Incidencia de la pandemia del coronavirus y expectativas de recuperación económica (I)

  • Evocaciones y Organización Mundial de la Salud

Los últimos acontecimientos de la pandemia coronavirus, que cada vez se difunde más por el planeta, me han hecho evocar una novela de Nevil Shute, que leí hace muchos años: La hora final, título más expresivo en español que su original inglés, On the beach, “En la playa”. Un relato en el que lucen las calles de las ciudades vacías de tráfico y de gente, como inevitable efecto de la radioactividad difundida por todo el planeta, tras una tercera guerra mundial que llevaría a la especie humana a su definitiva desaparición. 

Se hizo después una película de esa novela (1959). En su escena final, Gregory Peck se despide de Ava Gardner: él comandante de un submarino atómico, que con su tripulación vuelve a EE.UU., en el último viaje. Ella se queda en Australia, el reducto postrero de supervivencia, por muy poco tiempo.

Sin que igual al final a La hora final, la pandemia que nos acosa, ha vaciado las calles de las grandes ciudades de casi todo el mundo. Están en sus casas casi de 3.000 millones de personas recluidas, y todo parece indicar que, así las cosas, la alarma del virus es un primer aviso que nos dan desde no se sabe dónde.

No se trata simplemente de que la pandemia haya desbordado cualquier previsión de contagio y mortalidad; después de haberse dicho tantas veces: “es una vulgar gripe, y apenas se apreciará. Hay mucha exageración”. Alejándonos ya de esas predicciones peores que bulos, tenemos un serio indicio de que el planeta Tierra está dejando de ser un hábitat hospitalario para todas las especies que en él viven, empezando por los humanos, responsables de tantas acciones maléficas para nuestro propio entorno.

A propósito de ese primer aviso, y lo que pueda venir más adelante –que no va a ser necesariamente bueno—, ayer por la noche me llamó un viejo colega, miembro como yo de la Asociación de Amigos de Pierre Teilhard de Chardin, para decirme más o menos lo siguiente: 

  • Ramón, esto ya lo previó el Maestro Teilhard de Chardin en su libro El fenómeno humano, cuando habló de que llegará aun momento en que la humanidad pasaría a ser una Noosfera, esto es, un mundo no sólo muy cableado, que se decía antes, sino con toda clase de comunicaciones inalámbricas e incluso telepáticas (recuérdense las escuchas experimentales del submarino Nautilus y las muchas que ha habido después). Y lo que por lo menos cabe esperar, después de la crisis, es que, ante las muchas inconveniencias emergentes, sea obligado para los terrícolas adquirir ya una conciencia global a la vista de los problemas que se están presentando para la pervivencia de la especie; empezando por el calentamiento global y el cambio climático, semiolvidados en estos días, pero que continúan siendo un enemigo implacable. 
  • Puedes tener razón –dije a mi interlocutor—, y desde luego, no podemos seguir como hasta ahora, luchando por la hegemonía, actualmente China y EE.UU. Como en 1939, análogamente a 1914, una vez más se enfrentaron Alemania y el Imperio Británico. En cuanto al tema de Teilhard de Chardin, lo que no está tan claro es que a partir de la idea de noosfera puedan aceptarse, sin más, sus previsiones enteramente de orden religioso: alcanzar el punto omega de la armonía universal, a partir de la cual es produciría la Parusia, esto es, la segunda presencia del mesías en la Tierra. Esas fueron conclusiones en la fase final de la vida de Pierre Teilhard. Indudablemente, premoniciones muy interesantes, pero que entran ya en el área del debate religioso, sin bases científicas debidamente asentadas. 
  • Tienes razón, Ramón –dijo mi interlocutor—. Pero yo pienso que esa segunda parte que tú todavía no contemplas, es la más interesante. Es cierto que muchos pensadores estimaron que vivían en el momento próximo al final de la vida en la Tierra, como San Juan en el Apocalipsis, o San Pablo en sus epístolas a los griegos y asiáticos, o en las predicciones del Doomsday. Y son muchos, ahora, los que ven otro aviso sobre el fin del mundo en la pandemia como un antecedente de lo que podrá ser otro día una especie de despiste o error, la guerra nuclear, a la que te refieres al principio de este artículo, al citar el caso de la hora final.
  • Bueno, querido amigo, seguiremos otro día, si no te parece mal. 

Dejando el diálogo recién transcrito, y a la vista de lo que está sucediendo, lo primero es lo primero: evitar nuevas infecciones globales, llamando a una prevención inmediata, de modo que en China se aprecie su enorme responsabilidad, porque “a la tercera puede ir la vencida”.

Ya en 2003 tuvimos una perturbación mundial, con mucho menos alcance que ahora, del llamado efecto SARS, o fiebre aviar china. Fue una primera experiencia y ahora estamos pasando la segunda, con decenas de miles de muertos. Y antes de que llegue la tercera, que podría ser aún peor, se trata de prohibir que en los mercados asiáticos y africanos pueda venderse cualquier clase de animales salvajes portadores de no se sabe qué virus u otras fuentes infecciosos. En esa dirección, China será el primer país en erradicar de sus mercados elementos tan peligrosos, por mucho que vaya contra sus tradiciones gastronómicas.

En la lógica de todo lo anterior, está la necesidad de que a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se le asignen tareas más importantes, con no sólo potestad de recomendaciones, sino de aplicación efectiva. Con el objetivo de que en la globalización de plagas y pestes haya un control efectivo. Como ya sucede con la FAO para epidemias animales y vegetales. 

En el caso de España, está en curso toda una serie de discusiones sobre la crisis sanitaria. Empezando por la proposición de que el CSIC, en enero de 2020, ya avisó al Gobierno sobre lo que se venía encima. Sin que el Ejecutivo quisiera enterarse. 

Como también se critica que no hubiera previsión de compra de suficiente de material sanitario, fracasando el Estado en su intento centralizador para esta materia. Ante lo cual, cada comunidad autónoma tuvo ha tenido sus propias iniciativas de adquisición, entre otras cosas para proteger a sus propios profesionales médicos, los más seriamente afectados por la pandemia. 

Porque efectivamente, falta de coordinación ha habido, y dilaciones por parte del Gobierno, muchas más de las inevitables. Con falta de atención a muchas cuestiones que un Ejecutivo más eficaz y eficiente habría tenido que hacer mucho más, sin mayores dificultades de las del prolijo gabinete de 22 ministros de Sánchez. 

Todo eso puede seguir discutiéndose. Como también la circunstancia de que las manifestaciones del 8 de marzo, con 150.000 personas en Madrid, y muchas más en el resto de España, se vieran impulsadas por los propios ministerios de la coalición PSOE/UP. Convirtiéndose tales concentraciones humanas en focos de contagio, que ni nuestros peores enemigos podrían haber organizado mejor. Hay pues, muchos problemas de crisis sanitaria, pero a partir de este pasaje nos centramos en los planteamientos globales de la crisis económica y de las previsiones de recuperación. 

Podríamos seguir hablando de otras muchas cosas de la pandemia, y de las cuestiones económicas que de ella se derivan, a las que dedicaremos la próxima entrega de este artículo.

Algo que también habremos de incluir en las conclusiones, es la necesidad de un encuentro mundial al más alto nivel, tan pronto como sea posible. Para estudiar cabalmente qué ha sucedido y prever lo que el mundo será después de la crisis sanitaria. Porque ya no podemos seguir con más dubitaciones: vivimos en un solo mundo, como ya en 1970 dijeron Barbara Ward y René Dubois, en su libro titulado así, que se preparó para la Conferencia de Estocolmo, de Desarrollo y Medio Humano. En la que se advirtieron los muchos problemas que tenía el planeta Tierra, para seguir en una convivencia normal. 

Seguiremos la próxima semana, cuando todavía estemos en una situación más apremiada por la pandemia. Sobre todo, cuando ya ha saltado definitivamente a la otra orilla del Atlántico, para instalarse en EE.UU., con sus 320 millones de habitantes.

Y como siempre, los lectores de Republica.com, como siempre, pueden ponerse en comunicación con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net. Todas las observaciones serán bienvenidas.