de manera que conforme a ese acuerdo, unos quince alumnos míos, los que quisieron asociarse a la idea, estuvieron trabajando dos meses en el verano, con agentes del Servicio, ubicados en tres lugares distintos: Santa María la Real de Nieva (Segovia), Medina de Rioseco (Valladolid), y Briviesca (Burgos).

En materia de seminarios, desarrollé uno sobre Obstáculos al crecimiento en la economía española, con el apoyo de la Caja de Ahorros de Ronda, entonces la más potente entidad financiera de Andalucía, y precedente de la actual Unicaja. Y Don Juan del Rosal, Presidente de la Caja, estuvo un día en el seminario con ideas y experiencias que fueron de gran interés para los alumnos.

Una de las noches memorables de mi estancia como catedrático en Málaga, fue el recital que en el auditorio de la Facultad dio el cantautor Raimon, en octubre de 1969. Estuvo muy concurrido, tuvo gran éxito, y se palpaba cómo la Universidad se vencía ya definitivamente por la alternativa de la Democracia.

Como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.