México de 1547 a 2021 (III)

Esta es la tercera entrega de un largo artículo sobre la Historia de México, en un año antes de la independencia del primer país hispanohablante. Estamos viendo desde la conquista hasta los tiempos actuales de AMLO, el presidente Andrés Manuel López Obrador. Cuya ejecutoria, ya de más de un año, no da para muchas alegrías, porque la pandemia está desbordada, los índices de pobreza van peor que antes, y la violencia alcanza nuevos registros históricos: no sería de extrañar, más adelante, una explosión de malestar popular.

La presidencia parece ver otra película, e incluso plantea un referéndum por si el pueblo mexicano quisiera acabar con AMLO antes de lo que está previsto en la Constitución. Ya veremos, porque los referendos dan muchas sorpresas… Hoy seguimos con la Historia, entrando en la etapa de la Nueva España que duró tres siglos.

La Nueva España

Territorialmente, la Nueva España se dividió en varias entidades. Hubo dos reinos, el de propiamente la Nueva España (con virrey y audiencia) y el de Nueva Galicia (con audiencia gobernadora). Una capitanía general, la de Yucatán; tres gobiernos, el de Nueva Vizcaya, Nuevo León y Nuevo México, y más de 150 corregimientos y alcaldías mayores. Esta distribución cambió completamente, en 1786, al introducirse las intendencias, y la Nueva España se dividió entonces en doce provincias-intendencias, que recibieron el nombre de las ciudades que se les dio como capital: México, Puebla, Veracruz, Mérida, Oaxaca, Valladolid, Guanajuato, San Luis Potosí, Guadalajara, Zacatecas, Durango y Arizpe.

La situación jurídica de los indígenas era, en principio, idéntica a la de los españoles, pero en la realidad los nativos se vieron sometidos a un régimen de explotación combinada con tutela y protección. Los que mejor salieron librados fueron los indios sedentarios del centro y del sur, pues los nómadas del norte, sufrieron una guerra sin cuartel, incluso después de la independencia. Además de integrar las filas del proletariado, los indios soportaron restricciones sociales en circunstancias diferentes: prohibición de tener caballo, de usar armas, de vestirse a la española, etc.1. 

A los mestizos y mulatos nacidos en matrimonio legítimo se les acercó a la situación jurídica de los españoles, pero se les excluyó de los cargos más importantes. El último estrato lo ocuparon los negros esclavos, que se introdujeron en México durante los siglos XVI y XVII, principalmente para el trabajo en las haciendas azucareras. Las indicadas diferencias sociales y económicas se tradujeron con frecuencia en rebeliones, tumultos y motines contra el virrey y demás autoridades.

Dentro de todo el esquema territorial y de tratamientos que hemos visto, los tlaxcaltecas tuvieron un punto de privilegio por su ayuda a la conquista, para repoblaciones en diversos lugares, y también para las navegaciones del Pacífico. Inevitablemente los de Tlaxcala sufrieron después de la independencia, al ser considerados muchas veces como provincia traidora.

La Iglesia ejerció gran influencia en la vida cultural, social y espiritual, y nunca perdió la memoria de que era la institución esencial: las bulas papales Intercaetera de 1493, que Alejandro VI otorgó a los RR.CC. En esa línea de protagonismo, la educación, las costumbres y las festividades principales fueron reguladas por la Iglesia; en tanto que la poesía, la pintura y el arte, estuvieron ahormados por las ideas y el sentimiento religioso.

El 21 de septiembre de 1551 se fundó en México la primera entidad universitaria del continente americano, la que hoy es la Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM. Y cuando Alexander von Humboldt visitó Nueva España, a principios del s. XIX, encontró en ella más actividad científica que en muchas capitales europeas2.

La arquitectura civil y la religiosa tuvieron gran desarrollo con el despotismo ilustrado introducido por reformas borbónicas. Y lo mismo sucedió con la enseñanza tradicional. Y como consecuencia de esos aires renovadores, la ciencia, la medicina y las artes progresaron vigorosamente. Más de la mitad de los criollos recibían por entonces una educación amplia.

En el sentido indicado, los educadores jesuitas, antes de partir al destierro en 1767, pusieron a los criollos en contacto con la cultura más libre de entonces, la francesa. Y la Inquisición ya no pudo detener el alud de obras llegadas de Francia, que contenían «doctrinas sediciosas y turbativas de la tranquilidad pública», con referencias a ideas como contrato social, soberanía popular y división de poderes, típicas del Enciclopedismo, y sobre todo de Juan Jacobo Rousseau. Todas estas ideas, y la Masonería, ayudaron a los criollos a formarse una imagen de la futura Nueva España independiente.

ANDADURA POLÍTICA DE MÉXICO 

A principios del siglo XIX, el poco numeroso partido de los españoles controlaba el comercio ultramarino y la administración pública, y no quería cambios. Por la sencilla razón de que tenían todo el poder, en tanto que los criollos ricos —dueños de minas, ferrerías, labranza, fábricas textiles, etc.— soñaban con un gobierno independiente.

Los criollos de la clase media –curas, abogados, artesanos, agricultores medianos, empleados de la Administración y pequeños comerciantes—, anhelaban a principios del siglo XIX una transformación a fondo de la sociedad novohispana, mediante la aplicación de una serie de principios: independencia de España, soberanía popular, gobierno representativo, igualdad jurídica, libertad individual y educación nacional.

Independencia: de Imperio a República

En 1808, los grupos simpatizantes de la independencia aprovecharon que la Nueva España se había quedado sin la autoridad legítima de Fernando VII, a causa de la invasión napoleónica, para intentar pacíficamente la separación de la metrópoli. Pero el intento se frustró por la rápida intervención del partido peninsular, ante lo cual, la aristocracia criolla, por temor a la violencia se replegó. En tanto que los demás criollos se reunieron en juntas clandestinas, con el propósito de organizar una insurrección general, en medio de la profunda crisis agrícola de 1809-1810, que hizo de pólvora seca que ardió al menor chispazo. Así las cosas, el 16 de setiembre de 1810, Miguel Hidalgo, cura de Dolores, lanzó desde su templo parroquial el grito de la independencia.

Alrededor de Hidalgo se juntaron la mayoría de los criollos, campesinos de la región central de la Nueva España, y al frente de unos cien mil hombres, mal armados y dirigidos por un pequeño grupo de militares, desplegaron una importante ofensiva contra el gobierno virreinal y la aristocracia. El 30 de octubre de 1810, los insurgentes estuvieron a punto de tomar la capital, pero el 7 de noviembre sufrieron una aplastante derrota en Acapulco, principio de otra serie de reveses, que terminaron con la captura y muerte de Hidalgo, pero no con el movimiento insurgente3. 

Aparte del de Hidalgo, y sin estrecha conexión con él, hubo levantamientos en diversas regiones del país, siendo el de mayor empuje el que promovió, al sur, el también cura José María Morelos, quien llegó a reunir un congreso insurgente, que expidió (2 de octubre de 1814) la constitución de Apatzingán, inspirada en la francesa de 1793 y en la española de 1812.

La carta de Apatzingán establecía la soberanía popular, las libertades y la forma de gobierno republicana, pero no llegó a ponerse en práctica, porque el grupo de Morelos fue deshecho por las bien disciplinadas tropas del virrey José María Calleja. Morelos, caído en poder de los españoles a fines de 1815, sufrió la misma suerte que Hidalgo, la muerte. Pero numerosas partidas de campesinos, indios, mestizos y mulatos, se mantuvieron activos contra el virrey, aunque al final fueron vencidas, menos la agrupación de Vicente Guerrero, que siguió combatiendo en las montañas del sur.

La lucha por la independencia, que parecía fracasada, se reinició en 1821, promovida esta vez por la aristocracia criolla, que se sintió alentada por el restablecimiento en España –Trienio Liberal, 1821-1823— de la Constitución de 1812. En ese trance, los nuevos insurrectos se aliaron con los viejos insurgentes y, por medio de Agustín de Iturbide y de una parte del ejército virreinal, emprendieron una campaña doble (militar y de convencimiento), que acabó con la autoridad constituida en cinco meses. El virrey O’Donojú, tras aceptar el Plan de Iguala, convino con Iturbide el Tratado de Córdoba (24 de agosto de 1821), que estipulaba la independencia de lo que hasta entonces se había llamado Nueva España, y que a partir de ese momento se llamaría México. El 27 de setiembre de 1821, el ejército trigarante entró triunfalmente en la capital4.

Como ha subrayado Rodrigo Martínez Baracs5, a partir de la independencia, la situación de los indios cambió por completo. De un sistema de comunidades preservadas en una sociedad estamental, pasaron a ser el proletariado mexicano, e incluso el lumpen. Algo que debería recordarse ahora, cuando hay tantas protestas pseudoindigenistas, sin mencionar que con los criollos en el gobierno el trato para los mexicanos originarios fue mucho peor que el de la Nueva España. Hasta el punto de que todavía en el siglo XX hubo una dura represión de la República contra los nativos yucatecas.

Dejamos aquí el tema hasta la semana próxima, y en el interim, los lectores de Republica.com pueden relacionarse con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net. Cuídense mucho todos los lectores, porque el COVID-19 arrecia.

1 Según el Museo Nacional del Virreinato, en Tepotzotlán, las 16 combinaciones de castas eran las siguientes: 1. Español con indígena: mestizo; 2. Mestiza con español: castizo; 3. Castizo con española: español (criollo); 4. Español con negra: mulato; 5. Mulato con española: morisco; 6. Morisco con española: chino; 7. Chino con india: salta atrás o pelusa; 8. Pelusa con mulata: lobo; 9. Lobo con china: gibaro o jíbaro; 10. Gibaro con mulata: albarazado; 11. Albarazado con negra: cambujo; 12. Cambujo con india: zambaiga; 13. Zambaigo con loba: calpamulato; 14. Calpamulato con cambuja: tente en el aire; 15. Tente en el aire con mulata: no te entiendo; 16. No te entiendo con india: torna atrás.

2 Alexander von Humboldt, Ensayo político sobre la Nueva España, edición de Rosa, París, 1822.

3 Miguel Hidalgo dio “el grito de Dolores” en la mañana del 16 de septiembre de 1810 en la parroquia de Dolores, hoy municipio de Dolores Hidalgo, estado de Guanajuato. En ese grito contra el gobierno virreinal se daban vivas a Fernando VII.

4 Con sus tres colores, la bandera era garantía del respeto a la religión católica como única verdadera, de la independencia total de España, y de la unión del pueblo mexicano.

5 En una intervención suya en el Congreso Cortesiano de Medellín-Trujillo, abril de 2019, que el autor escuchó.