La Guerra Civil en perspectiva (VI)

INTRODUCCIÓN

La guerra fue básicamente una lucha civil entre españoles con puntos de vista antagónicos sobre el presente y el futuro de su país. Un conflicto bélico que habría sido irremediable­mente muy corto, de no haberse internacionalizado desde sus primeros momentos, según vimos en la entrega anterior de este artículo para los lectores de Republica.com. Hoy ve­remos con un cierto detalle, en éste, la ayuda que los dos bandos recibieron desde el exterior.

En el caso de la zona nacional, a la intervención alema­na y la participación italiana se sumaron otros dos componen­tes también decisivos. El primero de ellos, el aporte de Ma­rruecos, de lo más trascendente en los primeros meses de guerra, como principal cantera de tropas para el ejército de Franco en sus acciones bélicas iniciales. Con actividades de re­clutamiento, que llegaron a toda la zona francesa del protectorado.

El segundo de esos aportes no germano-italiano fue el del Portugal salazarista, que también desde los primeros días brin­dó un gran servicio a la causa antirrepublicana. Y que luego persistiría especialmente en conexión con la llamada «no inter­vención», para la cual, el propio país vecino fue una especie de ventana abierta, de par en par, de la zona nacional al mundo exterior.

LA INTERVENCIÓN ALEMANA

Tras la entrevista en Bayreuth (festival wagneriano) el 26 de julio de 1936, en el Ministerio de la Guerra ale­mán se creó, dependiendo directamente de Goering, el llama­do «Estado Mayor W», dirigido primero por el general Wilberg, y desde octubre de 1936 por el general Jaenecke, con el cometido de centralizar todo el apoyo alemán a la España na­cional. Y también para coordinar ese aporte bélico, se nom­bró al general Warlimont, quien entre sus colaboradores tenía a diversos jefes y oficiales, destacando entre ellos el general Von Thoma, especialista en carros blindados.

En sus primeros tiempos, la ayuda alemana a Franco, que habría de pagarse puntualmente, según veremos, se realizó bajo la cobertura comercial de la Compañía Hispano Marroquí de Transporte (HISMA), que en lo sucesivo habría de ser el núcleo para las extensas e intensas actividades económicas alemanas en la España nacionalista al objeto de evitar el conocimiento de que una potencia extranjera estuviese ayudando a los rebeldes. Para sus compras en Alemania, HISMA se enten­día directamente con la ROWAK (Rohstoff und Waren Einkaufgesellschaft, sociedad del III Reich para la compra de «ma­terias primas y mercancías», conforme a su título.

Las ventas de armamento alemán a España fueron debida­mente planificadas desde el principio, tarea en la que fue perso­naje importante Messerschmidt, conocido aviador y construc­tor aeronáutico.

Poco después llegaban a puertos nacionales los transportes alemanes Schlewig, Kamerum, Wiborg, etc., con gran cantidad de material para la ofensiva en ciernes del ejército de África. Mientras tanto, los bombarderos pesados seguían la ruta Alemania-Italia-Baleares, y su primera actuación sobre Madrid la llevó a cabo el 21 de agosto una escuadrilla de Junkers.

¿Cuál fue el volumen de los suministros alemanes? Según testimonios publicados en España, a lo largo de la Guerra Ci­vil, como promedio, un barco salía cada pocos días con suministros bélicos para los nacionales. De los que se contabilizaron 170 viajes, los cuales no fueron óbice para que los suministros más urgentes contaran siempre con varios vuelos semanales a España.

Otra forma de ayuda fue la prestada por la flota germana, que durante toda la guerra realizó continuas singladuras por las costas españolas, fondeando en los puertos nacionalistas y aprovechando además para entorpecer la acción de la flota re­publicana, así como para bloquear envíos a la República. Y en su momento, el propio Deutschland —el acorazado más po­tente del III Reich— llevó a cabo operaciones de castigo con­tra Almería.

Ese ataque naval, sirvió para que Indale­cio Prieto, imaginativamente, propusiera en el Consejo de Ministros que la República española declarase la guerra a Ale­mania (ya estaba en ello de facto), pero sin ninguna decisión por el Gobierno a ese respecto.

Con todo, el nervio de la ayuda germana se polarizó en la aviación, para lo cual, ya a fines de octubre de 1936 se creó la Legión Cóndor, que durante toda la contienda constituyó el núcleo de la fuerza aérea de los rebeldes; aunque en la operati­va para perfeccionar métodos de combate y armamento, en muchos casos, ni siquiera contaba con el visto bueno de los nacionales. No de otra forma cabe entender ciertos bombardeos sobre Barcelona, Madrid, otras ciudades; y el de Guernica, en el que por primera vez se emplearon bombas incendiarias de fósforo contra poblaciones civiles.

Según fuentes alemanas, la ayuda en armamento y otros suministros representó 500 millones de reichsmark, equivalentes a 200 millones de dólares; otras fuentes españolas la cifraron en 1.200 millones de pesetas oro, equivalentes a unos 400 millones de dólares.

Es muy difícil determinar con exactitud el volumen de la ayuda en efectivos humanos que Hitler prestó a la zona nacional. En ese sentido, se­gún fuentes germanas, en febrero de 1937 —cuando la guerra había alcanzado su plenitud— había en España unos 30.000 alemanes, con organización y mandos propios; siendo notorio que la rotación de esos recursos era de cadencia muy rápida; sencillamente, porque la Guerra Civil española se consideraba como un excelente ejercicio de entrenamiento. No es extraño, pues, que los alemanes condecorados por su «valiosa acción» en España llegaran a ser 26.113.

De lo que en cualquier caso no cabe duda es que el apoyo alemán resultó vital, y que sin él no habría sido factible el triunfo de las tropas «acaudilladas» por Franco. Y no sólo por la ayuda directa que de por sí fue decisiva, sino también por el ritmo de esa ayuda, como se demostró bien a las claras en 1938 durante la batalla del Ebro: al disminuir pasajeramente los su­ministros alemanes, el ejército republicano estuvo a punto de romper el frente.

En definitiva, aunque los alemanes, a diferencia de los italia­nos, no llegaron a llamar a sus efectivos «fuerza expediciona­ria», ni «cuerpo de voluntarios», situaron en la guerra de Espa­ña un verdadero ejército, de gran calidad técnica y bien adiestrado. La aportación, pues, de la Legión Cóndor difícil­mente cabe exagerarse, como patentizó el propio Hitler el 6 de abril de 1937, tras la anexión de Austria a Alemania (la célebre Anschluss), al manifestar, textualmente, en tono de lamento: «una parte considerable de nuestra aviación está en España”.

También importante fue la presencia de Alemania en el Co­mité de No Intervención, donde los deseos de apaciguamiento de los políticos franceses y británicos convirtieron la idea de neutralizar la guerra en una completa farsa. Hasta el punto de que, para no herir a la Alemania nazi, ingleses y franceses no se recataron en tolerar su asistencia al franquismo. Situación que sólo resultó posible por el creciente peso político y militar del III Reich en el balance europeo de poderes. El testimonio de Goering en el proceso de Nuremberg, que le condenó a muerte (aunque el obeso mariscal decidió por su cuenta que se­ría mejor suicidarse que no morir ahorcado), fue bien claro.

Queda, por último, saber, por qué Hitler prestó la ayuda a Franco directamente y no a Mola, que también -por medio del maqués de Portago- se había dirigido a Fuher Canciller. En ese punto, Hugh Thomas aporta el siguiente testimonio: “Canaris-jefe del servicio secreto alemán-apoyó inmediatamente a Franco ante sus superiores, y lo recomendó como hombre probado, que merecía plena confianza y apoyo, al que había conocido y tratado en varias subrepticias visitas a España”.

Dejamos aquí el tema hasta la semana próxima, cuando resumiremos las demás ayudas, amabas partes del conflicto. Y como siempre, para los lectores de Republica.com, pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net

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