México de 1547 a 2021 (IV)

Recordarán los lectores de Republica.com que les estamos ofreciendo una Historia abreviada de México, a propósito de que el año 2021 se cumplirán los 200 primeros años de su independencia de España. Tras haber hecho un esquema de la conquista y el virreinato, entramos hoy en la independencia, 1821, desde el Primero al Segundo Imperio (1821/1867).

Primer Imperio

México se vio muy afectado por la lucha de su independencia, en la que murieron 600.000 hombres, se calcula que el 10 por 100 de la población de entonces. El tráfico mercantil se deterioró considerablemente a causa de la inseguridad de los caminos, y cesó del todo el comercio con Filipinas a través de la Nao de la China, mermándose mucho también el intercambio con Europa, haciéndose prácticamente nulo con España.

Se calcula que tras la independencia la producción minera se redujo a la cuarta parte de lo que era en 1810; la agrícola, a la mitad, y la industrial, a un tercio. En el primer año de la vida independiente, el gobierno sólo consiguió recaudar nueve millones de pesos fuertes, sobre un presupuesto de gastos indispensables superior a 13 millones; una traba adicional fueron los 76 millones reconocidos como deuda del nuevo Estado.

Para agravar más la situación, se desencadenó la lucha de los partidos políticos, dentro de los cuales aún era poderoso el peninsular o borbónico, más o menos subrepticio pero efectivo. Y muchos comerciantes, trabajaron por la anulación de la independencia.

La aristocracia criolla quería una monarquía y los criollos de la clase media aspiraba a una república que se asemejara a la de EE.UU. La aristocracia, ayudada por la plebe capitalina, consiguió su propósito, y al no poder contar con un monarca europeo, se coronó al general libertador Agustín de Iturbide, quien no estuvo a la altura de las circunstancias, ni tuvo el adecuado tacto político.

La monarquía emergente convocó un congreso constituyente, formado por la élite intelectual del país. Pero los constituyentes y Agustín de Iturbide se combatieron mutuamente, y al fin el autodeclarado emperador optó por disolver a los constituyentes. Frente a esa medida, en diciembre de 1822 se produjo la rebelión, acaudillada por Antonio López de Santa Anna, e Iturbide se vio obligado a abdicar el 19 de marzo de 1823. Marchó al exilio por un año, y a su vuelta fue fusilado, en función de un decreto antes pactado a tales efectos que se mantuvo en secreto1.

Primera República 

Antes de renunciar e irse, Iturbide había reinstalado el congreso constituyente, que convocó una nueva asamblea, también dominada por los intelectuales de la clase media, que promulgó la Constitución de 1824, que tomó modelos la francesa, la de Cádiz y la de EE.UU.: en ella se adoptaron los principios del liberalismo y la forma republicana, con tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y estructura federal para los 19 estados en que quedó dividido el país. En ese contexto, el primer congreso de la Unión convocó elecciones, en las que resultó electo para presidente de la república Guadalupe Victoria. Por su parte, cada uno de los 19 estados se dio una constitución local.

El nuevo presidente, Guadalupe Victoria (1824-1828), obtuvo el reconocimiento de EE.UU. y préstamos de Gran Bretaña, pero no logró la estabilidad política y económica. España creía fácil la reconquista, desde Cuba, y para ello alentaba la conspiración por los españoles residentes en México, hasta que el gobierno mexicano se vio en la tesitura de expulsarlos, lo que resultó altamente nocivo para la economía de la nueva nación. Además, los gobiernos de los estados aprovecharon las flaquezas del gobierno federal para fortalecer sus poderes locales.

Las elecciones presidenciales de 1828 las ganó Manuel Gómez Pedraza, miembro de la masonería escocesa, por el cual su contrincante, el general Vicente Guerrero, de la masonería yorkina, se hizo con el poder, que sólo detentó nueve meses (abril-dic. 1829). En tales circunstancias, el vicepresidente de la república, con el ejército encargado de resguardar el país contra una esperada invasión española, derrocó al presidente Guerrero y estableció el gobierno de Anastasio Bustamante, que gobernó dos años, en medio de la lucha civil, aunque atinando al nombrar como cabeza de su gabinete a Lucas Alamán, un lúcido organizador.

Por su parte, el general Antonio López de Santa Anna, el que había derrocado a Iturbide, hizo caer a Bustamante y restauró a Gómez Pedraza, quien convocó elecciones, en las que contendieron como candidatos a la presidencia dos generales: uno de ellos Mier y Terán –que se suicidó en julio de 1832— y el propio López de Santa Anna, que se convirtió en presidente, en 1833.

A partir de 1833, en un período de veintidós años hubo cuarenta y cuatro gobiernos federales, casi todos productos de cuartelazos, y once de ellos presididos por Santa Anna. La vida política del país quedó a merced de las divididas logias masónicas y las veleidades de los generales. Anarquía en la que cundió el bandolerismo, y estallaron rebeliones indígenas en las zonas periféricas. Fueron constantes las devastaciones hechas en el norte por las tribus comanches, apaches, yaquis y mayos, y en el otro extremo del país, en el SE, se desencadenó la guerra de castas del Yucatán (1847-1855)2.

Hacemos un paréntesis para subrayar que la independencia de México se reconoció el 28 de diciembre de 1836, gobernando en España Martínez de la Rosa, que firmó el Tratado de paz, amistad y comercio. Hubo de morir Fernando VII, en 1833, para ese reconocimiento, por lo renuente que era el indeseable monarca a una decisión así.

En 1837 volvió al poder ejecutivo el ya citado Lucas Alamán al poder, otra vez como segundo del general Bustamante, e intentó conseguir tres objetivos: aumentar la producción agrícola, rehabilitar las explotaciones mineras, y mecanizar la industria textil; pero los logros quedaron por debajo de las esperanzas, y al cierto caos interno que se generó, se sumó la agresión exterior de Francia, en 1838, conocida con el nombre de «guerra de los pasteles», con la exigencia a México de ciertas indemnizaciones por impagos mexicanos. En ese tiempo se produjo la incorporación de Texas a EE.UU. en 1845, y la declaración de guerra estadounidense contra México (13 mayo 1846).

Un cuerpo del ejército norteamericano conquistó las casi desiertas provincias de Alta California, Nuevo México y Chihuahua, y otro se introdujo por el NE del país y rompió la resistencia opuesta por los generales Arista, Ampudia y Santa Anna. Un tercer cuerpo desembarcaba en Veracruz y nadie logró impedir que llegara a la capital (septiembre 1847). Los victoriosos EE.UU. impuso al gobierno mexicano la firma de los convenios de Guadalupe-Hidalgo (2 de febrero de 1848), conforme a los cuales, la República mexicana cedió más de la mitad de su territorio a EE.UU. Se consumó así una confiscación largamente esperada, pero no prevenida por los incapaces gobiernos de dos décadas. El país había llegado al nivel más bajo de su prestigio, con graves repercusiones económicas y sociales.

La Reforma 

Una pérdida territorial tan grande y la presencia desde entonces de un vecino muy poderoso, fortalecieron la conciencia nacional de los mexicanos y dieron lugar a dos actitudes políticas contradictorias. La conservadora, sostenida por las élites oligárquicas y el clero, propuso la vuelta al estilo de vida de la última etapa de la época virreinal, el restablecimiento del sistema monárquico y la alianza con las potencias europeas. Por contra, la actitud liberal, dividida entre «puros» y «moderados», fue la propia de la clase media urbana, que vio la salvación la ruptura con las tradiciones legadas por el pasado, la consolidación del sistema de república federal y la amistad con EE.UU., resignándose a la mutilación territorial irreparable.

Fue nuevamente el grupo conservador el que tomó el poder, acaudillado por Santa Anna, entre 1853 y hasta 1855, cuando se instaló un gobierno de distinto signo, que dos años después promulgó una nueva Constitución, estableciendo las libertades de enseñanza, imprenta y trabajo y quitando prerrogativas a clérigos y militares: era la primera parte de la Reforma.

Esos Acuerdos de los constituyentes dieron lugar a la Guerra de Tres años (1858- 1860), iniciada con el plan conservador de Tacubaya (diciembre de 18573). En la contienda, hubo una primera fase de victorias contrarrevolucionarias –con auge del bandolerismo, el hambre y las epidemias—, pero los liberales acabaron por establecer una nueva Constitución en 1857, redactada por Melchor Ocampo, que estuvo en el exilio hasta que Juárez llegó a la presidencia de la República en ese mismo año. Se nacionalizaron los bienes que habían pertenecido hasta entonces al clero, se suprimieron las comunidades religiosas masculinas, y se dio carta de naturaleza al contrato matrimonial civil, declarándose la libertad de cultos. 

El dirigente de ese movimiento, Benito Juárez, promulgó toda una serie de medidas en Veracruz, en 1859 y 1860, tras la definitiva derrota de los conservadores en la batalla de San Miguel de Calpulalpan en 1860, cuando el gobierno de EE.UU. decidió dar todo su apoyo al régimen liberal.

Intervención francesa y segundo imperio

En 1860, al quedarse el Partido conservador sin ejércitos, pero no sin generales y líderes, se produjeron los asesinatos de muchos prohombres de la facción victoriosa. Situación en la que los líderes conservadores, dolidos por la derrota, solicitaron el auxilio de Napoleón III de Francia, empeñado en poner un muro monárquico y latino al expansionismo de EE.UU. Acudió en apoyo de los monárquicos mexicanos con un poderoso ejército que impuso como emperador de México al archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo.

Haremos un segundo paréntesis para recordar que en 1861, con ocasión de la intervención tripartita de España, Francia e Inglaterra, para reclamar deudas del gobierno mexicano, los tres países movilizaron sus respectivos cuerpos expedicionarios, que en el caso de España (6.000 hombres) se organizó desde Cuba, con el General Prim al frente, en 18614.

Sin llegar a entrar en acción esos cuerpos expedicionarios, fue muy valorado el hecho de que al observar Prim las intenciones de los franceses, de situar un emperador en México, decidió la retirada de las fuerzas españolas. Y lo mismo hicieron los británicos, dejando a los franceses en su malhadada aventura. Fue por entonces cuando Napoleón III empleó –para congraciarse con los países hispanoamericanos—, la expresión América Latina (teóricamente contra la anglosajona), para referirse a “la América antes española”, que decía Bolívar.

Recuperando el hilo histórico, subrayaremos que el gobierno de Maximiliano I, respaldado por los franceses, sólo duró tres años, causando honda decepción entre los propios conservadores, que le habían entronizado. En razón de que dio su visto bueno a algunas de las leyes de reforma expedidas por Juárez, emitiendo una serie de decretos ratificadores de la desamortización de los bienes del clero y de las comunidades indígenas, la colonización de terrenos baldíos, la libertad de trabajo y la enseñanza pública obligatoria. La emperatriz – María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha y Orleans— fue la responsable de algunas disposiciones en esa dirección, en las que se percibía la mano del socialista utópico francés Victor Considérant, que llevaba años viviendo en América, y era partidario de la reforma social sin revolución, ni falansterios5.

Después de perder el favor de los conservadores mexicanos, la pareja imperial dejó de contar con el apoyo de Napoleón III. Y al terminar la guerra de Secesión (1865) en EE.UU., desde Washington DC se impuso la salida de los franceses. A lo que también contribuyó mucho el ataque prusiano a Austria en 1866, por lo cual el emperador francés decidió reembarcar a sus tropas sostenedoras del Imperio de Maximiliano para enfrentarse tal vez con Prusia.

Carlota Amalia enloqueció, y ya sin ejército europeo, no pudo resistir el empuje de los ejércitos liberales de Mariano Escobedo, Ramón Corona y Porfirio Díaz. Se rindió en Querétaro el 15 de mayo de 1867, y fue fusilado en el Cerro de las Campanas el 19 de junio6.

Seguiremos la próxima semana, y en el interim, los lectores de Republica.com pueden conectar con el autor en castecien@bitmailer.net.

1 La vuelta incluía la idea de recuperar su puesto de emperador.

2 Los nativos mayas del sur y oriente de Yucatán iniciaron en junio de 1847 toda una contienda contra la población blanca de criollos y también de mestizos. Las víctimas mortales de esa guerra se estimaron en 250.000.

3 Llamaron así por la reunión que los conservadores tuvieron en el Palacio episcopal de ese nombre, en México DF, el 17 de diciembre de 1857.

4 Ramón Tamames, Prim en México, artículo inédito, adquirible por petición a castecien@bitmailer.net.

5 Sin duda, el más influyente de los discípulos de Fourier. Colaboró con Louis Blanc en la revolución de 1848.

6 Acto que se recogió en el famoso cuadro de Edouard Manet, elaborado entre 1867 y 1869, inspirado en “los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 de Goya.