La economía española e internacional durante la transición (1973-1978, I)

Acabamos de terminar una serie sobre la Transición española a la democracia en términos políticos, y al finalizar su presentación, el autor se percató de que había quedado un tanto flotando en el espacio político-económico. Sin suficiente énfasis en las turbulencias que se produjeron en ese tiempo, entre el primer choque petrolero y el segundo. El primero, provocado por el Coronel Gadafi desde la OPEP, y el segundo, al final del período, suscitados por los Ayatolas en Irán; cuando destronaron al Sha de Persia. Un tiempo muy agitado como podremos comprobar seguidamente.

El mecanismo de la crisis de 1973

¿Cuáles fueron los orígenes de la crisis económica mundial que se inició en 1973 y que tanto afectó a la transición española de la dictadura a la democracia?

Creo que es necesario responder a esa interrogante, va que en el primer choque petrolero 1973-1974, y no menos en el segundo de 1979-1980, incidieron en el amplío período 1974-1982 con acusadas improntas de estancamiento e inflación.

Ante todo, convendría dejar en claro que la crisis de 1973 no fue, ni mucho menos, resultado exclusivo de los problemas energéticos. Estos se hicieron patentes desde el 16 de octubre de 1973, cuando en plena Guerra del Yom Kippur entre árabes y judíos, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) proclamó el embargo parcial de los suministros, y promovió el alza general de precios de los crudos, que en pocas semanas se multiplicaron casi por cuatro.

Pero no cabe echar la culpa de todo a los árabes. La brutal crisis 1973-1974, tuvo su preludio en los problemas monetarios a escala mundial de comienzos de los años setenta. Las turbulencias de entonces, trastocaron el sistema monetario internacional (SMI) del Fondo Monetario Internacional (FMI), que estaba basado en la paridad oro/ dólar y en los tipos de cambios fijos; con una oscilación no mayor del I por ciento por arriba o por abajo del cambio central declarado para cada moneda, un mecanismo que funcione) bien entre 1948 y 1970.

La previa situación de estabilidad, se quebró a causa del déficit de balanza de pagos de EE.UU. imputable a la salida masiva de dólares del espacio estadounidense. Un fenómeno que acabó por precipitar la inconvertibilidad del dólar en oro, decidida por el presidente Nixon en  agosto de 1971. A pesar de lo cual no se restableció la confianza en el billete verde, como lo demostraron las dos subsiguientes devaluaciones del dólar (1971-1973) y el abandono de cualquier idea de paridad oro/dólar en 1974. Se adoptaron así los cambios flotantes, consagrados luego por el FMI con las Reglas de Jamaica (1976), que modificaron substancialmente la convención fundacional del Fondo. El sistema surgido de Bretton Woods en 1944, se desmanteló por entero, y lo que virtualmente había sido una unión monetaria mundial, basada en el patrón de cambios dólar/oro, se perdió para siempre.

En analogía al crack de Nueva York de 1929, que en lo bursátil y lo bancario tradujo la profunda alteración previa de los circuitos financieros, en 1973 la crisis energética, superpuesta a la previa inestabilidad monetaria, representó un brusco cambio de expectativas. El mundo ya nunca volvería a ser el mismo. Se trataba de algo más complejo que la fortísima elevación de la factura del petróleo por parte de los productores de crudos. Era todo un cambio de época.

Vayamos, pues, por pasos, para comprender cabalmente cómo la crisis monetaria derivada de los graves acontecimientos de entonces (Guerra de Vietnam, déficit de la balanza de pagos de EE.UU., inconvertibilidad dólar/oro, devaluaciones, etc.) vino a desencadenar los sucesivos choques petroleros.

Turbulencias monetarias: el fin del SMI del FMI

Desde el mismo comienzo de la década de 1960. ya se observaban disfunciones en el SMI del FMI. Las reservas oro en Fort Knox (Kentucky) iban resultando insuficientes para respaldar la convertibilidad, debido a las crecientes existencias de dólares fuera de EE.UU.

Esa situación, contraria a las reglas del SMI asumidas en Bretton Woods en 1944, pudo resolverse, aunque fuera de modo transitorio, por medio de acuerdos especiales entre el Sistema de la Reserva Federal (SRF o Fed), y los bancos centrales europeos y de Japón; de forma que éstos renunciaron al derecho a solicitar la conversión en oro de sus ingentes stocks en moneda de EE.UU.

 De ese modo, el SRF funcionó, ya desde mediados de la década de 1960, como verdadero banco central del mundo; y el ingenioso sistema anterior del patrón de cambios oro se transformó, de facto, en un sistema fiduciario (por fidutia, confianza en una moneda patrón ya virtualmente sin respaldo oro); que hacía de la divisa norteamericana la moneda de cambio y de reserva virtualmente única del mundo, al dejar de existir la posibilidad práctica de acumular en oro o de pagar con ese metal.

En lo sucesivo, el funcionamiento del SMI se basó en la credibilidad que para los miembros del FMI ofrecía el dólar. Confianza que fue debilitándose a medida que las reservas oro de EE.UU. iban disminuyendo más y más; de tal manera que el pacto de no conversión de dólares en oro —que sólo Francia no asumió—, se transformó en ostensible imposición permanente que no podría hacerse eterna.

Así las cosas, la desconfianza en el dólar se agravó a finales de los años sesenta, a causa del incremento de los gastos militares norteamericanos en la Guerra del Vietnam, que crecieron de modo espectacular. La presencia de soldados estadounidenses en el teatro de operaciones, que llegó a medio millón, constituyó un dramático error, por mucho que los «secuaces» de John F. Kennedy tardaran más de treinta años en reconocerlo.

Me refiero a Robert S. McNamara y a su libro de 1995, In Retrospect: The Tragedy and Lessons of Vietnam, en el que el antiguo secretario de Defensa de Kennedy y Johnson cantó un esperpéntico y tardío mea culpa, sin tomar en consideración a los casi tres millones de muertos vietnamitas. Sólo los 55.000 estadounidenses le hicieron sentirse pesaroso, veinte años después de la primera derrota del Imperio.

La guerra de Kennedy/Johnson/McNamara/Nixon/Kissinger, comportó no sólo las disparatadas actuaciones bélicas que se reflejarían después en la filmografía de Francis Coppola (Apocalypse Now) y otros; en lo económico, fueron rompiéndose uno a uno todos los equilibrios, al intentarse, simultáneamente, ganar la guerra y llevar a cabo el programa social de Johnson en pro de la Great Society; de lucha contra la pobreza  dentro de los propios EE.UU., a fin de hacerse perdonar el holocausto del sudeste asiático.

La coincidencia de ambas políticas —la social sin renunciar a la militar, y viceversa— se tradujo en el más fuerte déficit presupuestario de EE.UU. Lo cual, unido a la continuidad de las inversiones de sus multinacionales en Europa v en otras áreas, condujo al doble déficit (twin dEficit), fiscal y de balanza de pagos.

El efecto de ese proceso no pudo ser —ya lo hemos anticipado— sino un flujo espectacular de dólares hacia el resto del mundo; los célebres eurodólares, que en lo sucesivo serían utilizados por la banca internacional para toda clase de operaciones.

Dejamos aquí el tema, para proseguir la semana próxima, ya con la nevada difuminándose en Madrid, declarada, con otras CC.AA., zona catastrófica. Ha habido peores catástrofes, porque Filomena nos ha dejado agua para muchos meses de consumo. Y para cualquier conexión con el autor, como siempre, el correo electrónico castecien@bitmailer.net.