Estructuras y Cátedra (VI)

Vamos acercándonos al final de este relato para los lectores de Republica.com, sobre las andanzas del autor en su senda para alcanzar la cátedra de Estructura Económica. Incluyéndose en esta entrega algunas intrusiones, más que intervenciones, de la Dirección General de Seguridad como el órgano más políticamente incisivo del franquismo; con una conversación que no tiene desperdicio del autor, y entonces candidato a la Cátedra, con el propio presidente del Tribunal. Siguen las tensiones del desarrollo de las oposiciones, hasta el quinto y último ejercicio, que fue definitivo.

La Dirección General de Seguridad interviene en las oposiciones

En el tercer ejercicio, por vergüenza torera me puntuaron con la máxima, situando a Verdú en segunda posición. La cosa seguía pues, más o menos igual que antes, con mi antagonista con varios puntos por delante.

El cuarto ejercicio, ya sin trinca, fue el de desarrollo de una lección elegida al azar. A mí me correspondió un tema bastante sencillo, la Asociación Europea de Libre Comercio, la EFTA. Lo desarrollé sin mayor problema, y en este ejercicio volvieron a puntuarme por debajo de Verdú.

Después del cuarto ejercicio, de la lección al azar, el presidente del tribunal me hizo llegar una nota, diciendo que deseaba verme al día siguiente, y que para ello podíamos encontrarnos en el patio de bóveda de cristal del Hotel Palace a las 12.00 hs. Acudí, de manera puntual, y me encontré a Pifarré que ya estaba esperándome. Me saludó con mucha cortesía, y me felicitó por mi lección magistral.

El tema que suscitó el Presidente del Tribunal, no pudo ser más sorprendente. Y lo enunciaré en forma de diálogo, que recuerdo como si estuviera oyendo ahora mismo aquellas frases verdaderamente provocativas a las que siguieron ciertas réplicas.

  • Bueno, Tamames, bueno, bueno… Estas oposiciones están siendo muy complicadas… Pero Vd. lo está haciendo bien… Y vamos a ver qué podemos hacer para que salga adelante… porque como le digo, hay complicaciones.

  • Vd. me dirá, Sr. Presidente. ¿A qué se refiere?

  • Muy sencillo… y voy al grano. Ayer me llamaron de la Dirección General de Seguridad, el propio director, y me dijo que Vd. no puede ser catedrático, por ser miembro de la oposición subversiva, y más concretamente, por estar fichado como comunista, del PCE…

Yo, que me esperaba algo así en cualquier momento de la oposición, no tuve mayor problema para quedarme impasible. Y creo que sin mayor alarmismo en mis palabras le dije a mi interlocutor:

  • Prof. Pifarré, Vd. preside un tribunal absolutamente soberano, que no puede recibir indicaciones de nadie sobre lo que debe hacer. Son ustedes un jurado libre para resolver cada cuestión… y no pueden admitir interferencias políticas…

  • Sí, sí, Tamames, tiene Vd. toda la razón, pero se hará cargo de que cuando interviene el Ministerio de la Gobernación a través del Director General de Seguridad para poner un veto, la cosa tiene su enjundia…

  • Tendrá toda la enjundia que Vd. quiera, pero eso es algo que está por entero al margen de las reglas del juego. Estas son unas oposiciones a cátedra, y todos los candidatos, una vez admitidos a participar, estamos en la misma situación… No hay un escalafón para azules y otro para rojos…

  • Bueno, bueno, Tamames, en todo eso puede Vd. llevar razón, pero yo estoy sometido a unas presiones insoportables. Soy el presidente y, como Vd. dice, el tribunal es soberano. Pero tenga en cuenta que arriesgo toda mi carrera en función de lo que aquí se decida bajo mi presidencia…

  • Le agradezco, Sr. Presidente que me haya informado del tema. Pero no le quepa la menor duda de que si el resultado de las oposiciones no es el que yo estimo que debe ser, en función de los ejercicios que se han hecho y el que queda, yo recurriré por la vía contencioso-administrativa poniendo de relieve que ha habido una interferencia política del Ministerio de la Gobernación, que es absolutamente intolerable… Y claro está que todo eso se sabrá dentro y fuera de España por la prensa…

  • Bueno, bueno, Tamames, no se ponga Vd. así, que todo tiene remedio en la vida. Vamos a ver, vamos a ver… Esto lo va a resolver el tribunal mañana mismo, así que tranquilícese que no habrá que llegar a ningún extremo….

Algunas confidencias de un miembro del Tribunal

Nos despedimos hasta el día siguiente, e introduciré aquí una referencia a lo que una semana después me dijo el Prof. Fernández Pirla, con quien estuve una mañana en su chalet de la urbanización de La Florida, a solicitud suya, para explicarme lo que había pasado dentro del tribunal:

  • Todo ha sido un verdadero disparate por cualquier lugar que se mire. Ya sé que tuviste una entrevista con Pifarré sobre las ingerencias de la Dirección General de Seguridad… pero que sepas que aunque yo no te llamé, varios clientes de mi agencia de cambio y bolsa me comunicaron: «si sale Tamames, no tendremos más remedio que interrumpir nuestra buena relación mercantil con Vd.…».

En definitiva, José María Fernández Pirla, se portó con perfecta imparcialidad. Si bien en un contexto tan hostil para mí, entendió que debía informarme de los intríngulis del caso, y me alentó para que siguiera hasta el final y no perdiera la oportunidad. Casi me dio la impresión de que si yo me hubiera ido, él se habría retirado del Tribunal, anulando así todas las oposiciones. En definitiva, fue el juez más ecuánime de los cinco del Tribunal.

El quinto y último ejercicio

La cosa estaba pero que mal el día antes del último ejercicio y de las subsiguientes calificaciones, y lo verdaderamente calamitoso para mí es que Pifarré se hubiera dejado vencer por las presiones y haberme suspendido en el último ejercicio. Pero eso ya resultaba muy difícil, porque incluso la prensa empezaba a manifestarse ya claramente en cuanto a la calidad de los diferentes opositores. Especialmente el diario Ya, que siguió las oposiciones muy de cerca, y que terminó sus comentarios sobre las mismas con un editorial titulado «unas oposiciones moviditas».

El quinto y último ejercicio era muy arriesgado: un ejercicio práctico, y yo tenía el temor de que pudiera salir cualquier cosa, incluso pactada por los residuales del tribunal con el candidato preferido por ellos. Pero en honor a la verdad no fue así, porque a pesar de las imposiciones de Pifarré, que aceptaban los otros componentes del tribunal en cuanto a los resultados finales, en los métodos seguidos aún debió haber pruritos de decencia por parte de sus dos colegas. De modo que el caso práctico estuvo muy en la línea de lo normal: indicadores para definir la situación de un país de manera analítica con datos sobre PIB, balanza de pagos, inflación, empleo, etc. En este caso, los tres ejercicios fueron parejos. Se perfiló así el resultado final quedando el de las redes algunos puntos por delante de mí. El presidente del tribunal sentenció la cosa:

  • El Sr. Verdú queda en la primera plaza, y tiene opción a elegir entre Barcelona y Málaga. El Sr. Tamames queda en segundo lugar, a resultas de la elección del candidato más valorizado. El tercer candidato, Sr. Martínez Cortiña, sintiéndolo mucho este Tribunal, queda fuera de plaza.

En ese mismo acto Verdú se pronunció por ir a Barcelona, y yo obviamente, me pronuncié por Málaga.

Y así terminaron los ejercicios, con la mayor alegría de mi padre –“¡Hijo: lo principal es ser catedrático!”, y esa misma noche nos fuimos a cenar toda la familia, y a pesar de las amarguras por los malos tragos por los que habíamos pasado, el festejo resultó más que lucido… Parafraseando a Molière en su Médecin malgré lui, yo era catedrático malgré eux, a pesar de todos los que de una forma u otra hicieron lo posible para que nunca lo fuera.

Después de las oposiciones, vinieron las réplicas del movimiento sísmico, en una u otra dirección. Por indicaciones, sin duda, de Santiago Roldán y de José Luis García Delgado, el autor de Celtiberia Show, Luis Carandell hizo unos versos referentes a la oposición, dando a entender que yo había llegado a un acuerdo con el tribunal. La mayor estupidez que he leído en mi vida, en donde nada decían de la retirada de Sampedro y de Velarde del Tribunal, y de sus posibles intencionalidades; y para nada se aludía a las injerencias de la DGS –que ya era ubicuamente conocida—, o de las sutilezas de la clientela de Fernández Pirla.

Ulteriormente, en otros segmentos en que no eran precisamente encendidos partidarios míos, hubo una especie de ejercicio de reflexión, de lo que a mí me había costado ganar la cátedra en esas condiciones, y gracias a la buena voluntad de Guillermo de la Dehesa, que había seguido las oposiciones día a día —casi siempre en compañía de Ángel Viñas—, montaron una pequeña cena homenaje, en la que estuvieron ellos mismos, Enrique Fuentes, Luis Ángel Rojo, y algunos otros colegas. Me acuerdo que eso fue a primeros de septiembre de 1968, y que uno de los temas que tratamos más abundantemente, porque de las oposiciones apenas hablamos, fue precisamente el hecho de que la primavera de Praga terminó con la irrupción de las tropas soviéticas en la capital de Checoslovaquia.

Tal como lo tenía previsto, al terminar las oposiciones pedí un permiso en el Ministerio para desplazarme a Brasil por tres meses sin sueldo –de septiembre a diciembre de 1968—, para desarrollar un estudio que me había solicitado el INTAL, y el Ministerio me lo concedió. De ese viaje por el continente brasileño, que duró tres meses ya he rendido cuenta en otro artículo en Republica.com.

Me refiero, por último, a lo que fue de Luis Verdú, cuando en Barcelona, como flamante catedrático, entró en el aula el primer día de su docencia, en octubre de 1968, y fue recibido al grito de ¡Tamames!, sin que le dejaran dar ni una sola clase. Situación que se repitió sistemáticamente en las jornadas siguientes, para al final tener que renunciar a la cátedra: los estudiantes de Barcelona fueron los jueces finales de la combinación Verdú-Pifarré.

Incluso las relaciones entre ellos se deterioraron, según me contó mi padre, porque Verdú le llamó un día que estuvo en Madrid. Almorzaron juntos y él le contó todo lo que había pasado. Al final, creo que Verdú se marchó a su ciudad de origen, Santander, para tratar de olvidarse de todo lo sucedido en su desastrosa aventura hacia la cátedra. Creo que luego se separó de su mujer por las tensiones que se habían provocado, e incluso llegaron a hablar de alguna tentativa de suicidio. No sé si todo eso fue en realidad o sólo rumores.

Como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.