La Guerra Civil en perspectiva (II)

Antes de continuar con el artículo sobre la guerra civil, preparado para los lectores de Republica.com, querría agradecer las numerosas cartas que he recibido sobre la entrega anterior de ese escrito, generalmente en términos muy convergentes sobre la forma de presentar los antecedentes de la contienda fratricida 1936-1939.

Continuamos hoy el artículo, con referencia específica a las operaciones militares, que se han esquematizado a lo que fueron las grandes batallas de la guerra, por lo cual no podrá plantearse la observación de que no entremos en algunos detalles que habría sido interesante desarrollar.

España en guerra: las dos zonas

El 18 de julio de 1936 se produjo el estallido de la guerra, tras la larga preparación de los conjurados, y conforme al esquema del levantamiento que detenidamente diseñó el general Emilio Mola, que precisamente en la jerga de los facciosos recibía el nombre de «el director».

Puede decirse que el levantamiento militar tuvo sus principales focos de actividad inicial en Navarra, por el impulso directo de Mola, y en Marruecos, por la actuación de Yagüe primero y de Franco después, cuando llegó a Tetuán.

De Pamplona salieron las instrucciones que luego aplicaron los jefes y oficiales del Ejército, sublevados en Zaragoza, Álava, y La Rioja, así como en toda Castilla la Vieja; y en Galicia, donde hubo focos de resistencia republicana, que fueron rápidamente reprimidos.

Así, en las dos primeras jomadas del conflicto, quedó claramente dibujada la parte Norte de lo que en lo sucesivo se llamaría la «Zona Nacional». En la que tuvieron indudable importancia los requetés navarros y los grupos falangistas, que pronto se situaron en la vertiente Norte de Guadarrama. Sin su presencia, los milicianos de la República, procedentes de Madrid, tal vez habrían llegado hasta el Duero.

En el Sur, el Ejército de África se levantó contra la República prácticamente al 100 por 100, y el 19 de julio, procedente de Las Palmas, y volando a bordo del «Dragón Rapide», Franco se puso a la cabeza de las tropas más aguerridas y eficaces, en Tetuán, incluyendo no sólo fuerzas ordinarias, sino también la Legión Extranjera, los Regulares y la Mehala; estas últimas eran formaciones integradas por mercenarios marroquíes («los moros») que de forma creciente, a través de reclutamientos en todo Marruecos, desempeñaron un papel crucial en la causa de Franco (de «La Cruzada», paradójicamente).

En definitiva, puede decirse que, sin los Requetés en el Norte, el alzamiento se habría frustrado allí; y sin el Ejército de África otro tanto habría sucedido en el Sur. 

El alzamiento copó los núcleos urbanos de las principales capitales andaluzas, claramente a favor de los nacionales. En Sevilla, el general Queipo de Llano, controló con astucia una situación que en principio le era adversa; y rápidamente apoyó la consolidación de los rebeldes en Córdoba, Cádiz, Huelva y Granada. Así, en pocos días, Andalucía Occidental quedó bajo dominio de los llamados facciosos; y lo que es más importante, desde Ceuta ya pudieron cruzar a Algeciras los efectivos militares del Ejército de África.

El paso del Estrecho de Gibraltar se hizo, sin dificultades, con ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista, y sin que, transcurridos los primeros días, la Marina de guerra ocasionara mayores problemas; a pesar de haber permanecido leal a la República en su mayor parte por la decidida actuación de la marinería, que no reparó en deshacerse de la mayor parte de la oficialidad.

En el resto de España (exceptuando Mallorca e Ibiza en las islas Baleares, y desde luego todo el archipiélago canario), el alzamiento militar no llegó a prosperar. En contra de lo que a veces se ha dado a entender, una gran parte del Ejército y de la Aviación, el grueso de la Armada (sin apenas oficialidad), aproximadamente la mitad de la Guardia Civil, buena parte de la Guardia de Asalto y todo el cuerpo de Carabineros, permanecieron fieles a la Constitución de 1931. Cierto también que en muchos lugares (y entre ellos Barcelona y Madrid) el alzamiento fracasó por la decisión de los gobernadores civiles de entregar armas al pueblo. Con lo cual empezó la verdadera revolución, que tanto impacto tendría en la organización ulterior de una república cada vez menos cohesionada, y que no reparó, desde los primeros tiempos, en frenar la situación política de exterminio de personas y grupos de derechas. En tanto que, en el lado nacional, hubo también un exterminio de quienes se habían manifestado más vivamente en pro del frente popular.

En resumen, toda Cataluña, casi la mitad oriental de Aragón, la totalidad de la región valenciana y Murcia, Castilla la Nueva, una gran porción de Extremadura incluyendo Badajoz, y la Andalucía Oriental, permanecieron leales a la República. Y en el Norte peninsular, Guipúzcoa, Vizcaya, Santander y parte de Burgos y Asturias y lo más septentrional de León compusieron el lado Norte de la España republicana, que desde el principio quedó muy desconectada de la zona centro y mediterránea; y a su vez internamente escindida en sus tres áreas, con un notorio nacionalismo vasco, que recibió el estatuto de autonomía, ya en plena guerra, con no pocas manifestaciones separatistas, considerando a los gudaris como un ejército propio de los euskaldunes. 

En la España republicana, con casi dos tercios de la población, estaban las mayores ciudades y lo más importante de la industria. La llamada España Nacional, con una buena parte del territorio era más rural, tenía un tercio de la población y disponía de excedentes alimenticios que hicieron posible una situación de abastecimientos mucho mejor que la del territorio leal a la República.

Las operaciones militares. La batalla de Madrid

En las operaciones militares, hubo inicialmente la ofensiva republicana desde Cataluña, que ocupó la mitad oriental de Aragón; y desde Madrid se aseguró la continuidad con los territorios de Levante y del Sur.

Del lado nacional la estrategia estaba clara. Ante todo, se trataba de unir sus dos partes, lo cual se consiguió ya en septiembre de 1936 por la rápida incursión del Ejército de África, tras la caída de Badajoz, el avance sobre Mérida y la conexión con las fuerzas nacionales que bajaban desde Cáceres.

Luego prosiguió el avance hacia Madrid, a lo largo de la carretera de Extremadura, con la previsión de una pronta ocupación de la capital de España, tras las frustraciones del Ejército del Norte, mandado por Mola, que no había podido hacerlo a pesar de sus ataques desde el Guadarrama.

Pero el propósito desde el Sur, tampoco se materializó. Primero por el tiempo que Franco dedicó a romper el sitio del Alcázar de Toledo, y ya en noviembre de 1936 por la fuerte resistencia que encontró en Madrid, donde a las fuerzas militares republicanas y a las milicias populares recién formadas, se habían unido los primeros contingentes de voluntarios de las legendarias BrigadasInternacionales.

Estabilizado el frente en torno a Madrid al final de 1936, la estrategia de Franco (Jefe del Estado desde su designación por una Junta de Generales el 1 de octubre de -1936) buscó la forma de aislar la capital por su flanco oriental. Ése fue el sentido, desde el Sur, de la batalla del Jarama, en el mes de febrero del 37, una de las más duras de la guerra; y en la cual los efectivos militares fieles a la República y las milicias empezaron a soldarse en el nacimiento del nuevo Ejército Popular. El frente quedó otra vez estabilizado. Y la operación planeada por los generales republicanos Miaja y Rojo, no tuvo el fin esperado, por un tema que volvería a repetirse casi siempre, la falta de reservas con que resistir y mantener la ofensiva ante la llegada de refuerzos, siempre más disponibles en la zona nacional.

El segundo intento de aislar Madrid por su flanco oriental se produjo en marzo de 1937, con una ofensiva desde el Norte, en la que participaron fuerzas nacionales, la totalidad del Cuerpo de Tropas Voluntarias italianas, además de gran parte de los contingentes alemanes de la Legión Cóndor.

Pero esa ofensiva, que desde Sigüenza se dirigía hacia Guadalajara para luego rodear Madrid, rompiendo el frente en el Jarama, y conectando con el Ejército de África, se vio parada en seco en la Alcarria («la rumorosa provincia de colmenas, la patria del panal estremecido», que luego recordó Miguel Hernández en su poema).Las fuerzas republicanas, con importante participación de las brigadas internacionales, infligieron al bando nacional la más importante derrota de toda la Guerra Civil. Llegó a pensarse que era un punto de inflexión, y que a partir de entonces la victoria podía ser de la República. Ése es el sentido del título de la mejor novela sobre la guerra civil, La Esperanza (L’Espoir) de André Malraux, en cuyo título se reflejó la inmensa alegría que sacudió a toda la España republicana tras la victoria de Guadalajara, un hecho del que muchos oficiales de Franco se mofaron, en cierta simpatía emocional con los españoles contra los italianos de Mussolini.

Seguiremos la próxima semana, el jueves 6 de agosto, y agradeceremos, como siempre, las comunicaciones que nos hagan los lectores de Republica.com, a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.