Alejandro Fernández y el Foro Nueva Economía

En 2018 he viajado ocho veces a Barcelona para conferencias, mesas redondas, encuentros, etc. Y creo que cerré el ciclo el pasado 11 de diciembre, cuando estuve en el Foro Nueva Economía, que dirige sabiamente José Luis Rodríguez, tanto en Madrid y Barcelona como en el resto de España.

La primera vez que estuve como presentador en ese Foro a efectos de Cataluña, fue en Madrid, hace dos años, cuando hice la semblanza de Joaquín Gay de Montellá, gran amigo personal, entonces –y hasta hace pocas semanas—, Presidente de Foment, la patronal catalana que va para dos siglos y medio de antigüedad; distinguida partidaria que fue, hasta 1959 (Plan de Estabilización), de la más fuerte protección arancelaria, en larga polémica. Y desde 1959 mucho más por el libre comercio.

En el Foro Nueva Economía, el 11 de diciembre, en Barcelona, tuve el honor de presentar a otro catalán de pro, también inquieto desde muy joven por los problemas de su tierra: Alejandro Fernández Álvarez, natural de Tarragona, hijo de asturianos, de muy distinta ideología en el espectro de sentimientos políticos.

42 años, en la flor de la vida, Alejandro es desde el 10 de noviembre de 2018 Presidente del PP de Cataluña, un cargo en el que relevó a Xavier García Albiol, que en las elecciones locales de 2019 aspirará a ser Alcalde de Badalona, segunda o tercera ciudad de Cataluña, como lo fue anteriormente.

La explicación de mi presentación del nuevo Presidente del PP catalán puede extrañar a algunos, pero es bien sencilla. Por parte de Alejandro, porque me distingue como economista, y porque según él, estoy a favor de la concordia –una palabra que tanto resuena a otros tiempos, por la conciliación de Cambó en los años 20 del siglo XX—, y también, dice, por mi “sabiduría y patriotismo”. Le agradecí, claro está, esos adjetivos por lo mucho que valen.

Por mi parte, la razón de ir a Barcelona ese día, creo que es bien clara también, y me explico. Hace poco, al final de la jornada, en ese momento en que ya vas a retirarte a descansar, miras en el teléfono móvil las últimas noticias en la prensa digital. Y una noche de esas, al mirar en Youtube, pude ver una intervención de Alejandro en el Parlamento de Cataluña, con una crítica vital del presidente de la Generalidad, Quim Torra, con juicios muy bien argumentados, mucha ironía y sentido del humor; llamándole a la postre a Torra españolazo, como él mismo se dice de sí mismo. Todo ello con una oratoria aplaudida con rigor por todos los constitucionalistas, en numerosas ocasiones de la larga y sentida intervención.

El entonces portavoz del PP se recreó en su propia labor, con ideas básicas sobre lo que es la unidad de España, con evocaciones históricas y, sobre todo, con referencia a la Constitución de 1978. De la que acabamos de celebrar su 40 cumpleaños, ya casi la más longeva de nuestras doce leyes de leyes históricas, con un rodaje valioso, con dos enmiendas ya en su acervo, y de las que cabe esperar otras sucesivas; por consenso, cuando lo haya.

Esa intervención en el Parlamento de Cataluña me impresionó bastante. Y por ello mismo, por correo electrónico, al día siguiente, contacté con Alejandro Fernández Álvarez para felicitarle. Fue así como se inició una amistad que como dice el himno de los Juegos Olímpicos de Barcelona bien puede ser de “amigos para siempre”, espero.

Fernández Álvarez es buen conocedor de la Historia de Cataluña, y sobre todo de los tiempos de Prat de la Riba, Cambó, y el nacimiento del Nacionalismo Moderno, con la Lliga, Esquerra Republicana, y todo lo que vino después. Y sinceramente creo que dentro de la política de centro-derecha, Alejandro tiene un papel importante de cara al futuro dentro de una problemática, hoy la más ardua sobre España y Cataluña. No sólo de lucha entre separatistas y constitucionalistas, con una ley electoral favorecedora del soberanismo, y en la línea de un procés lleno de episodios, con sus Mas, Puigdemont, Quim Torra de un lado, y los que desde la otra orilla defienden la unidad con España. Todo eso y mucho más, en una ilación histórica que tuve ocasión de estudiar en mi libro ¿Adónde vas Cataluña? (2014, ya en su cuarta edición), donde recordé que el problema catalán viene de antiguo, de más de 600 años, desde 1412, Compromiso de Caspe, hasta 1934 con Luis Companys… y ahora.

El resto de mi intervención en Barcelona el 11 de diciembre, se refirió a dos temas importantes para replicar al independentismo catalán: la imposibilidad de un pacto fiscal análogo al del País Vasco y Navarra, y lo mismo para el llamado derecho a decidir, según pasamos a ver.

EL PACTO FISCAL

El tema del pacto fiscal fue suscitado, en medio de la más grave crisis económica –la Gran Recesión de 2008 a 2013— en 2012, por Artur Mas, Presidente de la Generalidad, quien planteó un convenio concreto, al estilo vasco o navarro, que fue rechazado por el Presidente Rajoy en 2012, por la necesidad, en caso de proponerse su adopción, de una reforma ad hoc de la Constitución.

Por lo demás, y ello es importante, el tema del pacto fiscal para Cataluña ya fue discutido en el debate constitucional, cuando el Presidente Adolfo Suárez ofreció un concierto a los catalanes, como el vasco o el navarro, que fue rechazado por CiU a través de su representación en la ponencia constitucional.

Cuando escribí mi libro ¿Adónde vas, Cataluña?, planteé la cuestión al ponente constitucional Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, quien indicó (8.I.2014): “no me consta que la mencionada propuesta llegara a existir. Lo que sí sé, es que en la ponencia constitucional, Miguel Roca Junyent, representante de la minoría catalana, y también de la vasca, rechazó manifiestamente una vía foral como la del País Vasco o la de Navarra para Cataluña; al entender que las relaciones económicas con el resto de España eran mucho más complejas”.

Otra conversación que tuve con otro padre de la Constitución, José Pedro Pérez-Llorca (9.I.14), se produjo en términos muy similares a los de Miguel Herrero. Subrayando que “los llamados derechos históricos o forales, no le interesaban para nada a Miguel Roca, que iba por otro lado”.

EL PRETENDIDO DERECHO A DECIDIR

La idea de autodeterminación también fue planteada en el debate constituyente. Y lo hizo formalmente el diputado Francisco Letamendía, de Euskadiko Eskerra, en julio de 1978, ante el pleno del Congreso de los Diputados en los siguientes términos: introducir un título nuevo a la Constitución, que habría sido el VIII bis, sobre el derecho de autodeterminación; con base en el Pacto Internacional de Derechos Civiles de las Naciones Unidas, ratificado en su día por la propia España. Lo que según Letamendía, permitía optar a seguir formando parte del Estado, o separase pacíficamente de éste y constituir un Estado independiente1.

La votación de esa propuesta en el Pleno del Congreso arrojó el siguiente resultado: 268 votos en contra; cinco a favor (el de Letamendía, los de los catalanes Barrera, Arana, Bernat, y el de Sánchez García, de UCD) y 11 abstenciones (nueve parlamentarios de la minoría catalana, el diputado del Grupo Mixto Emilio Gastón y Fernando Montesinos, del PSOE). Los Diputados del PNV votaron en bloque en contra, pues como resultado de los compromisos contraídos la víspera con UCD, sobre los derechos forales, se daban por más que satisfechos, que se tradujeron luego en la Disposición Transitoria Cuarta.

Volveré a Barcelona muy pronto: ya tengo concertada una conferencia para el 22 de enero, y allí iré con mucho gusto.

Y ahora, mis mejores felicitaciones para la Navidad y el Año Nuevo a todos los que trabajan en Republica.com y también a todos sus lectores. Y como siempre, el autor está a disposición de Vds. en castecien@bitmailer.net.

1 Las razones por las que ese pacto no es constitucionalmente posible, pueden verse en Ramón Tamames, ¿Adónde vas, Cataluña? Cómo salir del laberinto independentista, Península, Barcelona, 2014.