En torno a las Américas (IX)

Los lectores de Republica.com me están escribiendo con cierta mayor asiduidad que en otras ocasiones, a propósito de la serie “En torno a las Américas”, donde se van relatando las andanzas del autor en sus tiempos de consultor sobre integración económica en los países iberoamericanos. Y hoy corresponde el hueco de la entrega a dos encuentros formidables en Recife, en el Nordeste del país, su zona menos avanzada, con sus nordestinos, emigrantes a todo el resto del subcontinente brasileño. Veremos las entrevistas del autor con Gilberto Freire, una especie de José Ortega y Gasset de Brasil, y con Don Helder Cámara, el verdadero precursor de la teología de la liberación, que luego expandiría otro brasileño, que también conoció el autor, esta vez en Madrid, Leonardo Boff. Entramos en esas entrevistas que espero interesen a los lectores.

Con Gilberto Freire, José Ortega y Gasset de Brasil

En Recife, después de una siesta muy saludable en el hotel, al lado del mar, Carmen me preguntó que qué íbamos a hacer en lo mucho que quedaba de tarde.

  • Podríamos ir a la playa –me dijo.

  • Sí, eso a primera hora. Pero luego tenemos un par de visitas que hacer…

  • ¿Conoces a alguien por aquí?

  • Conocer yo directamente, no. Pero tengo muy buenas referencias de dos brasileños ilustres que precisamente viven en Recife.

  • ¿Quiénes son?

  • Uno es Gilberto Freire, un filósofo y humanista… para que te hagas una idea, una especie de José Ortega y Gasset brasileño. Y el otro es Don Helder Cámara, el Arzobispo de Recife, verdadera revelación mundial por su actitud ante los más desposeídos…

  • Gilberto… algo había oído hablar en mis cursos de sociología, y de Don Helder… ¿qué te voy a decir?... Que lo conozco a través de la prensa, como todos… Pero ¿realmente van a recibirnos… sin previamente haberles advertido?

  • Pues yo creo que sí… por lo menos vamos a intentarlo.

Salimos del hotel, nos dimos un paseo por la playa, hice unas fotos de Carmen con dos jóvenes mulatas muy graciosas, una a cada lado de ella, sentadas las tres en el pretil que nos separaba de la playa. Foto que luego me sirvió de base para un cuadro al óleo, en donde las caras de las niñas, al final, conservando los gráciles movimientos de sus cuerpos, fueron refiguradas con las imágenes de mis hijas Alicia y Laura, entonces de seis y siete años. Allí está el cuadro en casa, recordando la inolvidable tarde que pasamos en Recife.

Después del paseo por la playa, paramos un taxi, y con toda la naturalidad del caso, le dije al conductor:

  • Vamos a casa de Don Gilberto Freire… ¿Usted le conocerá?

  • Naturalmente, quien no va a conocer en Recife a Don Gilberto… es el alma de la ciudad.

  • Pues hala, vamos para allá, rápido, que no tenemos mucho tiempo.

El conductor muy divertido de hacernos de guía con nuevas amistades, puso su exigua y anticuada máquina a toda velocidad, y pasamos por una serie de calles de Recife, cuyos edificios del siglo XVII recordaban la presencia de los holandeses durante un tiempo en esa parte de Brasil. Y en poco tiempo, llegamos a casa de Don Gilberto, que me acuerdo muy bien era una villa de paredes color fucsia con un espléndido jardín. Nos recibió quien manifestó ser, con un tanto de solemnidad, su gobernanta; mujer ya mayor con rasgos afro, que nos preguntó el motivo de la visita.

  • Por favor, dígale a Don Gilberto que están aquí dos españoles, el matrimonio Carmen y Ramón Tamames, y que nos gustaría saludarle.

En dos minutos, salió Don Gilberto Freire, sonriente y al vernos tan jovencitos, y a Carmen tan guapa, se vio que si queríamos disfrutar del convivium, podríamos disponer de toda la tarde. Nos instalamos en la terraza del jardín, y allí nos sirvieron unos cafezinhos, con su fondo azucarado a tope; y al lado una jarra de agua con hielo. Estuvimos casi dos horas con Don Gilberto que conocía muy bien España y que había escrito más de un libro sobre temas españoles, fundamentalmente sobre El Quijote.

A mí la obra que más me interesaba de lo que había leído de él, era una significativamente titulada Brasil, Brasilia, Brasils, con amplias referencias a la significación de la nueva discutida capital federal, en el centro del estado de Goias, en el Planalto; decidida su construcción en tiempos del presidente Juscelino Kubitschek, como muestra decisiva de lo que habíamos oído en Manaos: integrar para no entregar.

En esas dos horas, Gilberto Freire expuso sus ideas sobre el futuro de Brasil, menos entusiastas que las de Stefan Zweig, pues tenía un conocimiento de su patria mucho más completo:

    • Aquí existe una burguesía, por no llamarla oligarquía, que aún no se ha hecho cargo del gran designio de este país: sacarlo de la pobreza a base de un desenvolvimento bien estudiado. Hay posibilidades para todo, y sobre todo… para todos. Pero la plutocracia, y yo no soy marxista, lo quiere todo, es implacable: más y más negocio y nada para el pueblo…

    • ¿Y sobre la miscigenación, Don Gilberto…?

    • Esa es una materia en apariencia resuelta, pero el problema es que por aquí hay bastante racismo: las clases dominantes, proceden en gran medida de las últimas inmigraciones de Europa y no se funden en ningún gran melting pot: se casan entre ellos…

Don Helder Cámara, precursor de la teoría de la liberación

Don Gilberto nos hizo el regalo de alguno de sus libros, que dedicó primorosamente. Y su gobernanta nos llamó un taxi a un hotel vecino, desde donde nos lo enviaron con toda rapidez, y al subir al coche dije:

  • Boa tarde, vamos para o Palaço Episcopal.

  • ¿Así que quieren Vds. ver a Don Helder Cámara, nuestro Arzobispo de los pobres…?

  • Sí, si claro, por eso le decimos que al Palacio Episcopal.

  • Pues no está Vd. bien informado, señor, y perdone que se lo diga. Porque Don Helder Cámara desde hace años ya no vive en el Palacio, sino en un pequeño convento con unas monjitas que lo cuidan. Ya es bastante anciano, y además no quiere aislarse do povo en las riquezas de su gran palacio… que ha convertido en un centro de ayuda al pueblo.

Nos llevó por la zona central de Recife al convento, y allí tras una pequeña espera en un salón muy refrescante por su antigua construcción y su buen estudio de las corrientes de aire, pasamos a la sala de estar de Don Helder. Allí vivía: en la sala que tenía una biblioteca considerable, una sencilla mesa de despacho y una butaca todavía más escueta. Al fondo, se veía un lavabo de los antiguos, con espejo, palangana, y las típicas jarras de loza para facilitar las abluciones. Más allá se intuía una alcoba con una escueta cama con mosquitera.

Don Helder era un hombre de pequeña estatura, enjuto, de tez muy pálida, y que iba vestido con una especie de sotana blanca. Nos recibió con la mayor alegría:

  • ¡Dos españoles, y tan jóvenes! ¿Qué hacen Vds. por Brasil, hijos míos?

  • Ya ve, Monseñor, viajando para conocer su grande e interesante país.

  • Sí, sí, muito grande, mais muito pobre também para a imensa maioria da populaçao…

Esas fueron las palabras de su introducción a una larga plática que tuvimos, en la que inevitablemente salieron a relucir las tesis de los estructuralistas brasileños sobre el centro-periferia y también del desarrollo del subdesarrollo; de las que en estas Memorias ya se ha hecho mención a propósito del nacimiento de la UNCTAD, y de su principal promotor Raúl Prebisch.

Estuvimos hablando de esas doctrinas, y Don Helder se refirió al régimen semicolonial que todavía estaba vigente. Él no fue el fundador de la Teología de la Liberación, pero en realidad fue su principal inspirador. El propio Leonardo Boff, almorzando un día en casa, en Madrid, muchos años después —acababa de desacralizarse y se había casado con una vieja amistad—, nos lo dijo:

  • ¡Le debemos tantas cosas a Don Helder! Él fue quien abrió la brecha por la que después hemos ido pasando tantos. Para considerar que el cristianismo es una doctrina de liberación, de rebelión contra las oligarquías, y de búsqueda de una mejor vida para toda la gente en esta tierra… antes de llegar al otro mundo.

Don Helder nos habló del Concilio Vaticano II y de cómo las esperanzas puestas en su aplicación iban diluyéndose:

  • La jerarquía, a la que pertenezco, no hace lo que estaría en su mano… así resulta que las iglesias nuevas, sectas protestantes y visionarios de todas clases, van haciéndose con gran parte del movimiento popular…

Don Helder se quedó con nuestras tarjetas y meses después me escribió una carta pidiéndome mi opinión sobre algunos temas económicos relacionados con Brasil. Le envié mi libro ya «Brasil e a integração económica», y me respondió con otra carta, dándome las gracias y proponiéndome que fuera a su diócesis para hacer algunas investigaciones y ayudarle en su labor. Desgraciadamente yo estaba ya en otras actividades, más de búsqueda de soluciones para el propio país, y me excusé con él.

En Salvador de Bahía y en Belo Horizonte

Con tan buenas vivencias de Recife, volamos a Salvador de Bahía, donde ya no teníamos ninguna visita específica en relación con mi estudio sobre Brasil. Y por tanto, nuestra estancia fue de total asueto. Visitamos el barrio del Pelourinho, una reminiscencia de la colonización portuguesa en muy mal estado de conservación por entonces; pero que según mis noticias fue objeto de una restauración muy cuidadosa, que lo ha convertido en uno de los grandes centros del turismo brasileño de la fase colonial y del Imperio. Y de Salvador de Bahía viajamos a Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais, ciudad que durante mucho tiempo fue capital portuguesa de Brasil, ya que las minas generales eran el centro de la colonización, que inicialmente estuvo muy polarizada en la búsqueda de oro, como les sucedió a los conquistadores españoles en otras partes de las Américas.

Desde Belo Horizonte hicimos una de las excursiones que más nos interesó de Brasil: Ouro Preto, una ciudad parada en el tiempo, con hermosas reminiscencias del barroco portugués, de cuando el Marqués de Pombal hubo de activar la extracción de recursos de Brasil para reconstruir Lisboa, tras el trágico terremoto de 1755.

Al llegar a Río de Janeiro, llevábamos la sensación en nuestras retinas de Brasil como un país pletórico, lleno de riquezas naturales, de gente entusiasmada por ser brasileños, de pobreza al lado de la riqueza, y de sueños al lado de no pocas pesadillas.

Seguiremos la próxima semana y en el interim, pueden Vds. escribirme al correo electrónico castecien@bitmailer.net.