La primera circunnavegación del Globo (I). Antecedentes

El Capitán del Juan Sebastián Elcano, contaba ayer en ABC el paso de nuestro gran buque insignia nacional por el estrecho de Magallanes, y su incursión por el Canal del Beagle. En una navegación que empezó hace ya unas cuantas semanas, y que continuará hasta dar la vuelta al mundo, siguiendo la ruta de la primera circunnavegación de Magallanes/Elcano, de la que pronto hará medio milenio.

Estamos conmemorando ya, por consiguiente, lo que fue la proeza, de tres años de duración, del primer contorneo del planeta, entre 1519 y 1522, con salida y llegada en el mismo puerto: Sanlúcar de Barrameda.

Por eso, nos ha parecido interesante evocar esa gran hazaña navegatoria para los lectores de Republica.com, empezando hoy con un artículo en el que se destaca la importancia mundial de las especias desde el Imperio Romano hasta el siglo XVII, lo que fue verdadero motor, según veremos, de los navegantes lusos e hispanos. Hoy, nos ocupamos de las especias y de la primera parte de la ruta por el Atlántico, para acceder al bautizado Océano Pacífico, el anterior Mar del Sur de Balboa de 1513.

  1. LA IMPORTANCIA MUNDIAL DE LAS ESPECIAS

El afán de llegar a controlar las islas de la Especiería fue el gran motor de los descubrimientos de los siglos XV y XVI. Las especias eran muy costosas por la sencilla razón de ser muy útiles, por sus propiedades.

La primera conocida en Europa fue la pimienta, de la que Plinio el Viejo señaló los usos y el elevado precio que alcanzaba ya entonces. Originaria de la costa de Malabar, en la India, los indios la llamaban «pippali», voz que los solda­dos de Alejandro Magno transformaron en «peperi». El itinerario corriente para su llegada a lo que hoy es Europa, desde India, era por la costa meridional de Arabia (actual Yemen), desde donde se transportaba en caravanas hasta Alejandría.

La canela aparece ya en la Biblia, y a ella se atribuían propiedades medicinales, si bien se consumía sobre todo por su agradable sabor. Los romanos la creían origi­naria de Arabia, y hasta el s. XVI no se comprobó que provenía principalmente de Ceilán.

Más tardío es el jengibre, oloroso y fuerte, que chinos e indios usaron desde muy antiguo y que desem­peñó un papel importante en la mesa de los romanos. Se consumió en gran abundancia, y durante la edad media alcanzó un uso y unos precios com­parables a los de la pimienta.

El azafrán, que se extrae de los estigmas de un lirio asiático, era y es una especia típica de países islámicos (Cachemira, Persia, Asia Menor), empleándose como sustancia aromática, tinte y medicamento. Su introducción como cultivo en España fue un verdadero éxito.

La nuez moscada, que se conoció más tarde entre los musulmanes y bizantinos, se usó primero como desodorante, y en Europa para especiar la cerveza. Se pensó que provenía de la India, hasta que los portugueses la encon­traron en las islas de Banda (Molucas). Entró en Europa en el siglo XVI, al mismo tiempo que la vainilla, que trajeron los españoles de México, donde Cortés la había probado en el «chocolatl» de los aztecas. El clavo tenía grandes propiedades conservantes y aromatizantes, y procedía también de las lejanas Molucas; precisamente la Nao Victoria de Elcano volvió a España cargada de clavo.

Comercialmente, en la Edad Media, Bizancio mantuvo el monopolio del tráfico de las especias hasta el siglo IX, en que los árabes irrumpieron en el Mediterráneo oriental. Los cruzados activaron el comercio con los puertos del reino cristiano de Jerusalén y más tarde el de Alejan­dría. Se abrió así el comercio europeo de venecianos, genoveses y catalanes; aunque, gradualmente, Venecia acaparó el monopolio del tráfico y se convirtió durante el siglo XIV en la gran distribuidora. Y precisamente el deseo de escapar al monopolio veneciano y a los interme­diarios árabes es lo que en gran medida provocó los primeros viajes por­tugueses por la costa africana, que condujeron a los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI en el Océano Indico y las Indias Orientales; con el establecimiento de los portugueses en Java, Amboina y las islas de Banda, por obra del virrey Albuquerque y de Antonio de Brito.

De ese modo, a partir del regreso de Vasco de Gama de su se­gundo viaje (1505), Lisboa se convirtió en el gran mercado europeo de las especias, hundiéndose el monopolio venecia­no; por cuanto la pimienta portuguesa, que representaba las tres cuartas partes del tonelaje total, resultaba mucho más barata que la llegada de Italia. Sin embar­go, los precios de las especias se mantuvieron altos ya que la demanda conoció un alza extraordinaria en el campo de la farmaco­pea (cataplasmas de pimienta, papel tónico de la canela, uso de la nuez moscada y del jengibre para dolores de estómago).

La búsqueda de las espe­cias, navegando hacia el poniente por una ruta mucho más corta, se pensaba, fue el principal motivo de la gran hazaña de Cristóbal Colón en 1492 y de su hallazgo fortuito del Nuevo Mundo[1]. Y después, como no se encontraron especias en América (salvo la vainilla), los españoles organi­zaron el viaje con el que se dio la primera vuelta al mundo (Magallanes-Elcano, 1519-1522), en el intento de dar en las Indias recién descubiertas, el paso hacia el Mar del Sur y las Molucas, por el hemisferio español del Tratado de Tordesillas, sin entrar en el portugués. De manera que la aparición de los barcos españoles de Magallanes/Elcano en las Molucas fue el origen de la disputa entre ambas monarquías, con el resultado final —con base en el Tratado de Zaragoza de 1529— de la prevalencia lusa en aquellas latitudes, y de España en Filipinas, ulteriormente.

A Lisboa iban los comerciantes a buscar las especies para su ulterior distribución por toda Europa. Entre ellos los holandeses, hasta que en 1580, al ceñirse Felipe II la corona de Portugal, ese tráfico quedó prohibido. Lo cual, en gran medida, fue el origen de la rebeldía del Norte de los Países Bajos (las Provincias Unidas de Holanda) con la consecuencia de las inacabables guerras de Flandes.

  1. HERNANDO DE MAGALLANES: SU ESTRECHO Y EL PACÍFICO

El gran salto de los navegantes ibéricos —españoles, y portugueses al servicio de España— para conocer el Océano Pacífico, se dio a partir del célebre viaje de Magallanes-Elcano. Un proyecto que surgió para encontrar, insistimos, una nueva Ruta de la Especiería por el Oeste: en vez de rodear el africano Cabo de Buena Esperanza. Se trataba de llegar directamente a las Islas de las Especies, sin pasar por aguas portuguesas.

Ese fue el origen de una serie de navegaciones, entre ellas la muy principal de Díaz de Solís, que identificó el Río de la Plata (1516), del que inicialmente pensó era el definitivo paso hacia el Mar avistado por Balboa en 1513. De ahí que el proyecto de Magallanes consistiera en buscar un estrecho en la parte meridional del Río de la Plata, de acceso al Mar del Sur. A fin de seguir después hacia las Islas de las Especies transitando siempre por el hemisferio español de Tordesillas[2]. Siguieron a las navegaciones de Vicente Yáñez Pinzón y Américo Vespucio que no llegaron tan al sur como Solís.

El caso es que después de los largos procedimientos y negociaciones, de gran complejidad jurídica, técnica y financiera, el 22 de marzo de 1518 se firmó en Valladolid la capitulación por la que se nombró capitán general de una importante flota a Magallanes; con 50.000 maravedíses de sueldo, que luego se ampliaron a 146.000; garantizándosele además el título de gobernador y adelantado de las islas que descubriera. Adicionalmente, obtendría el 5 por 100 de los productos líquidos, amén de hacérsele caballero de la Orden religioso-militar de Santiago.

La flota de Magallanes/Elcano partió de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519, y con una serie de escalas y problemas (Bahía de Santa Lucía, hoy de Río de Janeiro; Río Solís; Puerto Julián; y Cabo Vírgenes), la expedición arribó a la que se denominaría Tierra del Fuego (por las hogueras de los indígenas avistadas por los expedicionarios), y hallaron el Estrecho que luego llevaría el nombre del gran navegante. El 27 de no­viembre de 1520 entraron en el que llamarían Océano Pacífico, por lo en calma en que estaba la mar, la inmensa separación de aguas entre la América y Asia.

Posteriormente, la flota remontó hacia el Norte y, el 1.° de diciembre de 1520, perdió de vista la costa, digiriéndose al Noroeste, para atravesar la vastedad del Pacífico durante tres meses, favorecida por el alisio del Sudeste. Aunque sufriendo todos los marineros terriblemente, por la falta de ví­veres y de agua, y también por el escorbuto generado por la falta de vitaminas en los alimentos secos.

En esa larga navegación sólo vie­ron dos islas deshabitadas: una el 24 de enero de 1521 que Magallanes llamó San Pablo (¿Pukapuka?, en el ar­chipiélago de Tuamotu, actual Polinesia Francesa), y otra que recibió el nombre de Desventuradas; seguramente la actualmente llamada Manihiki, en el archipiélago Cook, hoy de soberanía neozelandesa.

Cruzado el Ecuador, las primeras tierras pobladas que encontraron fueron las Islas de los Ladrones (después Marianas), adonde arribaron el 6 de marzo de 1521, habiendo impuesto ese nombre por los latrocinios de que fueron objeto por los indígenas. Con una siguiente escala en la isla de Guam, de la que tomó posesión Magallanes para el Rey de España; y que sería española (capital de la Micronesia) hasta 1898, cuando pasó a ser de soberanía de EE.UU.

En Guam se repostó de víveres, y tras nueva navegación, el 16 de marzo de 1521 arribaron a la isla de Samar, en el archipiélago al cual su avistador europeo denominó de San Lázaro; nombre luego sustituido por el de Filipinas, en honor del Rey Felipe II.

Magallanes murió poco más de un mes después (27 de abril de 1521) combatiendo frente a los indígenas de Cebú, contra uno de cuyos caciques que no quiso someterse. Y como es sabido, sería Juan Sebastián Elcano quien terminaría la gran expedición el 9 de septiembre de 1522, con los detalles que veremos el próximo jueves, 31 de mayo.                           

Hasta la próxima semana, y mientras tanto, los lectores de Republica.com, pueden, como siempre, comunicarse con el autor del artículo a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

[1] José Luis Martínez, “Hernán Cortés”, Fondo de Cultura Económica, México 1990, pág. 480

[2] Antes que Díaz de Solís, navegaran hacia el Sur por la costa sudamericana, Vicente Yáñez Pinzón (1500) y Américo Vespucio (1501-1502).

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