Empresas multinacionales

Se dice que el mundo está gobernado por las multinacionales, y si eso no es, ni mucho menos, totalmente cierto, sí que hay elementos para sopesar su importancia, dentro de lo que es la producción a escala nacional e internacional, los avances tecnológicos, el comercio mundial, etc. Todos los días nos desayunamos con la prensa, o con el teléfono inteligente discurriendo en su micropantalla, para ver grandes sucesos en materia de absorciones o fusiones (mergers and adquisitions, M&A), que están transformando el escenario productivo y de intercambios de este planeta en que vivimos.

Dedicaremos varias entregas al tema d elas multinacionales, para a la postre llegar a las superexponenciales, que son como una emergencia actual de las primeras, con la llamada constelación FAGAM de Facebook, Apple, Google, Amazon y Microsoft, por lo menos. Sin olvidar a Elon Musk, el superempresario y magnate sudafricano en EE.UU., que ayer nos anunciaba el éxito de su supermisil pacífico, el Falcon Heavy, que ya va rumbo a Marte.

ANTECEDENTES

En el tercer período de sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, UNCTAD (1972), al analizar las características del comercio internacional y el desarrollo, se subrayó la influencia creciente de las empresas multinacionales (EMN) en el comercio internacional, en la inversión privada y en la transmisión de tecnología[1]. Observación que no fue sino una reiteración de las que venían haciéndose en foros diversos y por gran número de autores.

Las EMN en sentido amplio no son un fenómeno de la historia más reciente. Nacieron como consecuencia del proceso de ensanchamiento de los mercados, y en esa línea histórica, la primera sociedad calificable de multinacional fue la «Compañía de Moscú», fundada en 1655[2], para el comercio de Inglaterra con Rusia. También en las Compañías de Indias de los siglos XVI y XVII se han visto antecedentes de las EMN actuales; y otro tanto puede decirse de las casas de banca que la familia Rothschild estableció en varios países europeos desde el siglo XV[3].

Pero definitivamente fue a finales del XIX y principios del XX, cuando una serie de empresas, para contrarrestar los elevados costes de transporte, el creciente proteccionismo arancelario y el nacionalismo económico de determinados países, se vieron en la conveniencia de construir factorías más allá de sus fronteras.

La compañía norteamericana de máquinas de coser Singer fue la primera, en 1865, en instalar una factoría suya fuera de EE.UU., concretamente en Glasgow, Escocia[4]. De este modo, la Singer «se domicilió» en el corazón mismo del Imperio británico, desde donde contaría con un amplio mercado, formado por multitud de territorios; sus más de 50 millones de hogares pasaron a ser los adquirientes potenciales de algo tan necesario por entonces como era una máquina de coser. Así, desde la Gran Bretaña, y a medida que fue conociendo mejor los nuevos mercados, la Singer se extendió por Europa, África y Asia. Primero, con simples representaciones comerciales; más tarde, con servicios postventa; finalmente, con fábricas en los mercados más prometedores.

CARACTERÍSTICAS BÁSICAS DE LAS EMN

Hoy día, aunque son muchas las consideraciones en torno a las EMN, nos parece que podemos sintetizar sus principales características en los puntos siguientes:

  • Disponibilidad de unidades de producción en un cierto número de países, de forma que ninguna de sus plantas es absolutamente decisiva para los resultados finales. En consecuencia, las pérdidas en una de sus factorías, o de su presencia entera en un solo país, no tienen por qué motivar la suspensión de sus actividades o su cierre.
  • Carácter multiplanta (y también multiproducto) con el propósito de penetrar en los más diversos mercados, aprovechar su fuerza de trabajo en las condiciones más ventajosas, minimizar los costes de transporte, optimizar el uso de su tecnología a base de su máxima difusión, recurrir a las fuentes financieras locales de los países en que producen, etc.
  • Empleo de forma sistemática y casi exhaustiva de todas las posibilidades en materia de nuevas tecnologías, organización industrial, dirección de personal, gestión de stocks, marketing, publicidad, promoción de ventas, etc.
  • Fuerte inversión en investigación y desarrollo y su aplicación (Research and Development, o R & D, en inglés; o I+D en español). Lo más frecuente es que la tecnología propia llegue a convertirse en la misma base de la continua expansión de la EMN.
  • Una política muy agresiva y ágil en la colocación de los recursos líquidos en activos financieros de ámbito mundial. Las repercusiones de estas prácticas son muy notorias, afectando al funcionamiento del sistema monetario internacional.
  • Un conocimiento a fondo de la estructura y del funcionamiento de los mecanismos políticos de los países en que actúan, haciendo uso de su poderío; para influir en el marco legislativo y operacional de sus propias inversiones, presionando sobre las autoridades locales de las maneras más diversas. Incluso por medio de mecanismos como el soborno, la conspiración, y el apoyo a golpes militares contra los poderes constitucionales[5].

A seis características clásicas de las EMN habría de agregarse la tendencia a crecer indefinidamente, en horizontal, en vertical, o en ambas direcciones, siguiendo la técnica del conglomerado (hacer de todo, en todas partes). En ese sentido, una de las formas de crecimiento de las EMN es a través de fusiones y adquisiciones (Merger & Adquisitions, o simplemente M&A en inglés), que normalmente se realizan para ganar en dimensión de activos, facturación, etc., a fin de lograr economías de escala.

Sin embargo, si bien esos objetivos se alcanzan frecuentemente -y hay una larga experiencia en la mergermanía o fusionitis que se produjo a lo largo del boom de la segunda mitad de la década de 1990-, las M&A en muchas ocasiones también tienen un elevado coste. Fundamentalmente, por los problemas más o menos inesperados que surgen en la nueva corporación recrecida, derivables de la diferente cultura de las partes a integrar. Aparte de ello, con el nuevo tamaño logrado es posible entrar en deseconomías de escala,  con notable pérdida de capacidad estratégica[6].

LAS CLASES DE EMN Y SU IMAGEN PÚBLICA

Podemos preguntarnos ahora por las posibles clases de EMN. Para ello recurrimos a la tipología de Howard Perlmutter, que las clasifica en tres categorías: etnocéntricas, policéntricas y geocéntricas[7]. La EMN[8] etnocéntrica se basa en una fuerte centralización con base en el país de origen, lo cual se traduce en una organización nacional compleja y una organización exterior sencilla; naturalmente, porque todas las decisiones importantes son tomadas en la casa matriz.

La estrategia de la EMN policéntrica es distinta, ya que busca la descentralización, transferir mayor libertad a sus filiales. En cuanto a las EMN geocéntricas, serían aquellas en que la descentralización se lleva al máximo, de modo que cada filial pueda desarrollar su propia política e introducir toda clase de innovaciones.

Incluso con la mejor imagen que las EMN puedan llegar a adquirir, lo cierto es que para la opinión pública siguen siendo expresivas de gran capacidad para influir en las decisiones políticas y, desde luego, de habilidad más que probada para explotar las situaciones de precariedad en los países menos desarrollados. Sin olvidar la aspiración  permanentemente de lograr un mayor o menor grado de monopolio; últimamente, sobre todo, en la faceta tecnológica, de lo cual el paradigma al comienzo del siglo XXI es Microsoft, perseguida judicialmente durante años por la División Antitrust del Ministerio de Justicia de EE.UU.[9].

Así pues, el problema de cómo controlar de alguna manera las EMN, es objeto de preocupación para gran número de autores, grupos políticos, etc.[10]. Por ello, no resulta extraño que ya en 1973 en un extenso informe preparado por las Naciones Unidas sobre las empresas multinacionales, se subrayara que éstas, al contrario de los gobiernos, no son responsables ante un electorado, y que por consiguiente, se hacía necesario un conjunto de constricciones a nivel de la ONU.

Las Naciones Unidas continuaron trabajando en la cuestión, y fruto de tales esfuerzos fue el largo estudio «Efectos de las empresas multinacionales en el desarrollo y en las relaciones internacionales», preparado por un amplio grupo de personalidades entre quienes figuraban personas tan destacadas como el senador de EE.UU. Jacob Javits, el ex presidente de la Comisión Europea, Sicco Mansholt, el diputado alemán Matthofer, y el economista francés Pierre Uri.

Dejamos aquí el tema, para proseguir el jueves 15 de febrero, en medio todavía de las turbulencias catalanas, con la Bolsa de Nueva York un tanto excitada, y con los avisos de EE.UU. en el sentido de que Rusia y China siguen siendo sus grandes adversarios potenciales. Todo un tanto revuelto, como de costumbre, pero con tiempo suficiente para también visitar temas clave de la economía y la sociedad mundiales, como es el que tenemos ahora en marcha: las multinacionales.

Y como siempre, los lectores de Republica.com pueden comunicare con el autor a través de castecie@bitmailer.net.

[1] Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Santiago de Chile, 1972, volumen I, pág. 12.

[2] Lawrence B. Krause, The Multinational Corporation, Brookings Institution, Washington, 1972, pág. 94.

[3] Sobre los Rothschilds, y lo mucho que contribuyeron a hacer de Francfort la importante plaza financiera que es hoy, «German Roots», un interesante artículo sobre la exposición que en el Museo Judío de esa ciudad se celebró en relación con los grandes banqueros (The Economist,19.XI.1994). Acerca del nuevo rostro de las multinacionales, y el impulso reciente para grandes fusiones y adquisiciones, el suplemento especial The Economist «Big is back. A Survey on Multinationals», 24.VI.1994.

[4] Christopher Tugendhat, The Multinationals, Pelican Books, Londres, pág. 33.

[5] Sobre estos aspectos también existe absoluto consenso, por ejemplo, sobre los turbios manejos de la International Telegraph Telephone (ITT), una de las mayores EMN norteamericanas, que entre 1970 y 1973 contribuyó de forma decisiva al derrocamiento del presidente Allende de Chile; acción en la cual – todo hay que decirlo – el protagonista principal pareció ser la CIA. Al respecto Anthony Sampson, «The Sovereign State of ITT», Londres, 980.

[6] Los artículos que citamos son bien expresivos de todas las inquietudes referidas: The Economist, «How to make mergers work», 9.I.1999; Jeffrey E. Garten, «Megamergers are a clear and present danger», Business Week, 25.I.1999; Mariko Sanchanta, «Merger foiled by culture of trust», Financial Times, 8/9.IV.2000; The Economist, «The great merger wave breaks», 27.I.2001; David Henry, «Mergers. Why most big deals don’t pay off», Business Week, 14.X.2002; Sandro Pozzi, «La Comisión Europea flexibilizará el sistema de control de las grandes fusiones», El País, 9.XII.2002.

[7] H. Perlmutter, Managing the multinational. Preparing for Tomorrow, Business International in conjuction with the Centre d’Etudes Industrielles, Ginebra, 1970, págs.Ê115 y 116.

[8] Aunque sólo sea de pasada, dejemos constancia de que las que aquí estamos denominando EMN deben ser denominadas «Empresas transnacionales», según algunos autores, ya que más que empresas de dos o más naciones, son empresas de una sola nación, pero que tiene actividades más allá de sus fronteras. En el capítulo 11, al ocuparnos de la doctrina del Mercado Subregional Andino, ya tuvimos ocasión de comentar la cuestión.

[9] Muestra de lo que se dice son los artículos que a continuación citamos: The Economist, «The world’s view of multinationals», 29.I.2000; Aaron Bernstein, «Amid the good times, citizens feel uneasy about Big Business. The growing political issue is one that companies ignore at their peril», Business Week, 11.IX.2000; Anthony Bianco, «Exxon unleashed», Bussines Week, 9.IV.2001; Stephen Overell, «Why there is no such thing as a global corporation», Financial Times, 15.VIII.2001.

[10] Naciones Unidas, Informe sobre las Empresas Multinacionales, Nueva York, 1973.

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