México de 1547 a 2021 (y VII)

Terminamos hoy la breve historia de México que hace seis semanas iniciamos para los lectores de Republica.com, en la previsión de que en 2021 se cumplirán los dos siglos de independencia de los mexicanos, después de tres centurias de la Nueva España, el estado que creó Hernán Cortés, y que hoy es el primer país hispanohablante con sus 130 millones de almas y sus miles de problemas. Arrancamos nuestra sesión de hoy con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que tantos años gobernó en México.

EL PRI Y DESPUÉS

El sucesor de Cárdenas en la presidencia, Manuel Ávila Camacho (1940-1946), señaló las principales líneas directrices de una política, llamada «de consolidación de las conquistas revolucionarias», que caracterizó la actividad gubernamental mexicana en el siglo XX. Se puso en marcha un desarrollo económico planificado y se abandonaron parte de las conquistas sociales prometidas durante el período revolucionario. El nuevo presidente proclamó su interés por la «unidad nacional» y la «conquista de la independencia económica del país», es decir, la integración de diferentes sectores sociales en una nueva sociedad industrial de México.

Su labor se desplegó en muchas direcciones: reafirmó las estrechas relaciones entre los dirigentes de los sindicatos obreros y la administración estatal, y en 1945 –ya se anticipó— dio nuevo nombre al Partido nacional de la revolución, para llamarlo Partido Revolucionario Institucional, PRI, con una fuerte burocracia del poder, para asegurar la estabilidad, continuidad e influencia política. Consiguió, además, la profesionalización del ejército, y abandonó el anterior anticlericalismo, aprobando la enseñanza religiosa, reformando el art. 3° de la Constitución, a la que quitó sus características socializantes. El 10 de abril de 1944 sufrió el atentado de un militar anarquista, del que se salvó por llevar chaleco antibalas. En 1946 se retiró y tuvo una intensa vida social hasta su muerte, en 19551.

Por otra parte, y en cuanto a su política agraria e industrial, Ávila Camacho supeditó la devolución de las tierras a los campesinos a su productividad, que se intentó elevar con los nuevos regadíos y programas hidráulicos, la colonización (la «marcha hacia el mar», especialmente hacia las tierras bajas del golfo) y la modernización del trabajo agrícola. Adicionalmente, propuso leyes para el desarrollo de nuevas y necesarias industrias (febrero de 1946). Por último, y en cuanto a su política exterior, declaró la guerra a las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón), e intentó una «concordia internacional», concretamente en el acuerdo con EE.UU. sobre la indemnización petrolera y la reanudación de una estrecha cooperación económica con este país, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y la URSS, y la incorporación de México a las Naciones Unidas2. 

Después de Ávila Camacho, sentadas las bases de la estabilidad política, el PRI, se aseguró la continuidad en la obra de los presidentes Miguel Alemán (1946-1952), Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), Adolfo López Mateos (1958-1964), Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría (1970-1976), José López Portillo (1976-1982), Miguel de la Madrid (1982-1988), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), Ernesto Zedillo (1994-2000), para llegar a Vicente Fox (2006-2006), que ya no fue presidente por el PRI, sino por el Partido de Acción Nacional (PAN), que continuó en el poder con Felipe Calderón (2006-2012), para volverse al PRI con Enrique Peña Nieto (2012-2018).

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tomó posesión en diciembre de 2018, con su propio partido, Movimiento Regeneración Nacional, Morena, que ganó con la coalición Juntos haremos historia, triunfante en las presidenciales de 2018.

El México de hoy es un país lleno de problemas, sobre todo por la desigualdad económica, con 53,4 millones de pobres, el 43,6 por 100 de la población, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo. Aparte de eso, en los últimos años el narcotráfico ha desbordado las peores expectativas. Por lo demás, su dependencia económica de EE.UU. es extrema, con más del 80 por 100 del comercio total con el vecino del Norte. La labor pendiente para AMLO es ingente, y hasta ahora lo que se ha hecho no es gran cosa, en contra de lo mucho prometido. Veremos si se celebra el referéndum sobre sus dos primeros años de gobierno, y si entonces supera la prueba.

Reflexiones finales 

Me pareció oportuno que para solemnizar un poco esta breve historia de los mexicanos, hiciéramos una especie de breve debate entre un interlocutor misterioso que no rebela su nombre y el autor del artículo. El resultado final es el que sigue.

  • De este artículo, le confieso que he aprendido mucho de la Historia de la Nueva España y de México.

  • Gracias. Yo también. La historia después de Cortés, y sobre todo tras la independencia, es más que compleja, con una serie de etapas a diferenciar de una u otra manera. Lo que sí está claro es que entre 1821 y 1910, hubo 90 años de tentativas hasta encontrar una cierta estabilidad política, que finalmente se alcanzó con la revolución mexicana y el PRI.

  • ¿Y por qué esa Historia de México que Vd. prolonga hasta los últimos días?

  • Muy sencillo: ni México empieza con Cortés, ni termina con el último virrey. Naturalmente, tras la última entrega del artículo, veo que hemos incidido en el primer imperio, la primera república, el segundo imperio, la Reforma, el Porfiriato, la revolución, y al final, la institucionalizada en el PRI. Es la historia compleja de un país que se constitucionalizó durante más de un siglo. Pero no es extraño: a la vieja España también le costó por lo menos ese tiempo, e incluso más, entre 1814 y 1977.

  • Y la actitud frente a Cortés en el propio México, especialmente tras la independencia, ¿por qué fue tan diversa?

  • Sí que lo ha sido, aunque con una mayoría de estudiosos y políticos mexicanos mayoritariamente favorables a Cortés. Sobre todo, cuanto más se estudia al personaje y su tiempo, más reflexión positiva se encuentra. Y es que Cortés fue superior al segundo de la fila, Pizarro. Se obsesionó por México y su futuro. Pensaba en una Nueva España precisamente nueva, sin las burocracias y ataduras de la vieja.

  • ¿Y cómo concluye Vd.?

  • Tras la era virreinal de la América española, se formaron 20 nuevas naciones de un tronco común, Iberoamérica, e ignorar lo que España contribuyó a todo eso, es un absurdo histórico. Pero que seamos 600 millones de hispanohablantes es sólo una meta demográfica, con la cual no cabe valorar las posibilidades de la comunidad iberoamericana. Cuando se acabe con los sectarismos y verdades a medias de lo que es la huella española en el Nuevo Mundo, sus pobladores no estarán completos y no podrán dar de sí el máximo de sus posibilidades. El orgullo de un pasado común nos impone a los españoles una obligación especial de conocer la Historia. Hoy terminamos una muy breve de México, pero hay que desencriptar mucho más.

  • Viniendo de Vd., todo tiene que ser desencriptado.

  • Desde luego, está Vd. en lo cierto, y no se vanaglorie demasiado de que se lo reconfirme.

 

Nos despedimos aquí de la Historia de México, y los lectores, como siempre, pueden dirigirse al autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

1 Wenceslao Vargas Márquez, «Ávila Camacho: 70 años del atentado», Plumaslibres.com, 2014.

2 Enrique Krauze, El presidente y su hermano, Vuelta, México, 1997; Jean Meyer, De una revolución a la otra: México en la historia. Antología de textos (en inglés). El Colegio de Mexico AC, 2013.