Expediciones científicas a América (II)

Este artículo de hoy, se lo dedico muy especialmente, y con gran dolor por su pérdida, a Miguel Artola, que como se ha dicho, fue renovador de la Historia de España.

En 1973 me confió el volumen VII de su Historia de España, que publiqué con e título “La República. La era de Franco”.

Miguel Artola fue un gran autor, y además una gran persona, siempre con un carácter jovial y afable. Nunca le olvidaremos.

Maestro, descansa en paz.

 

El pasado jueves 21 se publicó en Republica.com, en esta sección “Universo Infinito”, la primera entrega sobre “Expediciones científicas españolas a América”, repasando la actividad investigadora y coleccionista desde los tiempos de Felipe II a Carlos III. 

Hoy, jueves 28 de mayo, continuamos con el artículo en cuestión, incluyendo dos expediciones nuevas de Carlos IV: la de Malaspina/Bustamante (1789/1794); seguida del gran viaje de Alexander von Humboldt, auspiciado que fue por Mariano Luis de Urquijo, el más dinámico y alternante ministro de Carlos IV

LA EXPEDICIÓN MALASPINA/BUSTAMANTE

En 1788, Alejandro Malaspina –italiano al servicio de España—, junto con su colega José de Bustamante y Guerra, propusieron al Consejo Real de Carlos III la organización de un viaje para dar la vuelta al mundo, a fin de visitar las posesiones españolas en América y Asia; recibiendo ese proyecto la aprobación directa del rey español más ilustrado, dos meses antes de su muerte. Así pues, la expedición se hizo ya en el reinado de Carlos IV. 

El origen de tal propuesta no fue otro que emular la intensa actividad de exploración del Océano Pacífico desarrollada por Francia (expedición de La Pérouse) e Inglaterra (viajes de Cook) a finales del siglo XVIII. Lo que provocó cierta inquietud en España, pues desde que la expedición de Magallanes cruzó el Pacífico y descubrió las Filipinas, España había considerado el Mar del Sur como de su exclusiva soberanía, controlando las Filipinas en el oeste y la casi totalidad de su orilla este, desde Chile hasta California

La expedición se planteó para incrementar el conocimiento en las ciencias naturales (botánica, zoología, geología), así como para realizar observaciones astronómicas y «construir cartas hidrográficas de las regiones más remotas»; e igualmente, para valorar las formas y resultados de la administración de los cuatro virreinatos americanos, y de las Capitanías Generales del Imperio, una de ellas Filipinas. 

La expedición dispuso de dos fragatas, que zarparon de Cádiz el 30 de julio de 1789, llevando a bordo la flor y nata de los astrónomos e hidrógrafos de la Marina española como Juan Gutiérrez de la Concha; grandes naturalistas y dibujantes como José del Pozo; los pintores José Guío y Fernando Brambila; el dibujante y cronista Tomás de Suria; el botánico Luis Née; los naturalistas Antonio Pineda y Tadeo Haenke. También participó en la expedición el marino Alcalá Galiano, que años después (1805) moriría en la batalla de Trafalgar. 

Los navíos, fueron diseñados y construidos especialmente para el viaje, y se bautizaron por Malaspina y Bustamante, en honor de James Cook –que había navegado en el Resolution y en el Discovery, con sus mismos nombres en español: Atrevida y Descubierta.

El gran recorrido por el Imperio

La navegación (véase el mapa) costeó Sudamérica hasta el Río de la Plata, llegando a Montevideo el 20 de septiembre de 1788, para desde allí seguir hasta las Islas Malvinas (Falkland en el mapa; posesión española en tiempos de Malaspina, que luego Inglaterra arrebató a Argentina en 1832). Después, la expedición visitó la Patagonia, para doblando por el Cabo de Hornos pasar al Pacífico, a fin de explorar la costa y recalar en la isla de Chiloé, y posteriormente en los puertos de Talcahuano, Valparaíso, Santiago de Chile, El Callao, Guayaquil y Panamá; alcanzando finalmente Acapulco.  

Al llegar al puerto mexicano, estaba esperándoles a los expedicionarios el encargo de Carlos IV de encontrar el Paso del Noroeste —buscado por Juan de Fuca, Cook y otros muchos marinos, y que por los españoles se conocía como Paso de Anián según se vio anteriormente—, que se suponía unía los océanos Pacífico y Atlántico en la Norteamérica septentrional. De modo que Malaspina y Bustamante, en lugar de visitar Hawái como habían pretendido, siguieron las órdenes del Rey, llegando hasta la bahía de Yakutat y al fiordo Prince William (Alaska); donde se convencieron de que no había tal paso: uno de los grandes glaciares de Alaska recuerda hoy esa parte del viaje, por su nombre de Malaspina

Posteriormente, la expedición puso rumbo a Acapulco, y después al Pacífico Este, navegando a través del inmenso océano, con escalas de las islas Marshall y las Marianas. Para luego fondear en Manila en marzo de 1792, donde las fragatas se separaron:  mientras la Atrevida se dirigió a Macao, la Descubierta exploró las costas filipinas. Reunidas de nuevo, en noviembre de 1792, navegaron a través de las islas Célebes y las Molucas, poniendo proa posteriormente a la isla Sur de Nueva Zelanda (25 de febrero de 1793), donde se cartografió el fiordo de Doubtful Sound

La siguiente escala fue la colonia británica de Sídney, en Australia, desde donde volvieron, en larga travesía por el Pacífico Sur –ya sin escorbuto y con mayores comodidades que en tiempos de Magallanes/Elcano—, hasta el puerto de El Callao en Perú. Para desde allí poner rumbo al cabo de Hornos, y volver a fondear en las Malvinas, y finalmente tomar rumbo a España, donde llegaron, a Cádiz, el 21 de septiembre de 1794. No se sabe bien por qué no hubo una escala en Buenos Aires. 

Evocaciones del avieso Godoy y de la conmemoración de 2011

Malaspina y Bustamante presentaron el informe de su largo periplo con el título: Viaje político-científico alrededor del mundo (1794), que incluía una importante porción política confidencial, con observaciones críticas sobre las instituciones coloniales españolas, mostrándose Malaspina favorable a la concesión de una amplia autonomía a los dominios españoles. Previsiones que a Malaspina le valieron, en noviembre de 1795, la acusación por el nefasto valido de Carlos IV, Manuel de Godoy, de revolucionario y conspirador. Por lo que fue juzgado y condenado a diez años de prisión en el castillo de San Antón, de La Coruña. Al terminar su confinamiento, se trasladó a Italia, donde murió en Pontremoli (Toscana), en 1809.

El objetivo de Malaspina y Bustamante fue realmente ambicioso, pues a lo que se aspiraba era a dibujar un cuadro razonado y coherente de las posesiones de la monarquía española; registrándose los distintos aspectos de la realidad del Imperio, desde la minería y las virtudes medicinales de las plantas hasta la cultura; y desde la población de la Patagonia hasta el comercio filipino, pasando por una visita al fuerte de San Lorenzo, en el vasto territorio de Nutka, incorporado oficialmente a la Nueva España en 1795. 

216 años después de aquella expedición, en su recuerdo, diversas instituciones españolas pusieron en marcha una expedición científica de circunnavegación, siguiendo la ruta inicialmente prevista por Malaspina y Bustamante alrededor del mundo. Un viaje de investigación interdisciplinar cuyos principales objetivos fueron estudiar el cambio global y la pérdida de biodiversidad en el océano. Desde diciembre de 2010 hasta julio de 2011, más de 250 científicos a bordo de los buques de investigación oceanográfica Hespérides (A-33) y Sarmiento de Gamboa llevaron a cabo la navegación, para aunar la investigación científica con la formación de jóvenes investigadores y el fomento de las ciencias marinas y de la cultura científica en la sociedad.

EL VIAJE DE ALEXANDER VON HUMBOLDT

En 1799, Carlos IV, acompañado del ministro Mariano Luis de Urquijo –Secretario de Estado y Despacho de Carlos IV (1798-1800) y después, sorprendentemente, de José Bonaparte de 1808 a 1813—, recibió en Madrid la visita del sabio alemán Alejandro von Humboldt, a quien se expidió, por influencia del reformista Urquijo, una Real Cédula exhortando a todas las autoridades de Indias a que facilitaran su misión científica. Hasta tal punto favorable al sabio, que Humboldt dijo textualmente: “es para mí muy grato recordar que… [durante los cinco años de recorrido por el Nuevo Continente] jamás hemos tenido una sola queja por la injusticia de los hombres”

Humboldt, con su inseparable amigo el botánico Amadeo Bompland, recorrió un trayecto total de 60.000 kilómetros a lo largo de los cuales recogió miles de muestras minerales y biológicas, con las que contribuyó a que la ciencia reconociera la enorme diversidad de la vida en los trópicos

El viaje de Humboldt por América comenzó en 1799, llegando a Venezuela por Cunamá. Continuó por el virreinato de la Nueva Granada, para luego visitar el de Nueva España. Terminó su recorrido americano en 1804 en Pensilvania.

Ningún tema quedó fuera de la curiosidad de Humboldt: botánica, zoología, geología, meteorología, sismología y astronomía. Entre sus decisivas contribuciones a la ciencia destacaron el descubrimiento de la relación entre la latitud y la altitud, el trazado por primera vez de las “líneas isotermas”; la descripción de la Corriente luego llamada de Humboldt en la costa peruana; y las mediciones magnéticas del Ecuador que sirvieron para que Gauss formulara su teoría electromagnética. Aunque no cabe llamar a nuestro barón alemán padre de la Ecología, ciencia que fue definida en 1868 por Ernst Haeckel, discípulo de Charles Darwin.

En 1804, Humboldt regresó a Berlín, donde demoró dos décadas en redactar su gran obra, “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”, en la que narró sus descubrimientos.

Tudela resaltó que la importancia de las expediciones científicas españolas en América fue muy valorada por el barón Von Humboldt diciendo que, “desde fines del reinado de Carlos III y durante el de Carlos IV, el estudio de las ciencias naturales ha hecho grandes progresos no sólo en México, sino en todas las posesiones españolas. Ningún Gobierno europeo ha sacrificado sumas más considerables que el español para fomentar el conocimiento”

Dejamos aquí el tema hoy, jueves 28 de mayo, ya en Madrid en la fase 1 de la desescalada de la pandemia. Que les vaya bien y cuídense mucho que el bicho es malo. Y como siempre, para contactar con el autor, el correo electrónico castecien@bitmailer.net.

 13 Primera edición en París, 1826. Versión actual en BiblioBazaar, Carolina del Sur, 2009.
 14 José Tudela de la Orden, “Expediciones científicas a América”, ob.cit., pág. 1600 y sig.