México de 1547 a 2021 (VI)

Continuamos hoy con la serie sobre Historia de México, que se ofrece a los lectores de Republica.com, en previsión del hecho histórico de que en 2021, a muy poca distancia ya, se conmemorarán los 200 años de la independencia de México. Cuando desde la Nueva España, fundada por Hernán Cortés, y que duró tres siglos, se dio el paso a un país independiente que es hoy el mayor de los hispanohablantes con sus 130 millones de mexicanos. Ofrecemos esta Historia con un sentimiento de obligada fraternidad de ambos pueblos, originariamente mexicas y celtíberos, en la idea de que 2021 será un año de reencuentro histórico y cultural entre los dos países. Corresponde hoy la parte dedicada a la revolución mexicana, entrando ya en el siglo XX.

LA REVOLUCIÓN MEXICANA

La paz de Porfirio, el célebre Porfiriato que vimos la pasada semana, comenzó a agrietarse en 1907. Una incipiente depresión económica afectó a los precios y el volumen de las exportaciones, situando a México en los comienzos de una etapa prerrevolucionaria. Los obreros de distintos puntos del país y los trabajadores de varias ramas de la industria declararon una larga serie de huelgas, que fueron duramente reprimidas. Y desde 1909, las clases medias se organizaron en nuevos partidos políticos de oposición.

En 1910, una nueva generación intelectual hizo, con motivo de la celebración del primer centenario de la declaración de independencia de Hidalgo, el balance de los adelantos del país y condenó el camino escogido por Porfirio Díaz. Fueron repudiadas la filosofía oficial, el positivismo; las costumbres de la aristocracia, el afrancesamiento; la política económica, el colonialismo capitalista; así como la falta de libertades.

Una diversidad de fuerzas sociales se pusieron bajo la dirección de un terrateniente del norte, Francisco Madero, y el 20 de noviembre de 1910 –fecha que se considera como inicio de la revolución— se levantaron en armas contra el Porfiriato (Plan de San Luis), sin que el bien disciplinado ejército de la dictadura pudiera detener a las partidas revolucionarias. El dictador previó la derrota, y por ello mismo renunció al poder el 25 de mayo de 1911 y abandonó el país para instalarse en París, donde murió en 1915.

Las presidencias de Madero; Pancho Villa y Emiliano Zapata

El presidente interino, Francisco León de la Barra, se opuso eficazmente a la realización inmediata de toda clase de demandas revolucionarias y convocó elecciones, que dieron el triunfo por abrumadora mayoría a Francisco Madero, quien, entonces como presidente, trató de volver al viejo orden liberal de la Reforma. Pero esa política no fue del agrado, sobre todo de los intereses económicos de EE.UU., que la encontraron peligrosa para sus inversiones en México.

En ese contexto de tensiones, en noviembre de 1911, los campesinos del estado de Morelos, próximo a la capital, que tenían como líder a Emiliano Zapata, se levantaron al grito de «¡Tierra y libertad!», y otro tanto hicieron en el norte los seguidores de Pascual Orozco. Insurrecciones a las que Madero se enfrentó con éxito, pero sucumbió ante la rebelión del ejército porfirista. El general Victoriano Huerta, después del «pacto de la embajada» (febrero de 1913), celebrado bajo los auspicios del embajador norteamericano Henry Lane, se autonombró presidente y organizó el asesinato de Madero.

 Venustiano Carranza, gobernador maderista de Coahuila, desconoció el mando de Victoriano Huerta como autoproclamado presidente (1913-1914) y, apoyado por antiguos jefes revolucionarios (Obregón, Pancho Villa, Lucio Blanco, etc.), inició, de acuerdo con el Plan de Guadalupe (marzo 1913), el movimiento reconstitucionalista, que, después de dieciocho meses de guerra, obligó a Victoriano Huerta a abandonar el poder (julio 1914).

Por su parte, los partidarios de Pancho Villa rompieron con Carranza y se acercaron a los zapatistas, que no habían reconocido nunca a los constitucionalistas. En poco tiempo, Pancho Villa y Emiliano Zapata entraron en México y desconocieron al presidente provisional Eulalio Gutiérrez, surgido de la convención de Aguascalientes (octubre 1914), tras la dimisión de Venustiano Carranza. Pero Carranza, apoyado por el revolucionario Obregón, incorporó a su programa político promesas obreristas y agraristas (decretos de diciembre 1914 y enero 1915).

Obregón venció a los villistas y zapatistas, y aseguró el triunfo de Carranza, quien ya en el poder, otra vez como presidente (1914-1920) se opuso a las acciones huelguísticas de los obreros de Guadalajara, México, Veracruz, etc. Protegió las grandes propiedades agrarias, y parece que aprobó el asesinato de Zapata, en una emboscada, a traición (abril 1919)1. Por otra parte, reunió en Querétaro un congreso constituyente (1916-1917), en el que los «jacobinos», influidos por el ideario político de Ricardo Flores Magón y el plan de Ayala del propio Emiliano Zapata, impusieron a Carranza el contenido social de la Constitución de 1917, que fue la definitiva expresión de la Revolucionaria Mexicana.

Reformas de Obregón y Vasconcelos

A partir de 1920, la elección de presidentes ya fue siempre pacífica: Álvaro Obregón (1920-1924), Plutarco Elías Calles (1924-1928), Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1934), Abelardo Rodríguez (1932-1934) y Lázaro Cárdenas (1934-1940). Una sucesión de políticos de origen revolucionario que removieron los obstáculos que se oponían a la práctica de los preceptos constitucionales y sentaron las bases de la reconstrucción nacional.

El general Obregón, por medio de su ministro José Vasconcelos, promovió la reforma educativa y cultural: se edificaron numerosas escuelas rurales; se fundaron bibliotecas aun en los pueblos más pequeños; se fomentó el teatro popular. Por otro lado, se combatió el positivismo con la filosofía de la intuición, de la emoción y de la vida, de José Vasconcelos –a quien ya nos hemos referido en el capítulo 2 de este libro— y Antonio Caso Andrade2. Las letras y las artes volvieron la atención a las tradiciones mexicanas: helenismo de Alfonso Reyes3, influencia del hispanismo de P. Henríquez Ureña, e indigenismo de Manuel Gamio4.

El Palacio de Bellas Artes, uno de los símbolos de la renovación cultural de México en el siglo XX

En el terreno social, se promovió la donación de ejidos5 a los pueblos, así como una serie de leyes beneficiosas para los pequeños propietarios agrícolas (ley federal de tierras ociosas de 1920 y ley de las tierras libres de 1923), además de reconocer a los zapatistas en el estado de Morelos y favorecer el desarrollo sindical.

El presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928) pasó a la historia como el apóstol de la reforma religiosa, con el nacimiento de una Iglesia apostólica mexicana, que tuvo muy pocos adeptos. Dispuso el registro y la reducción del número de sacerdotes, y tuvo que hacer frente a una formidable respuesta que le dieron los católicos, conocida con el nombre de «revolución cristera», iniciada en 1926 y concluida, mediante convenios, con el presidente Portes Gil, en 1929. Por otra parte, fue Calles quien institucionalizó la revolución mexicana mediante la creación del Partido Nacional Revolucionario, luego, con Ávila Camacho, Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Lázaro Cárdenas

El presidente Cárdenas (1934-1940) asumió el máximo liderazgo de las reformas agraria y laboral a fin de aumentar el número de propietarios, fomentando la propiedad comunal de la tierra (repartió casi 18 millones de ha. entre 774.000 familias); mejorar e incrementar la producción agrícola, por medio de la apertura de nuevas zonas de cultivo, irrigación, aprovechamiento de los productos tropicales, mejora de los instrumentos de labranza y crédito para los agricultores6.

La reforma laboral se fijó como metas el tomar medidas protectoras para el obrero: organización en sindicatos y en la confederación de trabajadores, promoviéndose leyes obreristas, como la federal del trabajo, y campañas para preservar la salud de los trabajadores.

Bajo la consigna de «México para los mexicanos», ordenó la expropiación de los bienes de las compañías petroleras británicas, neerlandesas y estadounidenses (18 marzo 1938) y los de varias empresas de ferrocarriles. A él también se debió la apertura del país a los emigrados políticos de España (unos 30.000) con motivo de la guerra civil de 1936-1939, y México siguió reconociendo a la República Española, hasta las elecciones democráticas del 15 de junio de 1977. Mantuvo, además, excelente relación con el presidente F.D. Roosevelt de EE.UU.7

Dejamos aquí el relato histórico para terminar la próxima semana con esta sintética Historia de México. Y como siempre, los lectores de Republica.com podrán conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

1 Sobre Zapata, John Wormack, “Zapata y la revolución mexicana”, Siglo XXI editores, México, 1969; Alfonso Reyes, Emiliano Zapata. Su vida y obra, Libros de México, México, 1963.

2 Filósofo cristiano que separándose del positivismo de Comte y Spencer, giró hacia Bergson y Schopenhauer, en la creencia de que el ser humano es moral, voluntarioso y espiritual. Vasconcelos fundó el influyente Ateneo de la Juventud en México. Fue el séptimo rector de la UNAM.

3 Un pensador conocido como el regiomontano universal, colaboró con Don Ramón Menéndez Pidal, en Madrid, entre 1924 y 1934.

4 Etnógrafo, autor de Haciendo patria. En su libro Forjando patria, propuso la integración de los indígenas mexicanos en la sociedad mestiza.

5 Según el Diccionario de la Real Academia Española: “campo común de un pueblo, lindante con él, que no se labra, y donde suelen reunirse los ganados o establecerse las eras”. En México, terreno comunal de explotación también colectiva.

6 William C. Townsend, Lazaro Cardenas. Mexican democrat, Intl Friendship, 2ª ed., 1979.

7 Cárdenas mantuvo el reconocimiento a la Segunda República Española después del final de la guerra civil, status que sólo se abandonó en 1977, tras las primeras elecciones democráticas en España.

  1. Chesmaloli says:

    Mi libertad depende de muchas cosas. Una de la más importantes es la libertad de crítica, la libertad de prensa.
    Como dice el autor van contra la esencia de "lo nuestro", contra nuestra libertad, como individuos y como organización social.
    Honor a los mártires de Charlie Hebdo.

  2. mariangeles says:

    Gracias, Daniel, por poner sobre el "papel" lo que muchos pensamos. Es lástima que no pueda compartir el artículo en facebook. Un saludo.

  3. Alberto Amézaga says:

    "Hay que combatir lo políticamente correcto, los fundamentalismos pujantes que surgen en nuestras propias religiones, los extremismos políticos, los fanatismos ideológicos, la corrupción política, el nihilismo moral y todas las corrientes que socavan los principios sagrados [...] de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la tolerancia y la democracia".
    Este es el meollo del acertado comentario de Daniel Martín, que suscribo plenamente, aunque sospecho que será en el "modo de combatir" donde aparezcan serias diferencias en la desestructurada sociedad española.

  4. Carmen says:

    Honor también al policía Ahmed y a los rehenes de la tienda kosher. Todos han muerto por la misma razón.