Velarde: La vida de un gran economista (y III)

El jueves 3 de enero iniciamos este artículo, con ocasión de las palabras que pronuncié en el Instituto de España, el 19 de diciembre de 2017, en el Homenaje a la Antigüedad Académica al Prof. Juan Velarde Fuertes, a quien me une una larga amistad, que empezó en 1954, y de quien soy discípulo. En la entrega final del artículo, figuran algunos pasajes que creo muy significativos de una gran persona y todo un maestro.

En nuestro diálogo más que académico, Juan Velarde y yo volvemos al gran cambio político que llegó en 1977, con las primeras elecciones generales democráticas. Que acabaron con muchos prejuicios, en una operación impregnadora de nuevas sensaciones, de una Transición ahora insuficientemente valorada. Siguen las palabras:

P: Cuando en 1977 llegó el cambio político a la democracia, esa nueva gran mutación, ¿cómo incidió en la economía el inicio de una nueva etapa que con sus altibajos ha dado tanta prosperidad a España?

R: Antes de contestarte, me gustaría apreciar dos cosas diferentes. La primera, se refiere a la apertura económica que había empezado en 1959 y que había seguido con el acuerdo preferencial España/CE de 1970, impulsado también por Ullastres, ya como Embajador de España ante la CEE. Un tratado que nos introdujo en el ámbito comunitario europeo, que en 1972 se amplió con el Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. Tú explicaste todo eso muy bien en tu tesis doctoral sobre “Formación y desarrollo del Mercado Común Europeo”, evidenciando cómo a la luz del Informe Birkelbach, España no podía ingresar en el gran proyecto, con el que se buscaba, primero, la unión arancelaria, segundo, la económica y, tercero, la política. Y a España hasta 1977 le faltaba el elemento político, algo que en la lógica de la Historia, acabaría por llegar.

P: Y el cambio político, ¿por qué se produjo sin tensiones insuperables? ¿Te acuerdas de la tesis de Vernon Walters cuando por encargo de Nixon se personó en El Pardo y Franco le dijo que la sucesión estaba asegurada “merced a una gran aliada”. ¿Cuál era?

R: Las clases medias, que habían engrosado la sociedad española, y que en aquel momento, aunque fuera de otro modo, estaban pidiendo algo que se planteó por primera vez en la Revolución Francesa: la necesidad de una mayor libertad individual, un cambio político radical. Y eso es lo que finalmente se alcanzó en 1977.

P: Y los más opulentos del régimen anterior ¿se adaptaron?

R: Se adaptaron, desde luego. En aquel momento, en medio de un gran maremágnum económico y social, el cambio se produjo a pesar de posiciones bien contrarias. Recuerdo que en una publicación, el bueno de Nicolás Sartorius se refería todavía al asalto al palacio de invierno por el proletariado, etc. Pero en el conjunto de los economistas que estabais en los diversos partidos políticos, de izquierda a derecha, ya veíais las cosas de otro modo. Y con esas ideas se hicieron los Pactos de La Moncloa, con los Suárez, los Fuentes, los Fraga, los que estuvisteis en La Moncloa para elaborarlos en octubre de 1977. Ignorar esa gran oportunidad, yo lo repito continuamente, habría sido un disparate. Y todo cambió.

Saliendo por un momento de nuestro propio Ruedo Ibérico, para visionar el ancho mundo de la globalización, que tanta controversia ha generado en pro y en contra, la pregunta era obvia:

P: Ya con la Constitución de 1978 funcionando, Juan, pasamos a otro ámbito de cuestiones, hoy en el candelero, si te parece: la globalización y sus descontentos.

R: La globalización es algo que nos llegó de fuera, implacable e inevitable, y que hubo de asumirse. Es como si en España, de repente, gritan en Castilla porque hace calor, o en Asturias porque llueve mucho. Esos son hechos exógenos, están ahí, y punto. Y se trata de aprovechar las circunstancias de la mejor manera posible. Y ¡ojo!, desde España la globalización está aprovechándose con buenos resultados, y a ese respecto yo pregunto: ¿cómo se entiende la gran progresión de un espacio económico como el de la Comunidad Valenciana? ¿Cómo se entiende sin China, sin India, sin la conexión con Europa? ¿Cómo cabe interpretar sin todo eso el tremendo auge del puerto de contenedores de Valencia, el primero de España, en pocos años? Es sólo una muestra de lo mucho que hemos aprovechado la globalización.

Y dentro de la globalización, lo hemos visto, el Prof. Velarde se centra sobre todo en los países emergentes, la gran novedad de nuestro tiempo, hoy casi personificada como países en los BRICS:

P: ¿Y en materia de países emergentes, China e India? No sé si viste mi libro “El siglo de China. De Mao a Primera Potencia Mundial”.

R: Ahí lo tengo, el tercero en la lista de los que he de reseñar en el diario Expansión en la próxima semana. Ya lo verás.

P: Muchas gracias, y la pregunta, por mucho que parezca tópica, es la siguiente: ¿Cómo ves el ascenso de esos dos países emergentes?

R: No, no es un tópico, es una realidad mayúscula. Se han puesto en marcha todo un conjunto de fuerzas del mundo oriental, muy al margen de esas historietas de la “Alianza de las Civilizaciones” y demás… La verdadera clave es que China e India están occidentalizándose. Primero lo hicieron los japoneses, y ahí está Japón. Después sucedió lo mismo con Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong. Y ahora le toca a los chinos posicionarse bien en el escenario. A veces me da risa pensarlo. ¡Marx ¿de dónde rayos era y dónde trabajó?!: en Occidente. Y Marx ¿qué significó para los rusos primero y para los chinos después?: un impulso de occidentalización. Y lo mismo ocurre con los hindúes, porque los ingleses les dejaron allí los posos, que ahora, por fin, están sabiendo aprovechar y potenciar. Toda Asia oriental está occidentalizándose para su mayor y más rápido desarrollo…

*      *      *

Y desde aquellos tiempos, de manera permanente hasta ahora, hay una presencia en la vida de Juan, sobre la que disponemos de un comentario en el libro Testigo del gran cambio, publicado en 2016, y que escribieron a dúo Mikel Buesa  y Thonas Baumert, que dan entrada en directo a las evocaciones juveniles del propio Velarde, comentando lo dicho por algunos estudiantes colegas:

Y me dijeron: «¡Oye, que hay un guateque en la calle General Mola, ¡vente!». —«¡Ah, pues muy bien, contad conmigo!». Y allí que me fui. Y en ese guateque estaba Alicia… Bromeamos con aquello de «señor Valiente», ¡y ahí ya empezó todo!

  1. ¿Hasta hoy…?

Sí, hasta hoy, hasta este mismo momento, hasta esta mañana en la que me despedí de ella. Por cierto que, me ocurrió una anécdota curiosa.

En una ocasión en la que estaba yo en México, no recuerdo exactamente el motivo, hubo un cocktail en la editorial Fondo de Cultura Económica. Y a aquel cocktail asistió también el agregado comercial en México que, por lo que se ve, había estudiado Económicas.

La cuestión es que se me acerca y me pregunta: «Oye, ¿es verdad que tú te has casado con Alicia Valiente?» —«Sí». Y dice con cara de absoluta incredulidad: «¡¡¡Pero si era la chica más guapa de la Facultad!!!». — «Bueno, ¿y qué?» [risas]. Aquélla fue una conversación absolutamente pintoresca, no sé qué pretendía insinuar [más risas]. Alicia se pone muy nerviosa cuando sabe que lo cuento y me amonesta: «¡Eso no se cuenta!»[1].

Y por último, queda la despedida de la larga conversación. Y para ello, nada mejor que hacerlo con palabras del propio Profesor Velarde:

De todo lo dicho he intentado mostrar, en mis diálogos con los autores de este libro, que quedasen claros los dos lemas que he procurado seguir en mi vida. El uno lo expuso muy bien Oscar Wilde en De profundis, al señalar que Cristo predicó que lo único importante «es vivir con plenitud cada minuto, y que para ello es preciso buscar incansablemente lo mejor». El otro es, ante las tareas emprendidas, no cejar jamás, de acuerdo con el lema de la infantería de Cromwell: Nulla vestigia retrosum, o sea «Ni un paso atrás»[1].

Son dos citas interesantes y valientes, una de un irlandés, y otra de un inglés. Expresivas de un temperamento poco frecuente de serenidad, y también de ferviente convicción a la hora de buscar la verdad y el futuro: ese es el Maestro a quien hoy rendimos homenaje, y a quien también deseamos que cumpla muchos más años, para seguir dejando la huella ecológica de su buen saber y sentido de la amistad.

Y así terminó el diálogo entre Juan Velarde y Ramón Tamames. Y para cualquier observación que quiera hacerse, el autor está a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

[1] Juan Velarde, conversaciones con Mikel Buesa y Thomas Baumert, Testigo del gran cambio, Ediciones Encuentro, Madrid, 2016.

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