El Pacífico boreal español (II)

NOTA BENE: En Madrid seguimos en confinamiento, y lo que te rondaré, morena. Pero gracias a la telemática continuamos trabajando, aprovechando el tiempo para actividades muy diversas.

En esa idea de que el tiempo es oro, ya dije el último jueves, el 7 de mayo, que estos días toca “España en el Pacífico Norte”, un tema del que ya expusimos la historia del Territorio de Nutka, en general poco conocido por los españoles. Hoy entramos en otras cuestiones colaterales: La Luisiana española y el Tratado Adams-Onís, ya en las postrimerías de la Nueva España (1819).

Cuídense mucho, y piensen que este artículo no es para la nostalgia, sino para conocernos mejor los españoles, otrora atrevidos y emprendedores en los confines del mundo.

La Luisiana española

En la Norteamérica todavía muy despoblada del siglo XVIII, La Luisiana era un vasto territorio de soberanía francesa que abarcaba todo el valle del Mississippi. Que en parte pasó a ser española por el Tratado de Fontainebleau de 1762; firmado en secreto en el castillo del mismo nombre, cerca de París, el 13 de noviembre de 1762 entre Francia y España. Siendo los reyes de ambos países por entonces de la Casa de Borbón: Luis XVI y Carlos III1.

 Por ese Tratado se cedió a España la parte de la Luisiana al Oeste del Mississippi, en las postrimerías de la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Decisión de Francia debida a que previendo su derrota y la pérdida de todos sus territorios en Canadá, Luis XVI ofreció a Carlos III la cesión de la mitad de su Luisiana, desde Canadá hasta la ciudad de Nueva Orleans en el Sur, como puede verse por el mapa adjunto.

Ese acuerdo de cesión se mantuvo en secreto hasta la firma del propio Tratado de París de 1763, que puso formalmente fin a la citada Guerra de los Siete Años; escriturándose entonces la posesión de La Luisiana Occidental todavía a nombre de los franceses, quedando la parte Este, menos extensa, para los británicos2.

Al hacerse pública esa importante cesión a España, desde París se justificó como compensación por la pérdida de las dos Floridas españolas. Que por cierto, se recuperaron en la Guerra de Independencia de EE.UU. (1781), por las batallas que Bernardo de Gálvez, precisamente gobernador de La Luisiana, ganó a los ingleses (Batton Rouge, Pensacola, etc.). Posteriormente, las dos Floridas (Oriental y Occidental) se vendieron por España a EE.UU. en 1819, por el Tratado Adams-Onís a que nos referimos después.

El Tratado de París de 1763 estableció un periodo de dieciocho meses durante el cual los franceses de Canadá pudieron emigrar libremente a la Luisiana. Y como resultado de ello, muchos de los emigrantes, conocidos como cajunes se trasladaron a la Luisiana española. Siendo concretamente, el 21 de abril de 1764, cuando el tratado secreto de 1762 dejó de serlo: Luis XV notificó al gobernador francés de Luisiana, Charles Philippe Aubry, el cambio de manos del territorio a favor de España. Ante lo cual, los colonos franceses no aceptaron los hechos y expulsaron al primer gobernador español, Antonio de Ulloa, en marzo de 1766. El segundo gobernador, Alejandro O'Reilly, acabó con la rebelión francesa de 1768, e izó oficialmente la bandera española en todo el amplio territorio, en 17693. La Luisiana pasó entonces a depender de la Capitanía General de Cuba, recordándose que sus dos gobernadores más famosos, con sede en Nueva Orleans, fueron el citado O’Reilly (1769/ 1770) y el también ya mentado Bernardo Gálvez (1779/1781)4.

La población del inmenso territorio español era en 1785 de 125.000 personas, y estaba concentrada a lo largo de los principales ríos. Debiendo subrayarse que con el gobierno español hubo una verdadera revolución demográfica al facilitar las nuevas autoridades una importante inmigración de origen europeo: cajuns franceses, isleños (canarios españoles), alsacianos, angloestadounidenses etc.) con lo cual la población de la Luisiana aumentó rápidamente en 1766, hasta algo más de 60.000 habitantes de linaje europeo.

Uno de los motivos que explican la relativamente poca atención que la Monarquía Española prestó a La Luisiana fue porque en tan extensos y ricos territorios no se encontró ni oro ni plata, con gran falta de mano de obra no esclavizada para desarrollar la agricultura y la ganadería.

Estaba claro que el territorio tenía vocación de adquirir una población mucho mayor. Ligado económicamente a la contigua Nueva España.

La principal exportación ultramarina fueron la de pieles y cueros, sobre todo de bisonte; con el crecimiento de la peletería, talabartería, marroquinería, y la carne seca de bisonte, conservada como tasajo o penmican. A finales del dominio español hubo zonas importantes de la Baja Luisiana que se dedicaron al cultivo de algodón.

En 1800, por acuerdo entre Godoy y Napoleón, la Luisiana retornó de España a la Francia bonapartista. Y tras una serie de episodios, Napoleón la vendió a EE.UU. en 1803, siendo Presidente Thomas Jefferson.

 

En la cronología adjunta, figura, en recuadro, lo principal de la Historia de La Luisiana española.

Tratado Adams-Onís

El Tratado de Adams-Onís, originariamente llamado De amistad, arreglo de diferencias y límites entre su Majestad Católica el Rey de España

 y los Estados Unidos de América, y conocido también, en inglés, como Florida Purchase Treaty (Tratado de La Florida de 1819-1821), fue resultado de la negociación entre España y Estados Unidos para fijar la frontera entre la nación norteamericana y el entonces virreinato de la Nueva España5.

El diplomático Luis de Onís (Cantalapiedra, Salamanca, 1762/Madrid, 1827), a la sazón embajador de España en Washington DC, negoció y firmó como representante de Fernando VII de España. Por los estadounidenses lo hizo el entonces secretario de Estado John Quincy Adams (1767-1848), que luego fue el sexto Presidente de EE.UU. La negociación se inició en 1819 y aunque se firmó en ese mismo año, no fue ratificado hasta el 22 de febrero de 1821 por ambas partes, ya casi en el momento en que México accedió a su independencia.

La frontera se fijó en el paralelo 42° norte, renunciando España a sus posesiones allende esa latitud, entre ellas, el disputado territorio de Oregón, como vimos al tratar el Territorio de Nutka. También cedió España, definitivamente, por venta, las Floridas, ya se dijo antes. Y renunció a cualquier reclamación sobre la Luisiana y, obviamente, a la navegación por el río Misisipi.

La Corona Española quedó como única soberana de Texas, territorio que Estados Unidos reclamaba como parte de la Luisiana, que el Presidente Jefferson había comprado a Napoleón en 1803. Sin embargo, España mantuvo la soberanía de Texas a cambio de la que de facto ya no tenía en Florida. Con el Tratado, Estados Unidos ganó en su transcontinentalidad y las Floridas. Quedando Oregón en disputa con los británicos6.

Como continuación de la historia, recuérdese que el Tratado Adams/Onís fue ratificado en 1832 por México y los Estados Unidos, quedando fijada su frontera hasta 1848. Pero, tras la guerra mexicano-estadounidense, México perdió definitivamente el amplio territorio mexicano heredado de España al suroeste, desde la línea Adams/Onís, hasta el Río Bravo, o Río Grande. México fue expoliado así, por más de la mitad del territorio que le había legado España en 1821.

Lo más admirable de la negociación del Tratado fue que Onís, un valioso y valeroso diplomático, consiguió preservar la mitad norte de la Nueva España, casi totalmente despoblada, a favor de la soberanía española. Cuando ya se había comenzado la guerra de independencia de México, desde 1810.

La próxima semana volveremos, todavía en la pandemia. Cuídense todos los lectores de Republica.com y, como siempre, esperamos sus observaciones a través de castecien@bitmailer.net.

1 https://es.wikipedia.org/wiki/Luisiana_española

2 Tratado de París disponible en internet. https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/1Independencia/1763-TP-EFIP.html

3 John Kenneth Galbraith (Historia de la Economía, versión española en Ariel, 2011) dedicó un extenso espacio a los métodos del Gobernador O’Really para hacerse con el poder efectivo de La Luisiana frente a los latifundistas franceses.

4 Miguel del Rey y Carlos Canales, Bernardo de Gálvez, Edaf, Madrid, 2015.

5 Luis de Onís, Memoria sobre las negociaciones entre España y los Estados-Unidos de América, que dieron motivo al tratado de 1819, con una noticia sobre la estadística de aquel país, Imprenta de M. de Burgos, 1820.

6 http://publicacions.iec.cat/repository/pdf/00000224%5C00000028.pdf