Después de la Revolución Rusa: Una evolución del proyecto comunista soviético (y II)

Concluimos hoy la galería de los líderes soviéticos que desempeñaron los papeles más importantes en la evolución del comunismo –más bien capitalismo de Estado— en la URSS desde 1917 hasta 1991. Después de Lenin y Stalin, que vimos el pasado jueves, 14 de diciembre, terminamos hoy con Kruschev, Breznev y Gorbachov.

Nikita Kruschev 

En la visión anticapitalista del régimen soviético, intentó reformar una serie de principales monolíticos del Estalinismo, con sus críticas en el XX Congreso del PCUS. Tuvo éxitos iniciales, en la carrera espacial y armamentística, que estimularon la respuesta de Kennedy en EE.UU. Fracasó contundentemente en lo económico, al no instaurar una economía con apertura al mercado.

Dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y procedente de una familia minera, participó en la Revolución bolchevique (1917) y luchó en el Ejército Rojo durante la guerra civil que siguió (1918-20). Luego hizo carrera política en el Partido Comunista de Ucrania, hasta llegar a ser primer secretario de la región de Moscú (1935-38) y después de la propia República de Ucrania (1938-49).

Desde este último cargo se esforzó por reducir el nacionalismo ucraniano; organizó la anexión de los territorios ganados por Ucrania en virtud del reparto de Polonia entre la Alemania nazi y la Unión Soviética; y dirigió la resistencia contra la invasión alemana en el curso de la Segunda Guerra Mundial (se distinguió especialmente en la batalla de Stalingrado). Sobrevivió a todas las purgas de la época, haciendo gala de un gran celo estalinista. En 1949 se instaló en Moscú, donde empezó a destacar como especialista en cuestiones agrarias en el Comité Central.

Al morir Stalin en 1953, Kruschev fue elegido primer secretario del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), compartiendo el poder con una dirección colegiada del Presidium del partido. Paulatinamente, se erigió en líder de una corriente renovadora, dispuesta a romper con el pasado estalinista: primero se deshizo del ministro del Interior Beria, que representaba la pervivencia del estalinismo; la mala marcha de la economía le permitió apartar también a su rival, el primer ministro Malenkov (1955); la dimisión del nuevo primer ministro, Bulganin, en 1958, permitió por fin a Kruschev concentrar personalmente la dirección del Estado y del partido.

En 1956 defendió ante el XX Congreso del PCUS un informe en el que denunciaba los crímenes y errores de la época de Stalin, el culto a la personalidad y el dogmatismo ideológico. Un año después eran expulsados del Comité Central los dirigentes más significativos de la etapa anterior, en medio de un proceso general de desestalinización. Y en 1961 hizo que el XXII Congreso del Partido condenara oficialmente a Stalin.

Aunque acuñó la doctrina de la «coexistencia pacífica» con el bloque occidental, las relaciones con Estados Unidos incluso empeoraron, a raíz de la construcción del Muro de Berlín (1961) y del intento de instalar misiles en Cuba, con la célebre crisis en medio del Pacífico supieron resolver Kruschev y Kennedy.

Bajo el mando de Kruschev la URSS obtuvo éxitos significativos en la carrera espacial (lanzamiento del primer satélite Sputnik y primer vuelo espacial tripulado en 1961 con Yuri Gagarin) y lo mismo en la de armamentos. Pero fracasó en su intento de llevar la rivalidad entre las superpotencias al terreno económico. Lanzó planes orientados a revitalizar la economía soviética para alcanzar a EE.UU.: descentralizó la planificación aumentando la autonomía de regiones y empresas, impulsó la colonización de tierras vírgenes en Siberia, fomentó la investigación científica, prestó mayor atención a la agricultura y la industria ligera, dio prioridad al abastecimiento de bienes de consumo.

Fueron precisamente sus fracasos en materia económica (los malos resultados agrícolas obligaron a la importación masiva de cereales) los que, unidos al aislamiento exterior, debilitaron a Kruschev y permitieron que se fraguara una conspiración para apartarle del poder. Las reformas que había iniciado para aligerar la burocracia le habían hecho impopular en el partido y en la Administración. En 1964 fue forzado a dimitir, sucediéndole al frente del partido uno de sus más estrechos colaboradores, Leonidas Brézhnev. Murió en 1971 a los 77 años. Sin duda, Kruschev fue el autor del gran intento de dinamizar el comunismo y hacerlo más eficiente. Pero su propio partido le retiró de ese empeño.

Leónidas Brézhnev 

El verdadero enterrador pre-monitorio del régimen soviético, por sus 22 años de gobierno ineficiente en la economía, rezagado en lo tecnológico y que tuvo la más desgraciada intervención militar en Afganistán. No supo renovar el sistema económico, que entró en el estancamiento. En definitiva, la mediocridad de Brézhnev, fue letal para el comunismo en Rusia.

Leónidas Brézhnev (Kámenskoie, Ucrania, 1906 - Moscú, 1982), tras estudiar agronomía e ingeniería industrial, se integró en el PCUS, Partido Comunista de la Unión Soviética en 1931, en la época en que las purgas de Stalin eliminaron a la «vieja guardia» de la Revolución bolchevique, y abrieron las puertas del partido a las jóvenes generaciones formadas ya bajo el régimen comunista. Combatió contra los alemanes en la Segunda Guerra Mundial (1941-45), alcanzando el grado de general.

En 1952 accedió al Comité Central del Partido, y después de la muerte de Stalin en 1953, se mostró decidido partidario y colaborador de la línea aperturista de Kruschev, bajo cuya protección se convirtió en presidente de la URSS (1960-64). Desde ese cargo encabezó la lucha de los jóvenes tecnócratas contra los viejos comunistas ortodoxos, pero años después colaboraría en el golpe de Estado que derrocó a Kruschev en 1963. En 1964 fue designado secretario general del PCUS, cargo que le otorgó el máximo poder en el régimen soviético durante 22 años.

En política exterior, Brézhnev defendió la doctrina de Kruschev de la «coexistencia pacífica» con el bloque capitalista, tanto más justificada aún por el estancamiento económico que iba dejando atrás a la URSS en sus posibilidades de competir con Estados Unidos. Y aunque impulsó las negociaciones de desarme con EE.UU. (acuerdos SALT, de 1972 y 1979), la agresividad militar soviética continuó en los países de su área de influencia: en 1968 aplastó por la fuerza la «primavera de Praga», un intento de los comunistas de Checoslovaquia de reformar el régimen en sentido democrático.

Con motivo de aquella invasión, Brézhnev formuló la doctrina de la «soberanía limitada», que convertía a los países socialistas del Este de Europa, integrados en el Pacto de Varsovia, en satélites semicoloniales de la URSS. Igualmente, avaló la invasión militar de Afganistán en 1979 alegando la existencia de amenazas sobre el régimen prosoviético de aquel país.

Desde entonces, ya anciano y enfermo, su influencia en el Politburó decayó hasta su muerte (1982). El «culto a la personalidad» del dictador destacó sus facetas de estratega (nombrado mariscal en 1976) y escritor (Premio Lenin de Literatura en 1980). Pero, la mediocridad de su política llevó a la URSS a una situación ya difícil de resolver en la carrera capitalismo/socialismo.

Mijaíl Gorbachov 

Demasiado tarde, después de la Era Brezhnev y de la ulterior gerontocracia, Gorbachov intentó reformar la política soviética con una nueva orientación (Perestrioka), así como reactivar las relaciones exteriores, con grandes cambios en orientación en favor de la Paz. Pero, a diferencia de lo sucedido en China, Gorby no supo reintroducir el mercado, y su oferta de libertades la aprovecharon los nacionalistas para intentar la secesión de la URSS. En 1991, su sucesor, Yeltsin, desmanteló la Unión Soviética, en la que se instauró un capitalismo salvaje, en el cual la Nomenklatura soviética se vio sustituida por todo un sistema de mafias. El llamado revolucionario accidental fue el verdadero promotor del final del comunismo en su carrera con el capitalismo.

Mijaíl Sergueievich Gorbachov (Privolnoje, Stavropol, 1931) fue el último dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Procedente de una familia campesina rusa de la región del norte del Cáucaso, estudió Derecho en la Universidad de Moscú (1950-55). Allí se afilió al Partido Comunista. De regreso a su región de origen, realizó una rápida carrera política, ascendiendo a cargos de responsabilidad regional en las juventudes comunistas y en el partido.

Completó su formación con estudios de Agronomía en los años sesenta, lo cual le permitió obtener su primer gran éxito político al afrontar la catastrófica sequía de 1968. Fue entonces cuando saltó a la política nacional, resultando elegido miembro del Sóviet Supremo (1970), del Comité Central del Partido (1971), secretario de Agricultura (1978) y del Politburó (1980).

Esta rápida ascensión culminó con su elección como secretario general del Partido Comunista de la URSS tras la muerte de Chernenko (1985), por un estrecho margen de votos. Obtenía así el máximo poder de la declinante potencia soviética, que se completaría con su nombramiento como presidente del Sóviet Supremo y jefe del Estado (1988).

La llegada de Gorbachov al poder suponía no solo una renovación generacional, sino también una esperanza de renovación política: Gorbachov encarnaba la corriente reformista que proponía una apertura liberalizadora para sacar a la URSS del estancamiento económico, político, tecnológico y cultural en el que había quedado sumida desde la época de Brézhnev. Gorbachov no defraudó esas expectativas, pues desde 1990 puso en marcha un programa político extremadamente audaz, que no solo acabaría con la dictadura comunista en la URSS, sino con la propia existencia de aquel Estado, transformando así profundamente el escenario internacional.

Su programa era obra de un comunista convencido, deseoso de reforzar y perfeccionar el régimen socialista mediante la trasparencia (Glasnot) y la reestructuración (Perestroika). La glasnost se produjo primero y con más facilidad: Gorbachov implantó una mayor trasparencia informativa, acabó con la represión hacia los disidentes, desmontó el Estado policial y la censura de prensa, restauró cierta libertad de expresión, y reconoció públicamente los crímenes y los errores cometidos en el pasado por el partido y por el Estado soviético. Con todo ello se ganó el apoyo de los gobiernos y de la opinión pública occidental pero se creó enemigos por todas partes en la URSS.

Gorbachov practicó una política exterior de paz, llevando de hecho a la URSS a renunciar a su papel de gran potencia mundial, con tal de reducir así los pesados gastos militares que apenas podía soportar la debilitada economía del país (tratado de desarme pactado con los Estados Unidos de Reagan en 1987; retirada de Afganistán en 1989). La retirada del ejército soviético del Este de Europa condujo a procesos más o menos revolucionarios, que acabaron con los regímenes comunistas en Europa central y oriental, abriendo el camino para la reunificación de Alemania (1990).

La reconstrucción económica, sin embargo, sería uno de los principales fracasos de Gorbachov: la Perestroika suponía sacar a la economía soviética del caos y el anquilosamiento en el que estaba sumida, introduciendo mayor libertad de empresa y dejando actuar al mercado para corregir los defectos de la planificación. Sin embargo, estas reformas no tuvieron resultados positivos inmediatos, pues desorganizaron aún más el sistema productivo existente y ahondaron el empobrecimiento de la mayor parte de la población. Todo ello creó tensiones sociales, agravadas por los intereses político-económicos que se veían afectados.

En 1991 se produjo un intento de golpe de Estado militar de tendencia involucionista, que fue detenido por la fuerza del movimiento, encabezado por Boris Yeltsin, líder político de la Federación de Rusia, quien se hizo con todo el poder en Rusia, apartando a Gorbachov y pactando con los dirigentes de las otras repúblicas el desmantelamiento de la URSS.

Gorbachov, el revolucionario occidental y el finiquitador de la Guerra Fría, se retiró de la política en aquel mismo año; aunque se presentó a las elecciones presidenciales de Rusia en 1996, obteniendo un resultado pésimo, reflejo de la impopularidad que se ganó en su propio país por su fracaso en la Perestroika, último esfuerzo para salvar el comunismo como sistema.

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Y como siempre, ya en estos días, el autor felicita las Pascuas y la Navidad a todos los lectores de Republica.com, y como siempre, cualquier comentario a castecien@bitmailer.net. Y que vayan bien los días de infarto: el 21, elecciones autonómicas catalanas; el 22, la lotería de Navidad; y el 23, Madrid/Barça en el Bernabéu, a las 13.00 hs., para que lo vean 500 millones de chinos.

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