La transición democrática, 1973-1982 (IV)

En esta cuarta entrega de la serie histórica sobre la transición democrática, nos referimos a la política económica, iniciando el análisis de lo sucedido entre 1973 y 1977. Es decir, el periodo que fue desde la muerte del Almirante Carrero Blanco, asesinado por ETA, y el momento de las elecciones generales que abrieron el definitivo camino a la democracia en España. Un cuatrienio que se caracterizó, sobre todo, por el primer choque petrolero. Con todo lo que supuso de estancamiento e inflación, naciendo entonces, precisamente, el neologismo estanflación como mezcla de ambas características por el parón del crecimiento, con un aumento importante de los precios en general.

Desde 1973 a 1977

En este artículo se presenta, primeramente, un hilo conductor de carácter histórico, de cuáles fueron las sucesivas respuestas al problema de la crisis económica que, con carácter general en la economía mundial que se desencadenó en 1973. En una segunda parte, se hace referencia a una serie de problemas económicos concretos (planificación, sector público, tecnología). Y al final se entra en cuestiones relativas al reparto de la renta y al empleo.

La crisis económica que se inició en 1973 con la referida alza de los precios del petróleo por el cártel mundial de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Una crisis que tendió a prolongarse en España por la situación política que precedió y siguió a la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975.

Concretamente, a principios de 1977, poco antes de llegar la democracia, los rasgos negativos de la situación económica expresiva de una auténtica ralentización con fuertes niveles de inflación, y endeudamiento exterior en rápido aumento.

Esa realidad, cambiando el desarrollismo anterior, desde el Plan de Estabilización de 1959, reflejaba los efectos de la doble crisis, económica y política. De modo que al agravamiento de los problemas referidos contribuyeron las vacilaciones del llamado aperturismo del presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, que había prometido una falsa democratización con el programa conocido como “espíritu del 12 de febrero de 1974”. Una etapa que también se conoce con el nombre del “Gobierno Arias-Fraga” (todo el primer semestre de 1976), hasta llegar a los nuevos planteamientos de Adolfo Suárez (julio 1976-junio 1977) como nuevo presidente, el último formado por el sistema de una terna  propuesta por el Consejo del Reino al Jefe del Estado, que desde 1975 fue Juan Carlos I, Rey.

Las recetas convencionales de esa primera parte de la transición, no solucionaron nada. En los tres años y medio que fueron desde octubre de 1973 (muerte de Carrero Blanco) a junio de 1977 (elecciones generales), se tradujeron en ocho “paquetes de medidas de política económica”, todos ellos igualmente ineficaces.

Los Pactos de La Moncloa

Tras las elecciones generales del 15 de junio de 1977, el segundo Gobierno Suárez, formado en julio de 1977, ante la gravedad de la situación económica, adoptó una serie de medidas, preconizadas por el vicepresidente de Asuntos Económicos, Prof. Enrique Fuentes Quintana, que por su carácter unilateral, no pudieron progresar, salvo el caso de la devaluación de la peseta, que en la valoración del Banco de España pasó de 70 a 87 pesetas igual a un dólar como cambio central.

Con ese nuevo valor, se pretendió forzar las exportaciones, incrementar el turismo, y atraer más inversiones extranjeras; encareciendo al tiempo las importaciones y otros pagos al exterior. Todo ello, lógicamente, para reducir el déficit por cuenta corriente de la balanza de pagos, y contener el progresivo endeudamiento exterior.

Luego, a poco más de tres meses de las elecciones generales de junio del 77, se apreció que era necesaria una política de consenso económico, que instrumentó Adolfo Suárez, llamando a La Moncloa a todos los partidos parlamentarios, que en conjunto elaboraron los célebres Pactos de La Moncloa (octubre de 1977).

Tendríamos que dedicar una entrega entera de esta serie a los Pactos, a los que por lo demás nos hemos referido ya alguna vez en nuestros tratamientos económicos en Republica.com, por lo cual haremos sólo un apretado resumen.

Primero de todo se viabilizó la moderación salarial, con aumentos máximos del 22 por 100 en la masa salarial bruta en 1978, en la previsión  de un incremento medio del 22 por 100 del índice de precios de consumo para 1978, cuando el tenor de la inflación en ese momento estaba en el 26 por 100, in crescendo.

Además, se proyectó el comienzo de una transformación importante en el modelo de desarrollo económico, para su democratización en los ámbitos más significativos; con reformas del sistema fiscal, de la seguridad social, un intento de reorganización de empresas públicas, nuclearización del sector energético, leyes agrarias en busca de una mayor racionalidad, etc.

Al tiempo, en los Pactos, se prefiguraron cuestiones políticas y jurídicas, de cara a la transición política en marcha, cuando se estaba discutiendo el nuevo texto constitucional, con el comienzo del régimen de autonomías, el establecimiento de derechos políticos frente a las Leyes Fundamentales de Franco, así como la supresión de la censura, la despenalización del adulterio, de los anticonceptivos, etc.

La política económica 1978-1982

En la realización de los Pactos, se dio absoluta prioridad a la llamada política de saneamiento a corto plazo (precios y salarios, medidas urgentes de carácter fiscal, presupuesto, temas monetarios), en tanto que las reformas estructurales, fueron demorándose en muchos casos. Y fue en febrero de 1978, cuando Suárez se sintió suficientemente consolidado como presidente del Gobierno, cuando modificó la composición de su Ejecutivo, con la salida de Fuentes Quintana de la Vicepresidencia, y la de Oliart del Ministerio de Industria y Energía; para dar entrada a Abril Martorell y Rodríguez Sahagún, respectivamente; lo cual significó el absoluto abandono de los aspectos más progresistas de los Pactos.

Desde entonces empezó a faltar un verdadero impulso económico transformador, que se patentizó un creciente conservadurismo, y entró en una política gota a gota, del día a día, sin un horizonte claro a medio y largo plazo.

 Ante tales actitudes, y después de aprobada la Constitución por referéndum del 6 de diciembre de 1978, y celebradas las segundas elecciones democráticas (también con el triunfo de UCD), en 1979, las críticas de la oposición se acentuaron, de tal modo que en septiembre de ese año se llevó a las Cortes un Programa Económico del Gobierno (PEG), elaborado más bien a efectos de imagen.

En materia de política de creación de empleo, apenas se sobrepasó el horizonte de algunas observaciones generales, retirándose programas de empleo juvenil previstos en los Pactos de La Moncloa y que apenas habían sido aplicados. En la reconversión de sectores industriales en crisis, aún no se tomó conciencia de la trascendencia de la crisis del sector secundario de la economía.

Por lo demás, en el PEG se hicieron las habituales observaciones sobre limitación de gastos corrientes por el Estado, con promesas –incumplidas luego— sobre una mayor participación relativa de la inversión pública; al tiempo que se anunciaron mejoras en el control presupuestario, con el colofón de incrementos de productividad en la Administración, que no tuvieron grandes resultados. Una vez más, la verdadera reforma administrativa se aplazaba, complicándose ahora más con el Estado de las Autonomías, en el que ya empezaron a apreciarse algunas dificultades por la difusa distribución de poderes entre la Administración General del Estado y las nuevas CC.AA.

Los impulsos políticos de los Pactos de La Moncloa, a lo largo de 1979 y 1980 fueron debilitando más y más al Gobierno de la UCD, en permanente agonía entre la crítica y la inacción, y en una línea de continua derechización. El cúmulo de dificultades que así fueron generándose, se reflejó en la marcha de los indicadores de paro y precios, que acabaron por desbordar las posibilidades de los debates ordinarios en las Cortes. Y, por primera vez, se planteó, por el PSOE, la moción de censura al Gobierno (mayo de 1980).

El debate parlamentario que se suscitó, ampliamente difundido por radio y televisión, tuvo un gran impacto. En él se puso de manifiesto que el Gobierno seguía sin una política económica con que afrontar la situación de crisis. Y simultáneamente la gente se percató de que ya estábamos en un régimen de libertades y de crítica permanente, hasta el punto de que se hacía referencia “al debate”, como una verdadera fórmula de solución de problemas.

Después, pasado el verano de 1980, y como efecto retardado del célebre debate de la moción de censura, el presidente Suárez remodeló su Gabinete, dando el cese al máximo responsable de la política económica (entre marzo del 78 y septiembre del 80), el vicepresidente Fernando Abril Martorell. Para acto seguido, el 16 de septiembre de 1980, ya con un gobierno mucho más en la derecha, plantear la cuestión de confianza. Un trámite en el que Suárez no presentó ningún nuevo programa de política económica, y en apariencia, aunque prácticamente sin ninguna virtualidad, siguió vigente el PEG. El segundo debate lo ganó Suárez nuevamente, en cierto modo como compensación por sus importantes servicios prestados a la democracia, pero ya con una duda clara sobre su continuidad al frente del Gobierno.

En definitiva, el abandono de los Pactos de la Moncloa, la política gota a gota de marzo de 1973 al verano de 1980, y los dos episodios parlamentarios ya comentados de ese año, mostraron el fracaso de toda una actitud poco atrevida para el cambio, frente al estancamiento persistente, paro en alza, e inflación reptante.

En parte, de tal situación y también por las tendencias políticas disgregadoras dentro de la UCD –por la permanente lucha interna de sus “barones”, de sus caciques y sus clientelismos— se derivó la profunda crisis interna del partido del Gobierno, que se manifestó en su Congreso de Palma de Mallorca, a principios de febrero de 1981, inmediatamente después de la dimisión de Suárez como presidente; lo que abrió la crisis del gabinete entero. Y en el ulterior proceso de investidura del nuevo presidente –amenazado por el golpe de Estado frustrado del 23 de febrero de 1981—, se produjo la presentación de las líneas básicas de la política del nuevo presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, hombre pausado, siempre discreto, pero que asumió el cargo ya como si intuyera la fecha de caducidad de la UCD. Los temas más importantes de su corto mandato, poco más de dieciocho meses, fueron los siguientes:

  1. En lo más estrictamente político, entrada en la OTAN y pretensiones de homogeneización de la política autonómica. Surgirían así dos graves controversias: la inconveniencia del ingreso de la Alianza Atlántica sin referéndum previo, y la proyectada Ley Orgánica de Armonización de la Política Autonómica (LOAPA), que el Gobierno pactó con el PSOE frente a la oposición del PCE, PNV y CiU.
  2.  Mayor énfasis en la opción nuclear, en el contexto del Plan Energético Nacional (PEN), actualizado para incluir nuevas centrales nucleares, lo que luego agudizaría el exceso de oferta eléctrica.
  1. Planteamientos de moderación salarial, que se tradujeron en el Acuerdo Nacional de Empleo (ANE), en el que se prometieron 350.000 nuevos puestos de trabajo hasta fines de 1982, sin lograr otra cosa que 300.000 parados adicionales.
  1. Promesas de reconversión industrial para los sectores en crisis más afectados (siderurgia, construcción naval, textil) y promesas de una mayor aportación del Estado a la financiación de la Seguridad Social.

Con esas consideraciones, ampliamente incumplidas en su pretendido alcance, se acentuaron aún más los rasgos ya mencionados de estancamiento y paro, sin apenas alivio en el área de la inflación.

Dejamos aquí el tema por hoy, en la idea de iniciar el siguiente periodo a partir de las elecciones generales de 1982, cuando se produjo la primera alternancia política en la España democrática, al pasar de un gobierno de centro-derecha de UCD al PSOE dirigido por Felipe González.

Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net. Que tengan todos Vds. un año 2021 interesante, eso seguro que lo será, y en el cual ya vayamos dejando para atrás los efectos de lo que los anglosajones están llamando “the fucking pandemic”.