La transición democrática, 1973-1982 (II)

Continuamos hoy con la serie iniciada la última semana, con la presente entrega el día de Nochebuena, por lo cual, antes que nada, felicitamos la Navidad a los lectores de Republica.com. continuamos hoy con la actividad de la Junta Democrática de España, con toda una serie de actividades en Cataluña y el País Vasco, así como en el ejército, para continuar con el primer gobierno de la monarquía Arias/Fraga, quedándonos en las puertas del primer gobierno Suárez y la reforma política.

De la Junta Democrática a la Platajunta

En el proceso de integración de las distintas tendencias políticas democráticas, también la JDE tuvo un papel decisivo. Desde antes de su formación, sus promotores invitaron a que ingresaran en ella todas las fuerzas políticas democráticas. Por una serie de razones, algunas de las que quedaron fuera, crearon, en junio de 1975, la Plataforma de Convergencia Democrática (PCD), que estuvo integrada inicialmente por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Izquierda Democrática (democristianos de Ruiz Giménez), Unión Socialdemócrata Española (USDE), Organización Revolucionaria del Trabajo (ORT), Movimiento Comunista (MC) y Partido Carlista.

A poco de constituirse la PCD, se abrieron conversaciones entre ella y la JDE, con el propósito de examinar las posibilidades de conexión con vistas a reforzar la lucha por la democracia. Esas conversaciones fueron largas, llenas de reticencias, pero lo cierto es que el 30 de octubre de 1975 –cuando Franco se encontraba ya en estado de suma gravedad tras su hospitalización a mediados de ese mes— se llegó a un primer acuerdo en el que se puso de relieve la voluntad de emprender conjuntamente, sin dilación alguna, las acciones políticas adecuadas para la consecuión de los objetivos democráticos.

Finalmente, el 26 de marzo de 1976 se acordó la disolución de la Junta Democrática de España y de la Plataforma de Convergencia Democrática, y la simultánea constitución de un solo órgano de la oposición, denominado Coordinación Democrática –más conocida como la “Platajunta”—, como medio indispensable de ofrecer a la sociedad española una alternativa de poder, capaz de transformar, por vía pacífica, el Estado actual en un Estado Democrático.

Catalanes, vascos y militares

Al panorama de partidos y grupos de la oposición que hemos examinado ya hay que agregar los planteamientos de las fuerzas políticas en Cataluña y País Vasco.

Entre las organizaciones políticas de Cataluña estaban el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), de tendencia comunista, Convergencia Socialista de Catalunya (CSC), y la Unió Democràtica de Catalunya (UDC). Los tres citados partidos y otros cuatro más (Esquerra, Front Nacional de Catalunya, Carlistas y Partit Popular) constituyeron, desde diciembre de 1969, la Coordinadora de Fuerzas Políticas de Catalunya (CFPC). Por otra parte, desde el 7 de noviembre de 1971, y promovida por la CFPC, funcionó la Assemblea de Catalunya, en la que se integraron partidos políticos, organizaciones obreras, de profesionales y de estudiantes, movimientos ciudadanos, etc. Después, a finales de 1975, nació en Barcelona el Consell de Catalunya, en el que además de todas las fuerzas que estaban en la CFPC figuraban partidos de nueva creación, como los promovidos por Jordi Pujol y Ramón Trías Fargas, etc., luego coaligados en Convergència i Unió.

En el País Vasco la principal fuerza política por el número de sus afiliados y simpatizantes siguió siendo —como antes de la guerra civil según tenemos visto— el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Tras una larga decadencia, el PNV comenzó a revitalizarse en 1964, año desde el cual volvió a celebrarse el «Aberri Eguna» (fiesta nacional vasca) convocada por el PNV.

No obstante, desde años atrás, el PNV no ofrecía grandes perspectivas para los nacionalistas más encendidos. Por ello un 31 de julio de 1959  se desgajaron un conjunto de antiguos afiliados que decidieron organizarse en «Euzkadi ta Azkatasuna» (Euzkadi y Libertad = ETA). Desde diciembre de 1966, en que celebró su V Asamblea, ETA se autodefinió como «movimiento socialista vasco de liberación nacional», y desde entonces desplegó una actividad política y armada considerables, con no pocas disidencias dentro de ella.

Para terminar el repaso de las fuerzas opositoras en el amanecer de la nueva democracia española, señalemos que una de las máximas novedades políticas de 1975 fue la expansión indudable de la Unión de Militares Demócratas (UMD), organizadora, desde las fuerzas armadas, de una posición democratizante de cara al futuro de España. En julio de 1975 fueron procesados diez oficiales (Luis Otero, Fernando Reinlein, etc.) y juzgados y condenados en marzo de 1976.

Finalmente, también hay que poner de relieve la actitud de los funcionarios públicos, con su Unión de Funcionarios Demócratas (UFD); más específicamente, los funcionarios de la justicia –magistrados, jueces, fiscales, etc.— formaron desde 1974 el movimiento “Justicia Democrática”.

El primer gobierno de la monarquía (Arias/Fraga)

Con la muerte del general Franco (20 de noviembre de 1975), Juan Carlos de Borbón se convirtió automáticamente en rey de España, conforme a las previsiones sucesorias, Y acto seguido, confirmó a Arias Navarro como Presidente de Gobierno, quien remodeló su gabinete el 12 de diciembre de 1975, dando entrada a ministros «reformistas» como Fraga, Areilza, Garrigues, Osorio y Martín Villa. Oficialmente, la posición adoptada por el nuevo Gobierno fue la reforma, con un cambio limitado del modelo político.

En un principio, muchos pensaron que la reforma podría realizarse rápidamente. Incluso llegó a imaginarse lo que podría ser su secuencia: discurso de la Corona y disolución de las Cortes orgánicas al cumplirse el término de la primera prórroga de la 9ª legislatura en marzo de 1976; nueva ley electoral y preparación para esa misma fecha de un paquete de reformas conducentes a la revisión de las Leyes Fundamentales; referéndum; puesta en funcionamiento de un sistema de partidos políticos; elecciones municipales en noviembre de 1976 y, finalmente, ya en 1977, elección de unas Cortes por sistema de sufragio universal con algunas restricciones.

Frente a la brecha de tolerancia del nuevo Gobierno en su intento de «homologación» con Europa, los elementos más integristas comenzaron a dar señales de inquietud. Todo ello condujo a una «ralentización» de la reforma en sus diversas manifestaciones: derechos de reunión y manifestación, nuevo estatuto de asociaciones políticas, ley electoral y elecciones municipales; además de otras medidas a estudiar ad calendas graecas por una Comisión Mixta Gobierno/Consejo Nacional del Movimiento.

En definitiva, la reforma unilateral se configuró como secreta, y de muy bajo techo, a fin de excluir del juego político a los partidos y a las organizaciones menos afines al régimen. Así pues, el punto de vista de la oposición sobre la reforma no pudo ser otro que el de un rechazo total y absoluto, con la reiteración, al tiempo, de la necesidad de libertades inmediatas para abrir un período constituyente. El ya mencionado acuerdo, del 26 de marzo de 1976, para la constitución de Coordinación Democrática, fue la expresión de ello.

Sin posible evolución propia y sin posibilidades de pactar con la oposición, la reforma Arias/Fraga iniciada en diciembre de 1975, se quebró definitivamente en julio de 1976. Entre otras cosas, porque se planteó como un proceso ordenancista, de leyes parciales, sucesivas, con carácter otorgado, sin ningún contacto serio con la oposición. En las Cortes, pudieron aprobarse los textos relativos a los derechos de reunión y de asociación política; pero se mantuvo toda clase de discrecionalidades en manos de los gobernadores civiles, en el primer caso, y en el Ministerio de la Gobernación, en el segundo, al tratar de imponer una célebre y estrecha «ventanilla», por la que habían de pasar los partidos que quisieran legalizarse.

El fracaso de este primer plan de reforma política fue estrepitoso. El reformismo de Fraga se reveló corto y tardío, al igual que había sucedido antes (en 1974), con el aperturismo de Arias. La oposición democrática no aceptó la reforma impuesta, y el Sr. Fraga se crispó de tal forma que llegó a enviar a la cárcel a buen número de miembros de la oposición. El resultado de todo ello no se hizo esperar; el «gobierno de la reforma» perdió el rumbo incluso antes de haber llegado a presentar su proyecto global En estas condiciones, el rey Juan Carlos cesó a Arias, reunió al Consejo del Reino, y de la terna que éste le propuso eligió a Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno.

Seguimos la semana que viene, el jueves 31, último día del año. Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.