México de 1547 a 2021 (V)

Continuamos con la Historia de México, con una quinta entrega, a propósito de que en 2021, el mayor país hispanohablante (casi 130 millones), conmemorará su independencia de España, conseguida hace dos siglos, en 1821.

Después de la etapa cortesiana y del virreinato de tres centurias seguidas, y tras el primer Imperio y la primera República, dedicamos la sesión de hoy a la República restaurada y al Porfiriato.

LA REPÚBLICA RESTAURADA

Los gobiernos de Juárez (de 1867 hasta 1872) y de Lerdo de Tejada (1872- 1876) se propusieron un vasto plan de transformaciones, consistente en rehacer la agricultura con nuevos cultivos y técnicas de labranza; fomento de industrias; favorecimiento de la inmigración de colonos europeos; construcción de ferrocarriles, canales y carreteras; hacer de cada campesino un pequeño propietario; instituir la libertad de trabajo; poner en práctica el orden democrático, y sacar al pueblo de su postración moral y material, mediante la educación de masas. Planes que no llegaron a fructificar, prevaleciendo un estado de suma pobreza, rebeldías de las tribus nómadas, bandolerismo recrudecido, y sedición de algunas facciones.

Con todo, los máximos triunfos de la década de 1867/1876 se obtuvieron en el campo de la educación: la ley Martínez de Castro (2 de diciembre de 1867) instituyó la enseñanza gratuita, obligatoria y laica en el nivel elemental. Para en 1868 fundar la escuela nacional preparatoria, con un plan de estudios inspirado en el positivismo del sociólogo francés Comte. Se reorganizaron también los institutos de educación profesional y, sobre todo se erigieron numerosas escuelas primarias: tras restaurarse la república en 1867 funcionaban poco más de 5.000, y en 1875 estaban en servicio 8.103.

La etapa de la Reforma terminó con la revuelta y el acceso al poder del general Porfirio Díaz (José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, 1830-1915), que gobernó durante treinta y tres años, 1877-1911, con el solo intermedio del general Manuel González (1880-1884). Globalmente, fue una época de paz, prosperidad económica, consolidación de la nacionalidad, aunque con los problemas típicos de una dictadura1.

EL PORFIRIATO

Porfirio Díaz (“Pobre México, tan lejos de dios y tan cerca de EE.UU.”), consiguió la paz tras ahogar las insurrecciones de los generales Trinidad García de Cadena, Mariano Escobedo y otros, abatiendo, sin consideraciones de ningún género el bandolerismo, sometiendo y luego dispersando a los indios yaquis, mayos y tomochitecos, no reparando en asesinar a los nómadas apaches y de esparcir el terror de los nativos en todos los rincones del país. Un trato de verdadero exterminio, como ni se había visto durante el dominio español.

Porfirio trató de afianzar la prosperidad económica con la inmigración de colonos europeos, la venta de terrenos baldíos, la protección a los grandes terratenientes, la atracción de capital extranjero, el saneamiento de la hacienda pública y la construcción de ferrocarriles. La política inmigratoria no dio los frutos esperados, vinieron pocos extranjeros (en su mayoría, asiáticos e italianos) y lejos de dedicarse a las labores agrícolas, se ocuparon en el comercio. 

Por otra parte, la política de baldíos del Porfiriato condujo a que se malbarataran 40 millones de ha, se formasen extensos latifundios, y se despojase de su tierra a muchos pequeños y medianos propietarios. El capital extranjero sí entró en gran volumen, pero fue más estadounidense que no el más deseado de los europeos.

En cualquier caso, la política financiera sí fue un éxito a efectos exteriores, y los ministros de Hacienda Manuel Dublán, Matías Romero y José Yves Limantour lograron que México recobrara el crédito internacional. Se nivelaron los presupuestos, se consolidó en buenas condiciones la deuda pública, y pudiera gastarse cuantiosas sumas en servicios y obras de infraestructura, sobre todo en comunicaciones y, dentro de éstas, en ferrocarriles. Díaz recibió 691 km de vías férreas y dejó su presidencia con 24.717. La constitución del Banco Nacional de México, mediante un contrato con las finanzas francesas, llenó el vacío abierto por la supresión de las capellanías2 durante la Reforma.

La economía mexicana se desarrolló notablemente con el Porfiriato… y México volvió a ser un importante país minero: el primer productor mundial de plata y el segundo-de cobre. La extracción de oro pasó de 1.636 kg en 1875 a 41.420 en 1910, y en 1900 empezó a explotarse el petróleo del país. Por otra parte, se establecieron plantas industriales, e y progresó la electrificación.

Salvo en puntos aislados, se hizo poco en lo tocante a regadíos, mecanización y crédito agrícolas. La producción de los alimentos básicos (maíz y fríjol) siguió sujeta a crisis cíclicas, y rara vez satisfizo el consumo interno. Se inició la explotación especulativa del henequén, de cara al mercado internacional.

Todo el progreso económico indicado, es cierto, se consiguió supeditando la economía mexicana a la de otros países —en especial la de EE.UU.—, con un deterioro relativo de la situación de los asalariados. Por otro lado, sin miramientos al ideal federalista se dejó con poca fuerza a los poderes locales: lo gobiernos de los estados y los caciques acabaron por someterse a los organismos de la federación. De otro lado, la educación pública tuvo dos preocupaciones básicas: positivismo y nacionalismo.

Aparte de enmienda de la Constitución de 1857 (1873, 1885) se redactaron códigos civiles, penales, de procedimientos y de comercio, que acabarían por imperar, con variantes, en todos los estados, y se logró crear el sentimiento y la conciencia «de una patria pomposa, multimillonaria, honorable en el presente y epopéyica en el pasado» Los intelectuales de la época, que se autonombraban científicos, dictaminaron que «la libertad era función fisiológica de un organismo social perfecto», y que «en las cafrerías de la América antes española era imposible un gobierno basado en el sufragio popular».

Aunque el dictador nunca se atrevió a derogar los preceptos democráticos de la Constitución de 1857, redujo las libertades políticas, religiosa, de prensa y de trabajo. Las elecciones se convirtieron en mera farsa; al clero se le aplacó con la política de conciliación; se suprimieron periódicos y se encarceló a periodistas. Fueron combatidas con mano dura las asociaciones de obreros y artesanos, y en el campo se recrudeció el sistema de servidumbre por deudas, castigos físicos y salarios de hambre. El porfiriato significó paz y progreso, pero con un duro coste para los económicamente más débiles.

Recuerdo muy bien cuando con un amigo hispanomexicano, Faustino Lastra, comentábamos los tiempos de Porfirio y le pregunté si había seguridad personal en el México de entonces, después de tanto cambio político y tanta violencia: “Nunca hubo un periodo similar. Con Porfirio se podía atravesar toda la República, desde el Río Bravo a Guatemala, con un saco de plata a la espalda, sin que nadie te molestara”.

Dejamos aquí el tema hasta la próxima semana, cuando entraremos, precisamente, en la época más agitada de México, la propia revolución. Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

1 Puede verse Enrique Krauze, Porfirio Díaz, místico de la autoridad, Fondo de Cultura Económica, México, 1987.

2 Fundamentalmente eran obras pías instauradas en la Iglesia Católica, mediante las cuales el fundador, generalmente una persona acaudalada, dejaba en su testamento una cantidad de dinero que se ponía en renta, para que con las ganancias se pagara la realización de un número determinado de misas por la salvación de su alma. De origen medieval, las capellanías tuvieron gran auge en España, Portugal y sus reinos en América durante los siglos XVI, XVII y XVIII. En esto tuvo mucho que ver la cultura del barroco que hizo énfasis en la muerte, el Purgatorio y la salvación del alma.