El Pacífico boreal español (I)

NOTA BENE:

Al día de hoy, con la cuarta prórroga del estado de alarma que se acordó en el Congreso de los Diputados, nos encontramos, todavía, ante una serie de incertidumbres, aunque tenemos más confinamiento por delante, y estamos siguiendo la senda de las cinco fases, de 0 a 4. 

En estos tiempos de “quédate en casa”, seguramente casi todos hemos tratado de administrar el tiempo de la mejor manera posible. En ese sentido, no puedo por menos de subrayar que en el silencio de la ciudad, con las calles vacías, y la gente en su casa, ha podido trabajarse, en muchos casos telemáticamente. 

Y en esa dirección, hoy me permito traer a los lectores de Republica.com un nuevo escrito mío de estos días del coronavirus, sobre la presencia de España en el Pacífico Norte, entre los siglos XVI y XVIII. 

Aprovecho para desear a todos los lectores que vayan saliendo del largo proceso del virus, con la mente clara, y el decidido propósito de una normalización que a todos nos corresponde hacer lo mejor posible. 

EL PACÍFICO BOREAL ESPAÑOL

En este pasaje, examinamos uno de los varios episodios en el Océano Pacífico Norte, en tiempos en que, por obra y gracia del Tratado de Tordesillas (1494), “la mitad del mundo fue de España”. 

Concretamente, nos referimos a cuatro cuestiones sucesivas: una serie de navegaciones entre California y el Estrecho de Bering; a la proclamación del Territorio de Nutka como incorporación al Virreinato de la Nueva España; a las ulteriores negociaciones España/Reino Unido sobre esas vastas extensiones; para finalizar con una referencia a la Luisiana española y al Tratado Adam/Onís entre España y EE.UU. 

Navegaciones exploratorias

La pequeña isla de Nutka, adosada al oeste de la de Vancouver, en el actual Canadá occidental, fue avistada por primera vez por un europeo el 8 de agosto de 1774. Concretamente, un marino proveniente de la Nueva España, Juan José Pérez Hernández, a bordo de la nave Santiago; quien llamó la isla Surgidero de San Lorenzo, como siempre, por el santo del día de la descubierta. 

La misión que el Virrey de la Nueva España, Antonio María de Bucareli y Ursúa, le había confiado a Pérez era llegar hasta los 65ºN de latitud, arriba en la costa de la actual Alaska; pero habiendo alcanzado los 50ºN, regresó a San Blas –puerto próximo a Acapulco— por falta de subsistencias. 

En 1775, se reorganizó otra expedición de mayor envergadura, en la que participaron Bruno de Heceta y Juan Francisco de la Bodega y Quadra, a bordo de los navíos San Carlos, Santiago y Sonora, con la intención de vigilar los eventuales asentamientos rusos al Norte, que llegaban de Siberia Oriental. Expedición que se decidió por el ministro de Carlos III Conde de Floridablanca, que el 8 de julio de 1787 encomendó a las fuerzas españolas de California «fijaran y aseguraran los puntos del Norte que se puedan, aficionando los indios y arrojando cualesquiera huéspedes que allí se hayan establecido».

En 1787 navegó a la zona una nueva expedición española con los barcos Princesa y San Carlos al mando de Esteban Martínez y Gonzalo López de Haro respectivamente. Quienes tras disputar entre sí, realizaron exploraciones separadas: López de Haro llegó a Unalaska, en donde los rusos le informaron que dos fragatas del zar estaban alistándose para dirigirse a ocupar Nutka. Por su parte, en las extremosas Aleutianas, Esteban Martínez recibió la misma información, junto con noticias de que ya había un asentamiento inglés en Nutka. 

En otras palabras, en el Pacífico americano del Norte, estaban creándose tensiones entre los tres Estados con implantaciones próximas: Rusia desde Siberia, Inglaterra ya establecida en el Canadá arrebatado a los franceses, y España desde su Virreinato de la Nueva España. Ante esa situación, el 5 de mayo de 1789 –por orden del virrey Manuel Antonio Flórez— el ya citado marino sevillano Esteban José Martínez comandando ahora, bajo su mando único, las dos citadas naves Princesa y San Carlos, tomó finalmente posesión solemne de la Ensenada de Nutka, reclamando todo un amplio territorio (ver luego el mapa) que formalmente pasó a formar parte del Virreinato de Nueva España. 

El Virreinato nacido por obra y gracia de Hernán Cortés se vio muy ampliado con esa incorporación con un extenso territorio desde el Sur de la actual Alaska, comprendiendo toda la costa oeste canadiense, y el espacio denominado Oregón (originariamente Aragón) que comprendía los actuales estados de Washington y Oregón, y partes de Idaho y Montana en los Estados Unidos de hoy. En total, algo menos de dos millones de km2, un área comparable a la de La Luisiana adquirida en 1762, como luego veremos. Por el mapa adjunto puede verse la gran envergadura de ese territorio de Nutka. En cuyo litoral cabe apreciar los nombres que a distintos puntos costeros le dieron los españoles, junto a su versión actual. 

Para reforzar esa reclamación frente a rusos e ingleses, el virrey Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, ordenó establecer en Nutka el Fuerte de San Miguel en abril de 1790. Adonde se envió al teniente de navío Francisco de Eliza para consolidar el asentamiento, dotándole de la guarnición de la Primera Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña comandados por Pedro Alberni. 

La presencia de los voluntarios catalanes es la explicación de que en los dibujos que realizaron miembros de la expedición de Alejandro Malaspina, que pasó por Nutka en el verano de 1791, aparezcan numerosos soldados con la típica barretina.

El territorio de Nutka

Naturalmente, ni rusos ni ingleses se quedaron quietos ante las pretensiones territoriales españolas. Los rusos fueron asentándose en lo que hoy es Alaska –que luego, en 1867 vendieron a EE.UU.—, en tanto que con los ingleses, España llegó a una serie de arreglos según las denominadas Convenciones de Nutka de 1790, 1792 y 1793; quedando libre el territorio, sin definir la pertenencia a ningún Estados: España y el Reino Unido podían establecerse en cualquiera de sus zonas. 

De hecho, el vasto territorio quedó abierto a la colonización británica desde Oregón hasta Alaska, sin grandes movimientos inmediatos, por el comienzo de las guerras napoleónicas en Europa.

En las sucesivas Convenciones de Nutka, los Estados Unidos de América no reclamaron nada en el área, por la sencilla razón de que aún no tenían acceso al Pacífico. Debido a que entre el Mississippi y el gran Océano estaba la Luisiana española, a la que nos referimos después. Pero una vez que Washington DC firmó el Tratado Adams/Onís de 1819 –del que también nos ocuparemos— no dudó en invocar ante Canadá los derechos adquiridos de España, de propiedad exclusiva del discutido gran territorio de Oregón. 

Esa reclamación estadounidense llevó a un litigio de EE.UU. con el Reino Unido, conocido como Disputa Limítrofe de Oregón, que fue resuelta con la firma del tratado del mismo nombre, entre el Reino Unido y EE.UU., en 1846; dividiendo el espacio en disputa, estableciéndose así lo que sería el futuro límite entre Estados Unidos y Canadá al Oeste de las Montañas Rocosas (paralelo 49º00'N).

Dejamos aquí el tema, espero que la lectura y las imágenes que se incluyen sean de interés para los lectores, y seguiremos la semana que viene, con los temas de la Luisiana española desde 1762, y del Tratado Adams/Onís de 1819.Como siempre, nos despedimos de los lectores con un cuídate, que todavía queda mucho. Y para conexiones con el autor, el correo electrónico castecien@bitmailer.net.