¿Realmente se quiere derogar, sin más ni más, la reforma laboral de 2012? (I)

Hacía tiempo que tenía intención de escribir este artículo para los lectores de Republica.com. Prácticamente, desde el triunfo de la moción de censura, que dio el gobierno a Pedro Sánchez, cuando se hizo frecuente oír hablar de la derogación de la reforma laboral que se introdujo por el tándem Rajoy/Bañez en 2012, en la idea de paliar la gran recesión que por entonces padecía España.

En la hemeroteca y en la memoria internet, figuran numerosas declaraciones de políticos, sindicalistas y gentes de muy distintas esferas, en favor de derogar el Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero, “de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral”, que es el título completo de la tan vituperada como persistente reforma, que ya tiene una larga vida de ocho años.

Al respecto, debemos preguntarnos por qué tanta acritud frente a una serie de planteamientos en la reforma, que indudablemente contribuyeron a aliviar globalmente la crisis, con una serie de ajustes indispensables. Para evitar lo que podría haber sido un colapso mucho mayor del desempleo, que llegó a seis millones de personas, en términos de la encuesta de población activa (EPA), el medidor oficial dentro de la Unión Europea (UE).

En gran medida, el rápido aumento de la bolsa de desocupación, se debió a que teníamos casi tres millones de personas trabajando en la industria de la construcción, que en 2006 había llegado a más de 700.000 viviendas iniciadas; con una ulterior caída espectacular, que en 2015 situó ya esa misma variable en poco más de 30.000 unidades construidas: una caída del 80 por 100 o más.

De ese modo, los tres millones de efectivos en el sector construcción pasaron a sólo medio millón, por el despido masivo, en su mayoría de temporeros, de más de 2,5 millones. Una cifra que supuso casi la mitad del citado paro entre 2008 y 2013, el nivel más alto de toda la UE.

Fue una quiebra brutal de la construcción de viviendas, altamente especulativa, al romperse la doble burbuja inmobiliaria/financiera: el sector, de algo más del 12 por 100 del PIB en el 2007, se contrajo al 6 por 100 en el 2015. Ni más ni menos.

En ese penoso contexto, en 2012, La ley de reforma laboral permitió un adelgazamiento de nóminas en muchas empresas. De manera que, de haberse mantenido incólume la legislación anterior, el inmediato voluminoso desempleo habría sido aún más dramático. La reforma del RD-L mencionado, hizo posible que funcionaran una serie de mecanismos, introduciéndose una indudable flexibilidad en los mercados laborales:

  • En vez de los convenios de grandes sectores de ámbito nacional, o de comunidades autónomas, se pasó, preferentemente, a negociar a escala de cada empresa propiamente. Lo cual permitió ajustes que de otra manera habrían sido imposibles de introducir, con importantes reducciones de plantilla y considerables ajustes salariales a la baja. Según lo negociado directamente en cada empresa con su propio comité de trabajadores, sin pasar por las grandes centrales de CC.OO. y UGT. Así, resultaron factibles los aludidos adelgazamientos de nóminas, que habrían sido impracticables sin los nuevos expedientes de regulación de empleo (EREs).
  • Además, en los referidos EREs y otros arreglos legales del adelgazamiento de nominas, resultó muy importante la reducción de los costes de despido. Con una fuerte contracción en las indemnizaciones, empezando con el llamado despido improcedente de 45 días por año trabajado, que pasó a 33 días. Y en caso de estar la empresa en números rojos, en pérdidas según la demostración contable adecuada ante la autoridad laboral, fue posible llegar a sólo 20 días.
  • Adicionalmente, las llamadas jornadas de tramitación quedaron excluidas en los despidos de muchas pymes; haciendo menos gravosa la triste decisión de prescindir de una parte mayor o menor de personal.
  • E incluso, también se hizo más severo el despido por excesos de bajas por enfermedad. Una posibilidad que ahora ha cambiado, por la decisión, que no ha dejado de causar extrañeza, de perdonar a los absentistas, con un relajamiento en la disciplina laboral. Que tiene indudables efectos negativos en las pequeñas y medianas empresas, autónomos, y explotaciones agrarias.

Las nuevas medias expuestas hasta aquí, permitieron que muchas empresas hicieran reajustes muy efectivos de su personal en nómina, para compensar la fuerte caída de la demanda en el mercado por efectos de la crisis. Estimándose que de haberse mantenido la legislación anterior, en vez de ser 350.000 las empresas desaparecidas (un número ciertamente cabalístico), se habría llegado a no menos de 700.000.

En cualquier caso, la derogación de la reforma laboral, como un todo, no se ha producido, al ser un verdadero dislate. A lo que ha contribuido la fracción más europeísta del gobierno actual PSOE/UP, según lo expresado por la Vicepresidenta tercera del Gobierno, para Economía, Nadia Calviño. Que se ha apoyado en manifestaciones muy favorables a la reforma por parte de la OCDE, la Comisión Europea, el FMI, etc.

Como va viéndose, el tema es muy complejo, y por eso no cabe desarollarlo en una sola entrega. Dejamos aquí la cuestión para la próxima semana, y el autor, como siempre, se pone a disposición de los lectores en el correo electrónico castecien@bitmailer.net.