La transición democrática, 1973-1982 (I)

La semana pasada terminamos una síntesis sobre “La era de Franco”, un tema sobre el cual el autor recibió numerosas comunicaciones. De entre las cuales hemos seleccionado la del Prof. Martín Lobo, un insigne ingeniero de montes, con quien el Prof. Tamames profesa una gran amistad desde tiempos inmemoriales. Como podrá verse por el comentario que hace de la serie sobre Franco, aprecia la labor que hacemos desde Republica.com de difusión de nuestra Historia más reciente, de la que se carece en la enseñanza actual. En parte por la repercusión de nuestra narrativa de las últimas semanas, casi continuamos con el tema donde lo dejamos el pasado jueves, para dedicar las próximas entregas a la Transición democrática.

El último gobierno de Franco

Con la muerte del almirante Carrero el 20 de diciembre de 1973 en el atentado de ETA, dio comienzo la crisis política definitiva del régimen de Franco. Todo el mundo comenzó a hablar de cambios. La oposición democrática, presentando la «ruptura» como única solución para abrir la vía a la democratización de la sociedad y del Estado. Por su parte, los «aperturistas» del régimen formularon como solución la reforma de Las Leyes Fundamentales, cuyas holguras, según ellos habrían de dar margen suficiente para la evolución. Entretanto, los «integristas», también dentro del bloque del poder, se mostraron partidarios de preservar el statu quo, e incluso de regresar a las esencias de los años 40, consideradas perdidas o cuando menos semiolvidadas.

La actitud de los aperturistas, si se analiza en profundidad, no se hallaba tan alejada de los integristas. En el fondo, el aperturismo equivalía a un intento de alargar la vida del modelo autocrático franquista, suavizando sus aristas y admitiendo el riesgo de un cierto aumento en la inestabilidad. La experiencia del propio Gobierno de Arias Navarro, sucesor de Carrero, fue bastante ilustrativa, con su programa político del 12 de febrero de 1974 que luego comentaremos.

La creación de FEDISA, en julio de 1975, por hombres como Areilza, Cabanillas, Fraga y Fernández Ordóñez, fue un golpe contra Arias Navarro, como clara muestra de la preferencia por la forma de sociedad anónima para la actividad política, en vez de las asociaciones preconizadas desde el poder.

Con casi todos ya más o menos en contra, el endurecimiento del régimen a lo largo de 1975, se hizo evidente en el discurso que el 24 de junio de 1975 pronunció antes las Cortes Arias Navarro al centrarse en una definición de lo que él llamó el área de principios inmutables. Concretamente, en esa ocasión formuló una trinidad de cuestiones, que sintetizamos seguidamente: 

  1. La exclusión radical del comunismo “en sus distintas tendencias, grupos o manifestaciones”, que incluía a cualquier grupo con connotaciones obreras reivindicantes. Actitud que básicamente significaba la negación a permitir organizarse política y sindicalmente en la legalidad a buena parte de las clases trabajadoras.
  1. La afirmación de la unidad nacional para proscribir “inapelablemente las posiciones separatistas”, lo cual se traducía en el rechazo más contundente de cualquier proyecto de autonomías.
  1. La última pieza de la “trinidad” era el reconocimiento de la forma monárquica del Estado, equivalente a plantear del modo más puro y simple el continuismo de la monarquía autoritaria ideada por Franco.

En resumen, la “trinidad de Arias” atacaba lo que podríamos llamar, por antítesis, la “trilogía” de la oposición democrática: la no exclusión de ningún grupo o partido político siempre que se aceptara el juego democrático y no se sirviese de la violencia; el principio de autonomía de las distintas nacionalidades y regiones de España; y Ja cuestión de que el pueblo debería decidir libremente la forma política del Estado.

Ulteriormente, en el verano de 1975, y ante algunas acciones de la ETA y del Frente Revolucionario Antifascista Patriótico, FRAP, contra fuerzas policiales y de la Guardia Civil, la postura del Régimen mostró un endurecimiento aún mayor. Ello se manifestó en agosto y en los primeros días de septiembre en un recrudecimiento de secuestros y suspensiones de revistas y prohibición de actos culturales; y llegó a su punto culminante con la publicación del llamado Decreto-Ley de Represión del Terrorismo, y del nuevo reglamento de la policía gubernativa. En todo este contexto, el 27 de septiembre fueron ejecutados dos miembros de ETA y tres del FRAP, por hechos terroristas ocurridos anteriormente. No hubo conmutaciones como en el célebre «proceso de Burgos» que en 1971 había dado celebridad a la ETA.

Las cinco ejecuciones —que incluso el Papa intentó evitar intercediendo tres veces— generaron una inmediata y fortísima respuesta popular europea, así como la retirada transitoria de catorce embajadores. De este modo, la operación «apertura» quedaba totalmente desbaratada entre la opinión pública europea.

En busca de un contrapeso interno a la respuesta popular y oficial internacional a causa de las ejecuciones, la decisión del régimen fue organizar una gran «concentración patriótica contra la injerencia extranjera» en la plaza de Oriente de Madrid, el 1 de octubre de 1975, coincidiendo con el 39 aniversario «de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado». Éste fue prácticamente el último acto público al que asistió el Caudillo. Y son muchos los que piensan que en el balcón del palacio de Oriente contrajo la enfermedad que por una serie de complicaciones le ocasionaría la muerte cincuenta días después.

La Junta Democrática de España (JDE)

Como hemos visto, el comportamiento del régimen de Franco a lo largo de 1975, fue de claro endurecimiento de su línea política. ¿Por la violencia, por el terrorismo? En realidad, el peligro para el régimen venía de otro lado; básicamente, de la mayor actividad de la oposición democrática y pacífica.

Desde el verano de 1974, la oposición había comenzado a coordinarse y desplegar una mayor actividad. El 29 de julio de este año se creó formalmente la Junta Democrática de España (JDE), que desde el verano de 1974 promovió la formación de juntas por todo el territorio nacional. La JDE estaba integrada por el Partido Comunista de España, Partido del Trabajo, Partido Socialista Popular (de Enrique Tierno y Raúl Morodo), Federación de Independientes Demócratas, Alianza Socialista de Andalucía (luego Partido Andalucista, de Alejandro Rojas Marcos), Comisiones Obreras (con Marcelino Camacho a la cabeza) y numerosas organizaciones de base, así como por personas políticas independientes a nivel nacional (como Antonio García Trevijano, Rafael Calvo Serer, José Vidal Beneyto, etc.), y por una gran proporción de gentes de todas las clases sociales; agrupadas o no en asociaciones de vecinos o de amas de casa, clubes juveniles, movimientos femeninos, culturales, etc.

La característica del movimiento de las juntas era su autonomía. La había a nivel local, de carácter sectorial (profesionales, arte y cultura, empresarios, funcionarios, etc.) y territorial (de barrios, pueblos, y providenciales). El escalón intermedio lo cubrían las Juntas Regionales.

 Los fundamentos de la JDE se expusieron en los doce puntos de su declaración constitutiva, donde se propugnaba:

  1. La formación de un Gobierno Provisional para devolver a todos los españoles su plena ciudadanía mediante el reconocimiento de las libertades de los derechos y deberes democráticos.
  2. La amnistía absoluta de todas las responsabilidades por hechos de naturaleza política o sindicales.
  3. La legalización de los partidos políticos sin exclusiones.
  4. La liberad sindical, y la restitución al movimiento obrero del patrimonio del Sindicato Vertical.
  5. Los derechos de huelga, de reunión y de manifestación pacífica.
  6. La libertad de prensa, de radio, de opinión y de información objetiva en los medios estatales de comunicación social, especialmente en la televisión.
  7. La independencia y la unidad jurisdiccional de la función judicial.
  8. La neutralidad política y la profesionalidad, exclusivamente militar para la defensa exterior, de las fuerzas armadas.
  9. El reconocimiento, bajo la unidad del Estado español, de la personalidad política de los pueblos catalán, vasco, gallego y de las comunidades regionales que lo decidieran democráticamente.
  10. La celebración de una consulta popular para decidir la forma definitiva del Estado.
  11. La separación de la Iglesia y el Estado.
  12. La integración de España en las Comunidades Europeas.

La gran virtualidad de la JDE es que permitió a muchos, en toda España (excepto en Cataluña y el País Vasco, donde hubo configuraciones propias) incorporarse a la lucha política sin necesidad de adherirse previamente a ningún partido político. Así, las juntas fueron para muchos una primera escuela de aprendizaje, al llevar a amplios sectores de población la conciencia de que sin una alternativa política democrática la mayoría de los problemas laborales, sociales, etc., no tenían solución.

Dejamos aquí el tema por hoy, para reanudarlo el próximo jueves, día de Nochebuena. Agradecemos a los lectores de Republica.com la atención que nos prestan, incluidas sus cartas como la que hoy es parte de nuestras inquietudes, que pueden enviarle al autor al correo electrónico castecien@bitmailer.net.

Carta del Prof. Martín Lobo, veterano Ingeniero de Montes, a Ramón Tamames, sobre sus artículos relativos a “La era de Franco”. Transcripción completa:

Amigo Ramón:

Tus artículos sobre la Era de Franco son todo lo objetivos que cabía esperar de ti, aunque algunas veces te sale un poco tu ascendencia juvenil vivida en la cárcel de Carabanchel.

Eres objetivo cuando dices que Franco “no tenía alta grandeza de estratega”, pero que era el general más joven de Europa. Lástima que no digas también que es el único que ha vencido en guerra a Stalin o sus secuaces.

Y que no hizo nada para acortar la guerra, por ser ambicioso. Bueno, tuvo que ir al Alcázar de Toledo, y en seguida vinieron las Brigadas internacionales…

A causa “de la guerra civil fratricida (hubo dos partes en litigio) le cargas 16 años de regresión. Pero luego reconoces que con el Plan de Estabilización logró un crecimiento del 7,7% y aumentó el PIB 2,5 veces. Que ya los quisiéramos ahora…

Y que con el consumismo y el 600 hubo un cambio en la sociedad, pero no había libertades políticas, aunque sí aumentó la libertad religiosa y la de prensa, todo ello superado por la sociedad (era el que suscribe Consejero de redacción del YA, y algo sé de eso. En dicho Consejo estaban Alberto Martín Artajo, Aquilino Morcillo, director, José María García Escudero… Mi primer artículo sobre Reforma Agraria y desarrollo regional estuvo retenido por la censura 15 días a pesar de estar avalado por Herrera Oria…).

Y el respaldo que le dieron en los años 50 tanto EE.UU. como el Vaticano y luego todos los países, que tú destacas, no sirve para nada a estos pseudohistoriadores de la memoria.

Pero lo que más me ha gustado es, porque el “tiempo” o “época” de Franco los hayas titulado “La Era de Franco”, dándole una categoría superior que hace que los consideres bastante en tu interior o subconsciente.

Porque dice la RAE: “ERA: extenso periodo histórico caracterizado por una gran innovación en las formas de vida y de cultura.” Y en la ERA, bajo Franco, los hubo…Un abrazo, Ramón.