Estructuras y Cátedra (III)

En esta serie que hoy continuamos con la entrega número III, se relatan las andanzas del autor por el complejo mundo de las ediciones económicas y las cátedras de universidad. Llegando hoy a un punto crucial: el nacimiento de la ópera prima Estructura Económica de España, con los detalles de cómo se fue pergeñando ese libro en sus 25 ediciones sucesivas, siempre revisadas y frecuentemente ampliadas. Una obra de la que, por cierto, actualmente, se está planeando hacer la 26 edición, para adaptar un clásico –la expresión no es del autor, sino de muchos observadores— a las nuevas tecnologías y tendencias de progreso económico en un mundo globalizado y diversificado. Así las cosas, en esta entrega de la serie para los lectores de Republica.com, se hace la propia biografía del libro: desde sus inicios hasta sus últimos colaboradores, pasando por la presentación de la vigésima edición a los Reyes Juan Carlos y Sofía. Lo que fue una fiesta editorial memorable para muchos.

Estructura Económica de España: libro de toda mi vida

La verdad es que el libro lo hice en un tiempo relativamente corto, a lo que contribuyó el hecho de que durante dos años tomé el permiso de verano en el Ministerio en el mes de septiembre. De modo que en agosto había poco trabajo oficial, y luego venían las vacaciones. Además, mis secretarios de entonces en el Ministerio, en los ratos libres, me apoyaron a fondo con grandes muestras de admiración de lo que iba gestándose. Eran Cristina Álvarez, a quien veo de vez en cuando por mi barrio, con su marido del brazo, siempre tan contentos; y Rafael Oncina, que después trabajó conmigo bastantes años y con quien de vez en cuando hablo de esto o aquello.

Aparte del Ministerio, el libro fue mi principal trabajo a lo largo de dos años, 1958/60, cuando Carmen y yo éramos ya novios. Y siempre que ella me preguntaba cuándo íbamos a fijar la fecha del casorio, yo contestaba:

  • Cuando termine la carrera de Económicas, que será en septiembre del 60, y cuando el libro de Estructura salga a la calle, lo más seguro que a principios de noviembre de ese año.

Y con tales previsiones aún en el aire, me dio a entender que ya era tiempo de casarnos:

  • Dice mi madre que si ya tienes la vida resuelta, que por qué no nos casamos ya…

  • Pues dile la verdad, que estamos esperando a que termine Económicas y a que salga el libro.

  • Pues dice que eso también puede hacerse cuando ya estemos casados…

  • Sí, pero no es lo mismo… Así que dile a tu mamá… que no tenga tantas prisas, que los que vamos a casarnos somos nosotros y no ella…

Nace el libro y echa a andar

Al final, en Fuengirola, adonde en el verano de 1960 fui a ver a mi prometida, fijamos como día D el 17 de noviembre. Y efectivamente, el día 16, con toda precisión, mi opera prima llegó a las librerías. De modo que en la misma mañana de la boda, Carmen bajó a Aguilar, en la calle Goya, cerca de su casa, para adquirir un ejemplar, cuya lectura empezó inmediatamente como si el texto de su todavía prometido esposo fuera la mismísima Biblia…

Luego, en el viaje de novios por Italia, cuando llegábamos a algún hotel en nuestra larga y arriesgada travesía de Roma a Sicilia, se metía en la cama y la mar de seria abría el libro y con todo entusiasmo, con un camisón recién estrenado y esplendorosa ella, se ponía a leer. A los treinta segundos, yo le decía:

  • Anda, anda, déjalo, que me dan mucho apuro esas lecturas delante de mí… y en estas circunstancias.

Concretamente, en la misma boda, Agustín Cotorruelo Sendagorta –que llegó a ministro con Franco, de agricultura, en uno de los últimos gobiernos— y su bella señora, me saludaron muy sonrientes, y ella me dijo:

  • Lo compramos esta mañana, y dice Agustín que el libro es muy bueno… Ya va por la página 37…

La buena acogida que mi primera criatura editorial tuvo en la prensa empezó por el diario ABC, en el que se publicó un artículo de reseña que le pedí a José Ramón Bustelo y García del Real, mi querido y llorado amigo Jipi. Cuyo texto le dio mi padre Don Manuel al director adjunto del periódico, Luis Calvo.

Jipi me hizo un comentario elogioso, «con tres o cuatro pequeñas críticas para que no resulte hagiográfico», me comentó él mismo. Además, el artículo llevaba una foto mía, hecha por Andrés Chastel, un amigo mío, que tal como comentaría más adelante Gonzalo Sáenz de Buruaga, «ofrecía la imagen de un visionario del futuro que casi daba miedo». La reseña de Jipi apareció justo el día en que Carmen y yo llegábamos de Italia de nuestro viaje de novios. Fue una gran alegría, y recibimos buen número de llamadas telefónicas durante la semana siguiente; en esos días debió llegarse al récord de ventas.

El libro también se hizo polémico

Hubo otros comentarios del libro igualmente mencionables. Uno de ellos de Radio Moscú, del cual un amigo del servicio exterior de escuchas de Radio Nacional de España me pasó una copia: era un texto muy analítico, y por la manera de expresarse, el autor había visto el libro a conciencia. E incluso alguien me dio un resumen que se había hecho en la Presidencia del Gobierno para el mismísimo Franco; de unas 20 páginas, también bastante correcto, e incluso recomendando que algunas de mis críticas se tuvieran en cuenta.

Tras la publicación del libro, inevitablemente tuve reacciones de muy diversa naturaleza, con una muy especial: el análisis que de la obra encargó Arturo Camilleri, Director de Estadísticas del Ministerio de Agricultura, al joven ingeniero agrónomo Félix López Palomero; con quien luego trabé buena amistad, durante la celebración de las sesiones fundacionales de la UNCTAD en 1964. Concretamente, el propio Félix me contó un día lo que le dijo su Jefe:

  • Toma este libro de Ramón Tamames, Estructura Económica de España, que acaba de publicarse. Me han dicho que contiene algunas impertinencias sobre el Ministerio de Agricultura. Así que léetelo y ya me dirás.

Por lo que se ve, Félix hizo una nota, que yo nunca le pedí. La verdad es que impertinencias contra el Ministro de Agricultura no había ninguna. Pero sí, un pasaje en el cual yo decía —con base en algunas observaciones hechas por Juan Gómez, el economista del PCE fuera de España—, que en los buenos tiempos del ministro Rafael Cavestany, como los rendimientos de los cultivos no subían lo que hubiera deseado el régimen, para compararlos positivamente con los de la República, se adoptó la hipótesis oficial de que las cosechas de los tiempos republicanos fueron hipervaloradas; por lo cual se reformularon a la baja en las estadísticas oficiales, sin que supiera nada sobre los criterios adoptados en tal revisión.

Del libro, las dos nuevas ediciones ulteriores a la primera se hicieron por la propia Sociedad de Estudios y Publicaciones del Banco Urquijo. Luego pasamos a Guadiana de Publicaciones, con Ignacio Camuñas como editor, y posteriormente el libro acabó en Alianza Editorial, presidida por José Ortega Spottorno, en forma de resumen para publicarlo en bolsillo, operación que tuvo gran éxito. Tras lo cual, Javier Pradera, por entonces director literario de Alianza, me sugirió que le pasara el libro íntegro a la propia editorial y así lo hicimos. Y desde entonces, de la séptima edición a la última, ha seguido en Alianza Editorial.

Del libro grande ha habido al día de hoy las 25 ediciones y otras tantas reimpresiones intermedias, y con el compendio (26 ediciones, también con muchas reimpresiones), habremos publicado un millón de ejemplares… No es extraño que el libro haya ocasionado algunas envidias entre quienes no vendían más allá de unos cientos de ejemplares de una sola edición. Y lo digo con mi máxima comprensión… ¡Qué condescendiente es Vd.!, Don Ramón… dirán algunos…

Estructura Económica de España según muchas observaciones, fue un detonante en los estudios de economía en España. Y algunos de mis colegas medían su propio prestigio académico por el número de veces que figuraban en el índice onomástico al final de la obra. Entre los aludidos figuró el catedrático de la Universidad de Barcelona Fabián Estapé –a quien he sucedido en la medalla 41 de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas—, que según me contaron decía muy ufano:

  • Soy el autor más citado en el santoral del libro de Tamames, ¡qué ya es decir…!

Las traducciones inglesa y francesa

Por lo demás, mi opera prima se difundió rápidamente, debido a que una serie de catedráticos de Estructura de las cada vez más numerosas facultades de ciencias económicas, fueron adaptándolo como texto de referencia. Con el resultado de que durante muchos años funcionó en régimen de monopolio natural. Con personas que lo encomendaban y lo exigían en los exámenes, sin ni siquiera conocerme personalmente, como sucedió con los profesores Berini en Barcelona, y Flores en Bilbao, y toda una lista de catedráticos en el resto del país. Difusión que al final hizo que el libro se conociera por lo alumnos de todo el país como «el Tamames».

Una vez publicado el compendio con formato de bolsillo, pensé que podría traducirse al inglés. Operación que fui demorando, hasta que empezó a concretarse al recibir la llamada de un editor de Londres, Christopher Hurst, quien me hizo una propuesta en ese sentido. Me ocupé yo mismo de supervisar la traducción, que hizo una joven norteamericana californiana, de nombre Flory por su padrastro, pero cuyo apellido originario era Cervantes… buen augurio para una traducción que dicen es muy correcta.

En el caso del francés, la ocasión surgió cuando un colega mío de la Sorbona, que había promovido mi presencia en esa universidad para impartir dos cursos de civilización española, José Quesada, se interesó por hacer la versión francesa, en colaboración con su esposa, también con supervisión mía. Y al final se publicó en una editorial de París, Cedes.

Los colaboradores y lectores del libro

La Estructura Económica de España fue el origen de un archivo que llevé cuidadosamente a partir de la tercera edición, para facilitar la puesta al día de las sucesivas versiones. En las que me fueron ayudando muchas personas, casi todos antiguos alumnos míos, como José Manuel Revuelta, Rocío García Recio, Eva González, Concha Albarrán, Juan Ramón Caridad, Silvia Aparicio, y finalmente, Antonio Rueda Guglieri. Y en el capítulo de ayudas muy valiosas, además de los dos pioneros ya citados, Rafael Oncina y Cristina Álvarez, mencionaré a María Dolores García Camacho, Begoña González Huerta –muy especialmente, a lo largo de más de 30 años—, Mónica López, y Nuria Merino, ya en tiempos mucho más recientes.

Otro de los aspectos más relevantes de Estructura Económica de España no es tanto el hecho de haber tenido muchos alumnos directos con estudios basados en esa publicación, sino la circunstancia de que a través de colegas universitarios, el libro fue incluido como texto básico de enseñanza de la economía española. Así las cosas, aparte de los 20.000 alumnos directos que he calculado tuve por mis clases durante casi 50 años de profesor (a razón de unos 400 por año más o menos, entre las facultades de económicas y otros centros de enseñanza), habré tenido no menos de tres millones de alumnos indirectos, que de una forma u otra estudiaron con la Estructura o el compendio. Algo que aprecio continuamente en los viajes, cuando veo gente entre treinta y setenta años —economistas, ingenieros, juristas, empresarios, sindicalistas, etc.—, que han tenido algún contacto con uno o los dos libros.

A partir de la vigésima edición de Estructura Económica de España tengo la valiosísima colaboración de Antonio Rueda Guglieri, y precisamente cuando salió a la luz esa 20 edición, pedimos audiencia al Palacio de la Zarzuela, donde una tarde nos recibieron los Reyes, a quienes entregamos un ejemplar del libro, recién salido de prensas. Fue una entrevista cordial, en la que se vio que Juan Carlos I se sentía muy a gusto en la conversación. Hasta el punto de que fue la Reina quien en un momento dado se le acercó y le dijo en voz baja:

— Juanito, tenemos que irnos a Granada para estar con los Clinton a cenar con ellos después de la visita a la Alhambra, así que ya deberíamos prepararnos…

Efectivamente, aquellos días estaba el presidente Clinton en Madrid, y como tenía nostalgia de la Alhambra, que vio en tiempos de estudiante, allá se fue con Hilary. Y los reyes les acompañaron con el crepúsculo en la visita al más maravilloso de los palacios árabes de todo el mundo.

Como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net