La vida en el mar en las navegaciones del siglo XVI (y III)

Terminamos hoy el artículo que se inició para los lectores de Republica.com el pasado jueves 13 de febrero, con una primera visión de los problemas de la vida en el mar en el siglo XVI, cuando las grandes navegaciones españolas por todo el mundo, especialmente la de Magallanes/Elcano (1519/1522).

Terminamos la serie con una referencia a la terrible enfermedad del escorbuto, que sufrieron tantos marineros en largas travesías, por un problema que hoy sabemos de avitaminosis. Con algunas referencias también al tema de la religiosidad, y una serie de hechos concretos en relación con la nave Victoria, con la que Elcano dio la primera vuelta al planeta, siempre por una ruta marítima, navegando hacia el oeste, hacia ponente.

ENFERMEDADES: EL ESCORBUTO

En las travesías largas, la tripulación sufría el azote del escorbuto, ya mencionado antes varias veces, provocado, hoy lo sabemos, por una avitaminosis extrema, a causa de la falta, sobre todo, de la vitamina C. Aparecía tras más o menos mes y medio de no ingerir alimentos frescos, por la monotonía de una dieta a base de productos secos, sobre todo galleta1.

La dolencia comenzaba con una fuerte hinchazón de las encías, seguida de caída de los dientes, engorde en diferentes partes del cuerpo, y hemorragias internas. El afectado acababa cayendo en grave estado de postración, para terminar muriendo si no recibía a tiempo alimentación adecuada. Pigafetta se refirió lamentativo a la enfermedad:

Mas no fue esto lo peor. Nuestra mayor desdicha era vernos atacados de una enfermedad por la cual las encías se hinchaban hasta el punto de sobrepasar los dientes, tanto de la mandíbula superior como de la inferior, y los atacados de ella [escorbuto] no podían tomar ningún alimento. Murieron diez y nueve, entre ellos el gigante patagón y un brasileño que iban con nosotros. Además de los muertos, tuvimos de veintiuno a treinta marineros enfermos, que sufrían dolores en los brazos, en las piernas y en algunas otras partes del cuerpo, pero curaron. En cuanto a mí, nunca daré demasiadas gracias a Dios porque durante todo este tiempo, y en medio de tantas calamidades, no tuve la menor enfermedad2.

Durante muchos años, el escorbuto fue el azote de los navegantes, y sólo en el siglo XVIII se supo combatirlo con una alimentación rica en vitamina C, sobre todo cítricos —naranjas, limones y otros—, que a veces, era difícil o imposible adquirir en todas las navegaciones. Se dice que el capitán James Cook (1728/1779) fue quien sistematizó la alimentación de las tripulaciones para evitar tan recurrente como letal dolencia.

 

RELIGIOSIDAD

Estaba muy inculcada en los hombres de mar que bautizaran a los barcos con nombres religiosos, haciendo lo propio con las tierras que descubrían, a las que generalmente se daba el nombre del santo del día, como ya se ha visto.

La precaria e insegura vida a bordo daba lugar a sentidas manifestaciones religiosas que arreciaban en momentos de fuertes temporales, en medio del océano, con olas como montañas, vientos huracanados, y cayendo rayos alrededor. Como decía una copla de por aquellos tiempos:

«El que no sepa rezar
que vaya por esos mares.
Verá que pronto lo aprende
sin enseñárselo nadie».

Las embarcaciones mayores llevaban a bordo, normalmente, un sacerdote o capellán, y la tripulación había de asistir a los servicios religiosos en cubierta, muchas veces sobre un improvisado altar preparado con arcones, y con algún grumete o paje haciendo de monaguillo. Con frecuencia se cantaba la Salve Marinera, que hoy se mantiene en la Armada española3.

Era saludable consejo que antes que el buen cristiano entrara en la mar hiciera su testamento, declarando sus deudas y cumpliendo con sus acreedores, repartiendo su hacienda, y reconciliándose con sus enemigos. Después, en la mar, podía sufrir tormentas y fuerte oleaje4.

LA NAO VICTORIA

Su nombre original era el de Santa María, pero el definitivo de Victoria en la armada de Magallanes se le dio para evocar la iglesia de Santa María de la Victoria, del barrio de Triana, en la que el capitán general y toda la tripulación, antes de levar anclas, juraron servir a Carlos I.

Según la tradición oral, la Victoria fue construida en Zarauz, Guipúzcoa, aunque hay quien opina que fue en Ondárroa, Vizcaya. Como ya se ha dicho en este libro, era en las costas del norte de España donde se construían los mejores barcos merced a la calidad de sus maderas, ferrerías y carpinteros de ribera. No se conocen fechas de la construcción del primer barco que dio la vuelta al mundo, aunque debió ser en 1518, cuando la nave ya figura en algunos documentos. Fue comprada por expropiación con pago de 800 ducados de oro, equivalentes a 300.000 maravedíes, para formar parte de la expedición5.

 

De los estudios efectuados para la reconstitución de una réplica de la nao Victoria para la Expo’92 de Sevilla, se cree que posiblemente las maderas empleadas en la nao original fueron de roble para el timón y elementos estructurales; pino silvestris para los mástiles y las vergas; y encina y olivo para cuadernales y asiento de las vigotas6. Otros elementos fueron: cáñamo para las jarcias (cordelería), velas, y estopa del calafateado; esparto para cabos de fondeo7; pez, sebo y betún para tratamiento de las maderas; hierro para anclas; herrajes y clavazón de muy diversas clses; plomo para forrado de la obra viva8; piedra de mortero para lastre fijo, y piedra menuda y arena para lastre móvil.

En lo referente a dimensiones, se estima que podía medir 28 m de eslora y 7,5 de manga. Cuando zarpó de Sanlúcar en 1519, su tripulación era de unos 45 hombres. Y en lo que respecta a tonelaje, la capacidad del barco en volumen9, la Victoria era capaz de cargar 85 toneles vizcaínos (102 sevillanos), con 170 barriles o pipas. Cada pipa equivalía a unos 500 litros actuales, o sea, medio metro cúbico10; sabiéndose que de sus 85 toneladas, 17 o 20 eran puro lastre, que iba en el fondo del barco, ocupando hasta una cierta altura, que dependía del material que se utilizara: piedras en el lastre fijo, y arena en el móvil, e incluso, a veces, agua11.

En definitiva, la Victoria era un barco pequeño para hoy, mediano para entonces, no siendo extraño, pues, que la vida a bordo tuviera muchos problemas e incomodidades. Y a pesar de todo, fue capaz de hacer la circunnavegación de agosto de 1519 a noviembre de 1522, soportando temporales, varadas, roturas del aparejo y otros inconvenientes. Lo que demuestra que en su clase la nao de excelente y recia construcción; y que los hombres que navegaron en ella eran duros, y buenos sus marinos. Esas dos cualidades permitieron que la Victoria realizara una de las mayores aventuras de la historia de la humanidad: dar la vuelta a toda la redondez de la tierra por primera vez12.

El próximo jueves, 5 de marzo, iniciaremos un nuevo artículo, y como siempre el autor espera las observaciones de los lectores de Republica.com, en el sitio electrónico castecien@bitmailer.net.

 

1 Marcelino González Fernández, “La nao Victoria”, en V Centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, Revista General de Marina, tomo 277, agosto-septiembre 2019, págs. 336 y sig.

2 Antonio Pigafetta, Primer viaje en torno del globo, edición del IV Centenario, Viajes Clásicos, núm. 23, Madrid, Calpe, 1922, lib. II, pp. 69-70.

3 Y especialmente en las travesías del buque-escuela Juan Sebastián Elcano, donde el verano de 2009 la cantó el autor.

4 José Luis Martínez, Pasajeros de Indias. Viajes transatlánticos en el siglo XVI, Fondo de Cultura Económica, México, 1983, pág. 69.

5 Marcelino González Fernández, “La nao Victoria”, en V Centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, Revista General de Marina, tomo 277, agosto-septiembre 2019, págs. 324 y sig.

6 En náutica, la vigota es una especie de motón chato y redondo con tres agujeros por donde pasan los acolladores para tesar la jarcia firme de un barco.

7 Las amarras cuando el barco está parado.

8 La obra viva es la parte sumergida del barco por debajo de la línea de flotación. Es lo mismo que la carena.

9 Hoy una tonelada de arqueo equivale a 2,83 m3, nada que ver, pues, con su significado.

10 Marcelino González Fernández, “La nao Victoria”, en V Centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, Revista General de Marina, tomo 277, agosto-septiembre 2019, págs. 332 y sig.

11 Francisco Fernández González, “Los barcos de la armada del Maluco”, en Actas del Congreso Internacional de Historia Primus cirdumdedisti me, V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo, Valladolid, 20-22.III.2018, pág. 183.

12 Marcelino González Fernández, “La nao Victoria”, en V Centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, Revista General de Marina, tomo 277, agosto-septiembre 2019, pág. 340.