La primera circunnavegación del Globo (y II). Juan Sebastián Elcano

La semana pasada dimos comienzo a un artículo de dos entregas sucesivas, sobre “La primera circunnavegación del globo”. Y reconozco que en el comienzo de la serie no evoqué mi gran interés por este tipo de narraciones, en parte debidas a mi vieja afición por los navíos de los siglos XV y XVI, con los que se hicieron los grandes descubrimientos geográficos. 

Hoy tenemos como gran recordatorio de aquellos periplos el buque-escuela Juan Sebastián Elcano, en el que tuve ocasión de navegar en ya un lejano mes de julio del 2009, cuatro días, entre su base de Marín y Cádiz. Debiendo recordarse que cuando el dictador Don Miguel Primo de Rivera se planteó hacer un buque-escuela para la Marina, a la altura de las tradiciones españolas, los constructores navales que se hicieron cargo del proyecto, le solicitaron que el barco llevara el  nombre de un marinero español, vasco para mayor detalle. Fue entonces cuando se le bautizó como Juan Sebastián Elcano.

LLEGADA A LAS MOLUCAS

Dejando ya las evocaciones personales, que siempre influyen en cualquier cosa, recordaremos que tras la muerte de Hernando de Magallanes -que tantos problemas había causado por su mal carácter y pésimas relaciones con sus capitanes y marinería-, Elcano ascendió a capitán de la nao Victoria y a tesorero de los dos navíos que quedaban de la flota inicialmente de cinco. En mando compartido con Gonzalo Gómez de Espinosa que capitaneaba la otra nao, la Trinidad. Y juntos se ocuparon de buscar la ruta a las Islas Molucas[1].

Desde el lugar de muerte de Magallanes, en la isla de Cebú, los dos barcos residuales  hicieron escala en la Isla de Palabán, todavía en las Filipinas de hoy, Brunei, el gran sultanato actual de enormes riquezas petroleras en el presente, y finalmente Tidore, en Las Molucas, que a partir de ese momento se consideraron de pertenencia española.

Allí llegaron Espinosa y Elcano el 8 de noviembre de 1521, el objetivo perseguido desde la salida de España hacía más de dos años, con el coste de numerosas vidas. Fueron muy bien recibidos, en Ternate, por el sultán Almanzor (nombre árabe, el Victorioso, bien conocido por los españoles), a quien hicieron regalos en nombre del Emperador, obteniendo permiso para cargar La Victoria de gran cantidad de la especie clavo, tomando al tiempo posesión de las islas en nombre de España.

Precisamente por eso Las Molucas pasaron a considerarse españolas, hasta que en 1529, Carlos V buscó una solución política para el litigio a ese respecto con los portugueses, para lo que se firmó el  Tratado de Zaragoza de 1529.

Carlos hipotecó sus derechos a favor de Portugal por 350.000 ducados de oro, en un momento de graves penurias financieras; una acción irresponsable por la enorme riqueza enajenada para siempre. Por lo demás, la cuestión de la demarcación no se resolvió definitivamente en cuanto a las demás Islas del Poniente; como se apreció después, con la expedición de Legazpi y la conquista de Filipinas, situadas en el hemisferio portugués, según lo pactado en Tordesillas.

RETORNO DE ELCANO A ESPAÑA

Volviendo a la expedición de Elcano/Espinosa, al decidirse el regreso a España (18 de diciembre de 1521), en la nao Trinidad se advirtió una vía de agua; y ante la perspectiva de necesitarse tres meses para carenar el buque, se acordó que allí que­dara Espinosa, para navegar luego, atravesando el Pacífico, hacia Panamá, empresa más que difícil.

En cambio Elcano se aventuraría a volver por la ruta de los lusos, ya co­nocida, a través del Océano Indico; para, rodeando el Cabo de Buena Esperanza, entrar en el Atlántico, atravesando aguas estrictamente lusas, con toda clase de peligros. Que fueron arduos en  Cabo Verde, única escala de retorno.

Tras superar tantos obstáculos y dificultades, los arrojados navegantes, con Elcano a la cabeza, desembarcaron en Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522: dieciocho supervivientes de los 265 que salieron de allí mismo el 20 de septiembre de 1519, casi tres años antes, si bien no todos los demás murieron, pues Espinosa, con la Trinidad, llegó hasta las costas de la Nueva España.

Elcano y sus hombres, habían llevado a cabo la proeza de la primera circunna­vegación del globo en dirección este-oeste, cru­zando cuatro veces el ecuador y recorriendo 14.460 leguas; quedaba demostrada experimentalmente la esfe­ricidad de la Tierra.

El 9 de septiembre de 1522, los navegantes llegaron a Sevilla, 18 héroes descalzos, descamisados y cada uno con un hachón en la mano, visitaron las iglesias de Nuestra Señora de la Victoria y Santa María de la Antigua, para dar gracias por el feliz arribo. Debiendo resaltarse aquí que en contra de lo que a veces se piensa, ni Magallanes ni nadie de su expedición pensó nunca en dar la vuelta al mundo, sino en llegar por el hemisferio español a la Especiería y retornar por el mismo. De ahí el gran mérito de Elcano que sí decidió circunnavegar el globo; corriendo para ello grandes riesgos, al atravesar el hemisferio luso.

El cargamento de especias y madera de sándalo de la nao Victoria fue entregado al factor Cris­tóbal de Haro, y vendido en Amberes, produciendo un beneficio considerable por encima del coste de la expedición. Y Elcano, con varios de los expedicionarios, compareció ante Carlos V en Valladolid, quien les felicitó, y les hizo caballeros. A Elcano, además, le concedió una pensión de 500 ducados de oro anuales, el perdón de viejas culpas, y un blasón con la famosa divisa Pri­mus circumdedisti me (el primero que me circundaste).

EL TRÁGICO SEGUNDO VIAJE DE LOAISA-ELCANO

El viaje de Magallanes-Elcano recreció el entusiasmo por la especiería y por asegurar tan rico tráfico. En­cauzándolo hacia España en competencia con Portugal, para lo cual se fundó una nueva Casa de Contratación en La Coruña, con destino al co­mercio de las especias, entidad que tuvo vida efímera, pues la nueva expedición, cuyo mando reclamó inútilmente Elcano, se dio a un noble de alta categoría, en abril de 1525: García Jofre de Loaisa, de la Orden de San Juan y pariente del prelado García de los mismos apellidos.

En la nueva aventura, Elcano iba en calidad de pi­loto mayor y capitán de la nao Sancti Spiritus, con dos de sus hermanos y su cuñado Santiago de Guevara; y como criado suyo el joven Urdaneta, al que luego nos referimos in extenso. Los Fúcares, principales banqueros de Carlos V, pusieron dinero en la nueva empresa, partiendo la escuadra -de siete buques-, de La Coruña, el 24 de julio de 1525.

Con toda clase de problemas, galernas, sublevaciones, etc., el 14 de enero de 1526 la nueva armada se adentró en el Estrecho de Todos los Santos, del que a causa de las tempestades, hubieron de salir otra vez por el Atlántico. Y no volvieron a desembocar de tan proceloso tramo hasta abril de 1526; demorándose al 26 de mayo la entrada en el Pacífico. Loaisa murió el 30 de julio de 1526, dejando el mando a Elcano, ya muy enfermo, que falleció muy poco después el 4 de agosto de 1526[2].

Solo una de las naves de esa expedición, la Santa María de la Victoria, pudo llegar a las islas del Maluco, aunque allí quedó arruinada. Los sobrevivientes se dispersaron: entre ellos iba el admirable navegante Andrés de Urdaneta[3]. Precisamente ese desastre fue el origen de la expedición de Álvaro Saavedra Cerón (1527 -1529), ordenada por Carlos V y organizada por Hernán Cortés.

FINAL

En conmemoración de la primera circunnavegación, habrá una serie de actuaciones promovidas por diversas entidades. Empezando por la propia circunnavegación del buque-escuela Juan Sebastián Elcano, que actualmente atraviesa el Pacífico, después de haber pasado por el Estrecho de Magallanes, y visitado el canal de Beagle, como se dijo en la entrega anterior.

Señaladamente, está en preparación un filme con apoyo oficial, sobre la gran aventura, en la idea de que pueda ser presentado en el Festival de San Sebastián de 2019. En ese sentido, se quiere hacer algo similar a lo de “Master and Commander”, donde hay una navegación hasta las Islas Galápagos, que recuerda mucho a la del propio Darwin en el Beagle, en 1831.

 

Como siempre el autor se pone a disposición de los lectores de Republica.com, y espera sus observaciones en el correo electroncito castecien@bitmailer.com

[1] Ricardo Majo Framis, “Juan Sebastián Elcano”, en Navegantes y conquistadores…, ob. cit. Pág. 917 y sigs. Asimismo, Ramón Ezcarra, “Juan Sebastián Elcano”, DHE, ob.cit.

[2] O.H.K. Spate, “El lago español”, ob. cit, pág. 140.

[3] José Luis Martínez, Hernán Cortés, Fondo de Cultura Económica, México 1990, pág. 481.

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