Tres economistas filósofos: Marx, Schumpeter, Keynes (y III)

La experiencia vital

En las dos primeras entregas de este artículo hemos visto al trío MSK según su visión estética y según su obra. Hoy nos referimos a la experiencia vital de cada uno de ellos.

Marx tuvo una visión optimista del futuro, pues el cambio de sistema, por el fracaso del capitalismo y el triunfo del socialismo, llevarían a una cierta felicidad de la mayoría trabajadora. Schumpeter, más pesimista, pensaba que los innovadores acabarían siendo derrotados por los burócratas, y que el exitoso capitalismo sería sustituido por un socialismo más ineficiente; pero más igualitario. Y, finalmente, Keynes emitió un mensaje de salvación del capitalismo como sistema de economía mixta.

MARX: TRANSFORMAR EL MUNDO 

En cierto modo, Marx marcó la pauta, cuando todavía muy joven, al comentar la tesis 11 de Fuerbach, planteó que los filósofos no habían de conformarse con contemplar el mundo, sino que habían de contribuir a cambiarlo. Y en esta línea de pensamiento, se debatió en un eterno dilema. Por un lado, su afición al trabajo teórico, aparentemente tranquilo, aunque por dentro hubiera una tormenta de ideas permanente. Y al lado, su admiración por la praxis, única forma en que la teoría podía ser contrastada en la realidad.

Por ello mismo, si Marx será siempre recordado como el autor de El Capital y de otras obras de muy distinta magnitud y vigencia hoy, al propio tiempo también es considerado como un gran luchador, como el fundador de la “Asociación Internacional de Trabajadores”, o dicho con mayor grafismo histórico, el creador de la Primera Internacional, fuente de inspiración de un sinnúmero de movimientos sindicales y de partidos obreros.

Hoy en día, de la obra de Marx, lo que en lo esencial queda es, ante todo, un método; de doble frente, de cara a la teoría y a la práctica. Es un método y no una ideología, como él mismo lo puso de relieve en sus cartas a Berstein y a Conrad Schmidt, con aquel “yo no soy marxista”. Luego, no faltaron los más papistas que el papa, y surgió el marxismo como doctrina, como una cristalización ideológica poco sofisticada e iniciática; y el marxismo-leninismo, como aberración. En definitiva, el leninismo fue la sustitución de la conciencia obrera por la ideología marxista, pero administrada por una minoría de revolucionarios profesionales, autócratas, con el inicial terror rojo de Lenin, y luego los penosos y criminales procesos de Moscú y purgas de Stalin.

SCHUMPETER: EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO 

Schumpeter tuvo una incidencia distinta. Entre otras cosas, porque no participó en movimientos de la vastedad de los que atrajeron a Mars. Pero sería erróneo llegar a la conclusión de que Schumpeter no contribuyó al mundo en que hoy vivimos desde el punto de vista de su experiencia vital. Al fin y al cabo, fue uno de los escogidos fundadores de la Sociedad Econométrica, en 1930, en la que se quisieron fusionar, en una nueva visión (la Econometría) los métodos y posibilidades de las Matemáticas, de la Estadística y de la Teoría Económica.

Se planteó así una faceta importante de lo que después se ha denominado la revolución científico-técnica: nada más y nada menos que la idea de contar con métodos rigurosos para reducir la compleja existencia a modelos, como maquetas de la realidad, formalizados en sistemas de ecuaciones, que contribuirían a preparar el campo a lo que hoy llamamos software, economía digital, etc., es decir, todas las técnicas de programación.

Ciertamente, Schumpeter tampoco tuvo un número de discípulos comparable con el de Marx. Pero sí se cuentan entre ellos algunos de tanta significación como Paul Samuelson, a medio camino entre el keynesianismo y lo schumpeteriano, y verdadero fundador de la teoría del sistema de economía mixta; como también hemos de recordar a Paul Sweezy, entre marxista y schumpeteriano, autor de la Teoría del desarrollo capitalista, en donde el fascismo aparece como el estadio último de la defensa del capital frente a la revolución.

KEYNES: VIVIÓ COMO QUISO

Por último, nos queda la experiencia vital de Keynes. No voy a entrar aquí en los ya tan traídos y llevados comentarios sobre sus actividades bursátiles y artísticas, su juventud homosexual y acerca del celebrado matrimonio con una gran bailarina, Lydia Lopokova. 

Más interesante es subrayar cómo Keynes no ocultó su admiración por el New Deal de Roosevelt, y cómo pudo haber una influencia entre sus ideas y las del gran presidente norteamericano a través del epistolario que mantuvieron. Si bien, y así lo ha puesto de relieve J.K. Galbraith en sus Memorias, las mayores incidencias keynesianas sobre Roosevelt llegaron a Estados Unidos por la penetración de la Teoría General en el mundo de los economistas.

Habrá que recordar también cómo ya en 1940 Keynes se refirió a los problemas económicos de la guerra y de la posguerra, en su How to pay for the war. En 1942 propuso una unión de clearing (en cierto modo inspirada en la idea del luego ecólogo E.F. Schumacher), lo que fue el verdadero precedente del Fondo Monetario Internacional (FMI), en cuyos trabajos preparatorios de la primera sesión Keynes representó al Reino Unido en Bretton Woods (1944). Lo lamentable, quizá, fuera que prevaleciese el Plan White sobre el Plan Keynes. Frente a la propuesta de Keynes de crear un Banco Central del Mundo, que emitiera moneda de validez universal. White, planteó un simple fondo monetario (luego FMI). Para los norteamericanos, el futuro Banco Central del Mundo ya estaba creado, como ya estaba circulando la moneda universal: el Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos, y el dólar, respectivamente.

La amargura de Keynes por su fracaso en Bretton Woods, le acompañó hasta su propia muerte, en el domingo de Pascua de 1946; al volver de Estados Unidos, sintió la más viva desazón ante las previsiones de funcionamiento del FMI. Sin embargo, aunque fuera a título póstumo, 1946 fue el año del reconocimiento del keynesianismo en la Ley General de Empleo de Estados Unidos. Como 1947 sería el comienzo de una política keynesiana internacional de cebar la bomba típica de los economistas keynesianos de Estados Unidos con el Plan Marshall.

FINAL

Terminemos subrayando que los tres maestros, Marx, Schumpeter y Keynes, supieron prever grandes cambios, aunque con puntos de vista finales distintos.

Sus experiencias vitales tuvieron, sin duda, una dosis considerable de influencia subjetivizadora en sus respectivas previsiones, en línea con el célebre aforismo de que “la forma de vida condiciona la conciencia”. Marx fue, desde muy joven, un rebelde y un perseguido del capitalismo; Schumpeter conoció las horas tristes del fracaso político al frente de la Hacienda de Austria, su país de origen, tras la Primera Guerra Mundial, así como frustraciones del banquero que conduce a su empresa a la ruina; Keynes, en cambio, se deleitó con los muchos y dulces encantos de la burguesía más ilustrada de su país y vivió como quiso.

Sólo queda despedir al trío MSK, y como siempre, esperar observaciones de los lectores de Republica.com, a través del correo castecien@bitmailer.net. Cuídense que queda mucha pandemia.