Integración económica a escala mundial (I): sistemas integratorios en las américas

Las últimas tres entregas de un largo artículo para los lectores de Republica.com se han referido al funcionamiento de la Unión Europea, en estos momentos en que el Brexit podría estar marcando nuevos rumbos para la Unión. Y en un momento en el que el Eurogrupo puede tener mayor actividad aún, sobre todo por el reforzamiento, en el Banco Central Europeo, de la Vicepresidencia que pasará a ocupar en pocos días Luis de Guindos.

En las panorámicas que estamos ofreciendo de la economía internacional, va a correspondernos en los próximos días el tema de los procesos de integración económica. Esto es, los distintos casos de aproximación entre países, para formar espacios continuos, libres de trabas comerciales (mercado común o mercado único), con toda una serie de instituciones complementarias, para definir modelos concretos, cada uno según la conveniencia de los partícipes.

En gran medida, lo que vamos a ver sobre integración económica a escala mundial, es un trasunto de la Unión Europea, que ha venido inspirando cualquier clase de proceso integratorio en las últimas décadas. Y hoy empezamos por el continente americano, con los casos más interesantes, según iremos viendo.

  1. El TLCAN/NAFTA

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN/NAFTA, formado por: EE.UU./Canadá/México) es lo que pervive de la frustrada integración hemisférica (Asociación de Libre Comercio de las Américas, ALCA/AFTA), que no llegó a nacer por la oposición a EE.UU. de los países del Cono Sur. Esa oposición a la ALCA fue sobre todo por parte de Argentina y Brasil; debido a la persistencia de criterios nacionalistas-proteccionistas, contrarios al espíritu de una integración del conjunto del continente, desde Alaska a Tierra del Fuego. Frente a las ideas USA expuestas en las sucesivas Cumbres de las Américas. 

Como replica a EE.UU. en la parte meridional del continente se ha establecido la Unasur: Unión de las Naciones de América del Sur, que actualmente apenas tiene más virtualidad que una política reivindicante y poco o nada operativa.

  1. El Mercado Común Centroamericano

Tras un pasado de unión hasta 1832, las cinco naciones centroamericanas (Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala), iniciaron en 1960 la formación y desarrollo del Mercado Común Centroamericano (MCCA), a través del Tratado General de Integración Económica.

Siguió luego una larga serie de acontecimientos de integración y desintegración, con renovados esfuerzos de cooperación que han transformado el marco institucional de los primeros tiempos, así como el régimen comercial destinado a hacer más viable las transacciones económicas entre sus cinco Estados miembros.

Vendría ulteriormente la asociación de Panamá y de la República Dominicana al MCCA. Para últimamente surgir iniciativas complementarias, concebidas para ampliar los vínculos comerciales y de inversión del área.

Todo lo anterior no significa que el proceso de integración centroamericana esté en su mejor forma; por la persistencia de los intereses nacionalistas frente a los comunitarios; y también toda suerte de conflictos políticos entre los Estados participes. A lo cual se agrega las diferentes opciones comerciales que han ido surgiendo en relación con México, EE.UU., la UE, y China.

  1. Integración latinoamericana: de ALALC al Mercosur

El proceso de integración en la América al sur de Rio Grande, se inició con la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), creada en 1960 (Tratado de Montevideo), para integrar casi una veintena de países hispano y lusoparlantes del hemisferio occidental; que durante diez años intentaron trabajar en la misma línea que la CEE.

Pero ese proyecto fracasó por entero, a causa de los incumplimientos de acuerdos, debido a la resistencia a liberalizar por parte de los nacionalismos proteccionistas. Ante esa situación, la idea original se remodeló, en 1970, hacia un proyecto menos ambicioso: el Área Latinoamericana de Integración (ALADI), que tampoco ha tenido mayor éxito.

De los dos citados fiascos derivó el intento del Mercosur, que comenzó a instrumentarse en 1981 con una serie de avances no concluyentes en términos de relaciones comerciales, estructura institucional y coordinación de políticas macroeconómicas. Emprendimiento integratorio que en principio fue asumido por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y luego a varios países asociados de Sudamérica: Chile, Bolivia y Venezuela; con la circunstancia de que las autoridades de Caracas acabaron por pronunciarse a favor de la plena adhesión.

Hoy por hoy, Mercosur presenta muchas e importantes insuficiencias institucionales, de tal modo que no cabe considerarlo, al menos todavía como un mercado común realmente integrado. De ahí también que las negociaciones con la UE no haya llegado a buen puerto.

El Mercosur, en cambio, experimentó en 2016 la penosa experiencia de tener que suspender de membresía a Venezuela (2 de diciembre), por no incorporarse a las normas obligadas para los adheridos[1]. Debido al proceso de quiebra a que el chavismo/madurismo ha inducido en Venezuela.

  1. La Comunidad Andina de Naciones (CAN) y la Alianza del Pacífico

De los hoy vigentes, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) es el experimento de integración más antiguo de los vigentes en Sudamérica, concebido en el Tratado de Cartagena (1969), que experimentó una larga serie de vicisitudes, sin que pueda calificarse como un espacio económico consolidado, debido a una serie de rechazos de su propia normativa por los Estados miembros. Que ahora son Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y que velan más por sus intereses nacionales que no por los comunitarios; siempre en la inercia de anteriores procesos de sustitución de importaciones.

Esa es la evidencia de lo que está sucediendo en la CAN, con su lento e incompleto desarme arancelario, y su siempre problemática tarifa exterior común. Y por el aún más difícil establecimiento de una política exterior conjunta y una visión macroeconómica coordinada . A lo que se une el menor interés comparativo de la CAN frente al Mercosur, especialmente después de la retirada de Venezuela y tras la muy anterior salida de Chile.

Como consecuencia del fracaso de la Comunidad Andina y de las pocas expectativas del Mercosur, el 20.VII.2015 entró en vigor el Tratado de la Alianza del Pacífico (firmado por la Declaración de Lima de 2011), integrada, de Norte a Sur, por México, Colombia, Perú y chile, con mercado de 221 millones de habitantes, la mayoría aún de bajo consumo (per cápita de 8.600 dólares), con un PIB global en 2015 de 1,87 billones de dólares. Además, son países candidatos a Estados miembros Costa Rica, Panamá y Uruguay.

Los socios de la Alianza han configurado el MILA, Mercado Integrado Latinoamericano, con expectativas mejores que la CAN y el Mercosur.

En 2016 ha visto avances significativos: el 20 de junio se redactó el Protocolo Comercial, estableciendo el libre comercio para el 92 por 100 de los productos, encaminándose, además, a una integración profunda que estimule los encadenamientos productivos a través de la libre circulación de bienes, así como la libre circulación de capitales, servicios y personas[2].

  1. Integración del área del Caribe

La amplia zona geográfica del Caribe se complejiza por la multitud de Estados insulares y ribereños que la componen; de muy diversas culturas, idiomas y estructuras económicas. A pesar de lo cual, este área ha alcanzado una integración de notable interés. Que comenzó con la creación de una zona de libre comercio (Carifta, Caribe Free Trade Area, 1965), que tras una serie de ajustes se transformó en Mercado Común del Caribe (Caricom, 1973).

Esas transformaciones significaron un indudable progreso sobre la anterior situación de fragmentación del área, al mantenerse la prevalencia de las relaciones económicas con las antiguas metrópolis.

Por lo demás, el mecanismo integratorio se ha reforzado con el nacimiento y desarrollo de la Asociación de Estados del Caribe (AECA, 1994); con pretensiones geográficamente muy amplias, pero con menor instrumentación económica que el Caricom. La zona en su conjunto se ha reforzado también por el desarrollo del turismo y de relaciones especiales con EE.UU., Canadá y Unión Europea.

Aunque haya sido con una cierta brevedad, tampoco podemos extendernos más, hemos examinado los procesos de integración económica en el continente americano. En los próximos días continuaremos con un repaso en otros espacios del ancho mundo.

Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden expresar sus opiniones, puntos de vista y preguntas en castecien@bitmailer.net.

[1] Francesc Granell, “El sistema económico internacional en 2016”, BICE, enero de 2017.

[2] Francesc Granell, “El sistema económico internacional en 2016”, BICE, enero de 2017.

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