Un Hamlet político (y III): las cinco renuncias de Cambó

Terminamos hoy la serie sobre Cambó, suscitada por la publicación, de nuevo (ya lo había hecho por primera vez en 2007), del libro Cambó de Ignacio Buqueras. Cuyo comentario nos ha llevado por algunos caminos colaterales, especialmente en lo relativo a los negocios del prócer catalán, sobre todo en lo concerniente a CHADE-CADE.

En la primera entrega del 26 de diciembre vimos la primera renuncia de Cambó a entrar a fondo en la política nacional, con ocasión de la Semana Trágica (1909), para apreciar luego también una segunda renuncia, cuando se disolvió oficialmente por Eduardo Dato, Presidente del Consejo de Ministros, la Asamblea de Parlamentarios convocada en Barcelona precisamente por el propio Cambó (1917).

La tercera renuncia y primera negativa al Rey se produjo en 1922, poco antes de la dictadura de Primo de Rivera, y la cuarta y última, con segunda negativa al Rey, acaeció en 1930, al final de la Dictadura, como exponemos hoy mismo. Esta última entrega contiene esa cuarta renuncia, y además, alguna referencia a los últimos años de Cambó en Argentina.

CUARTA RENUNCIA Y SEGUNDA NEGATIVA AL REY, EN 1935

Ante la previsión de la caída de la Dictadura –en concreto dos días antes de dimitir el General Primo de Rivera, el 28 de enero de 1930—, el rey Alfonso XIII buscó el apoyo de varios de los políticos que él más apreciaba: Dámaso Berenguer, el Duque de Alba, Gabriel Maura y Francesc Cambó, para salvar su situación cada vez más difícil del futuro de la monarquía en España.

Alfonso XII debió pensar, que la misión de ese cuarteto, con Cambó de protagonista, consistía en restablecer la normalidad constitucional de 1876, y hacer borrón y cuenta nueva del largo paréntesis de la Dictadura, como si no hubiera pasado nada. Pero con el difícil trasfondo del tema, Cambó expuso al rey que no participaría personalmente en la combinación ministerial planteada. Además, pocos días antes se le ha­bía diagnosticado un cáncer de laringe que, en poco tiempo, se suponía, le dejaría sin voz. Un mal que, por cierto, le fue curado por la intervención quirúrgica que le practicó un gran laringólogo, el Dr. Thomson, en Londres.

Tras la negativa de Cambó al rey, Maura y el duque de Alba se mostraron también indecisos, y el propio Berenguer declaró que, dadas las circunstan­cias, declinaría el encargo recibido de Alfonso XIII. Pero no lo hizo, por su patriotismo, tal vez mal entendido: finalmente formó gobierno, el penúltimo de la Monarquía, la llamada Dictablanda.

Ante la nueva situación, Cambó se lanzó, con rapidez a la organización de un partido de ámbito nacional, que le permitiera participar en el poder cuando llegara su hora, en combinación con el líder político castellano (de Valladolid), Santiago Alba. Con quien ya había coincidido en los Gobiernos Nacionales presididos por Antonio Maura en 1918 y 1922. Pero el desquiciamiento general de las fuer­zas burguesas españolas era ya demasiado hondo, y el proyecto acabó fra­casando. Tanto Cambó como el propio Alba fueron alargando su propósito de la organización política prevista, muy bienquistos por Alfonso XIII.

El Pacto de San Sebastián de los republicanos en el verano de 1930, fue decisivo para agrupar a los antimonárquicos, que al final, el 14 de abril de 1931 –mediando las elecciones municipales de dos días antes—, formaron el Gobierno Provisional de la Segunda República Española. Con la anuencia del propio Berenguer (Ministro de la Guerra en el último gabinete monárquico del Almirante Aznar), Romanones y el General Sanjurjo, como Director General de la Guardia Civil. A Cambó el 14 de abril de 1931 le cogió navegando en su yate Catalonia por el Mediterráneo Occidental.

Durante la Segunda República, aún intentó Cambó manejar los destinos de la política catalana y española. Ya con la más dura competencia con una fuerza más poderosa que la Lliga: Esquerra Republicana de Catalunya, ERC. La entidad de Maciá y Companys entonces, y después de Tarradellas, y hoy de Junqueras; cierto que con esos personajes de muy distinto talante.

Todavía actuó Cambó como diputado en Madrid en 1931 y 1933, pero ya en 1936 no consiguió acta al Congreso, donde triunfó el Frente Popular. Como él previó, todo se polarizó hacia la guerra civil, que estalló el 18 de julio de 1936. También en esa ocasión él estaba navegando por el Mediterráneo en su yate fuera de España, de la que estuvo ausente hasta 1940.

EL FINAL

El resto de la vida de Cambó, menos conocida, lo narra bien Ignacio Buqueras. Al volver ayudó a la causa de Franco (con una primera entrega en mano de 10.000 libras esterlinas), y terminada la contienda se entrevistó con el cuñadísimo, Serrano Suñer. De aquellas conversaciones no salió nada concreto. Franco no necesitaba al prócer catalán, y él tampoco buscó la ocasión.

Tras su paso rápido por Madrid viajó a Lisboa, para embarcar en el vapor Excálibur (ya se sabe, la espada mágica del Rey Arturo). Navío en que también iban como pasajeros para las Islas Bahamas los Duques de Windsor, el ex rey de Inglaterra, Eduardo VIII, que había sido nombrado gobernador de aquellas islas por el Gobierno de Londres, a fin de apartarlo, por su evidente proclividad pro-nazi.

Desde Nueva York, Cambó viajó por todo EE.UU., y luego, por mar, se trasladó a Argentina transcurrieron los cinco últimos años de su vida, con lapsos vacacionales en Punta del Este (Uruguay) y alguna excursión a Chile. Plácidamente se ocupó de sus negocios, con alejamiento de la política platense y de la española. Aunque siempre bien informado por las numerosas visitas que seguía recibiendo, y por las noticias que sistemáticamente le enviaban de España.

En 1947, con 70 años, Cambó pensó volver a Barcelona, esta vez ya en avión, con escala en Dakar. Y precisamente por razones preventivas de la fiebre amarilla en Senegal, se vacunó en Buenos Aires con tan mala fortuna, que tras un compleja y dolorosa complicación, murió del modo menos esperable.

Nada cabe conjeturar sobre si Cambó, tras retornar a Barcelona, con sólo 70 años, habría entrado de nuevo en política a favor del pretendiente Don Juan de Borbón y buscando otra vez un encaje de Cataluña en España. El régimen de Franco le ofrecía pocas oportunidades (“un separatista catalán”, se difamaba de él), y lo más seguro es que no habría sentido gran interés por el retorno del ex líder de La Lliga. Sic transit gloria mundi, podría decirse de quien fue un verdadero Hamlet de la política española.

ACUSE DE RECIBO

Debo informar en esta entrega final sobre las vicisitudes de la vida de Cambó, la carta que recibí el pasado día 7 de enero de su nieto Rafael Guardans Cambó. Juntos estuvimos en el Ateneo de Madrid, el 19 de diciembre de 2018, en la presentación del libro de Ignacio Buqueras, y puede decirse de Don Rafael que es un gran conocedor de la vida de su abuelo, y que se ha manifestado en muchas ocasiones para precisar temas relativos al mismo. Lo que yo recibí como carta suya es un documento relativamente largo, y con la venia del propio Sr. Guardans, queda a disposición de los lectores de Republica.com que me soliciten ese escrito a mi correo electrónico castecien@bitmailer.net.

Pasaremos a otro tema el próximo jueves, que los hay muchos y muy interesantes. Y quizá vuelva a Cambó más adelante, en alguna intervención en Cataluña que tengo ya prevista. Porque de lo que no cabe duda es que el político, hombre de negocios y escritor que fue, tuvo facetas, algunas positivas, para tratar de arreglar el viejo pleito catalán dentro de España. Que según digo en mi libro ¿Adónde vas Cataluña? (Península, Grupo Planeta, 4ª edición en 2018), se inició nada menos que en 1412, con ocasión del Compromiso de Caspe.

Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net.