Informe económico: España en el mundo (II)

El artículo que iniciamos el pasado jueves 2 de junio, empezando con un panorama de la economía internacional, continua hoy con una referencia más amplia a las dos grandes naciones de mayor incidencia en los intercambios mundiales.

  1. LAS SUPERPOTENCIAS: EE.UU. versus CHINA
  1. Tensiones en el Pacífico

A la prolongación de la crisis contribuye en algo grado la falta de entendimiento entre China y EE.UU. De lo cual es expresión el ya citado acuerdo TPP (Trans Pacific Partnership), que para ambas orillas del Pacífico promovió EE.UU., y en el que no está China; por considerar Washington DC el TPP como un reforzamiento más de su política de alianzas con ciertos países asiáticos, los que más temen a la República Popular: Japón, Filipinas, Malasia, Brunei, Indonesia, Vietnam, etc. Así pues, el TPP funcionará si se ratifica por sus firmantes: frente al proyecto de China, para 21 países y mucho más ambicioso. Lo cual significa una guerra sorda por la prevalencia de uno u otro en el Pacífico, que es el gran objeto de deseo.

En ese sentido apuntado, Lee Kuan Yew, fundador del Estado de Singapur, manifestó en su día que “quien domine el Pacífico controlará el mundo”. Para ser replicado por Hu Jintao que fue parte de China entre 2004 y 2015: “el Pacífico es suficientemente grande para que quepamos todo”. Sin olvidar una tercera posición -la que parece potencialmente más operativa-, la de Henry Kissinger, que en su libro On China, dijo algo interesante: es preciso que China y EE.UU. negocien lo antes posible. Por la sencilla razón, agregamos, de que si esa gran declaración de amistad se deja para 2030, la República Popular podría ser dos veces el tamaño económico de EE.UU., lo que haría más difícil la negociación.

Pero frente a esa negociación sobrevuelan, de forma amenazadora, las tensiones en el Mar de la China Meridional, que la República Popular quiere convertir en aguas territoriales propias. Al tiempo que progresa el armamentismo en la Tierra.

Sin embargo, lo que da un cierto optimismo frente a esas turbulencias, es el entendimiento que se da en otros aspectos entre EE.UU. y China que, hasta cierto punto, han formado un frente común con sus sanciones concertadas contra Corea del Norte por la referida política nuclear. Además, por primera vez, en 2016 ha habido una reducción en el ritmo de creación de defensa a ambos lados del Pacífico. Y a propósito del Acuerdo de París del 12 de diciembre de 2015, tras la Conferencia del Clima, las dos superpotencias acordaron ir a una política de lucha contra el calentamiento global, abandonando paulatinamente el consumo de combustibles fósiles.

Por lo demás, China y EE.UU. viven en una auténtica simbiosis económica, derivada del hecho de la apertura de mercados USA, que China ha aprovechado a fondo para desarrollar sus exportaciones. Al tiempo que EE.UU. tiene en los recursos del banco central de China la posibilidad de colocar ingentes cantidades de bonos del Tesoro (Treasuries) para la cobertura de su deuda pública.

  1. La incierta economía de EE.UU.

Entrando ahora en una rápida visión de la economía de cada una de las dos superpotencias, cabe decir que en EE.UU. hay un crecimiento del PIB oscilante, por mucho que haya bajado al 4,5 por 100 el desempleo, prácticamente al nivel de la NAIRU (non-inflationary rate of unemployment, según la concreción de Milton Friedman). Como también sucede que el aumento de productividad se ha ralentizado, con incidencia en el estancamiento de los salarios, lo que no es ninguna garantía de mejor de un razonable crecimiento futuro.

Con todo, la cuestión principal en el caso de EE.UU. está en reactivar la economía sin mantener indefinidamente el protagonismo de la Reserva Federal (la Fed), con su Quantitave Easing (humorísticamente conocido como QE, Queen Elisabeth), pues al intervencionismo que suponen las compras masivas de bonos de entidades financieras y de otras grandes corporaciones por la QE, se unen los efectos de muy bajos tipos de interés. En lo que parece ser una política de cebar la bomba (la vieja pump priming policy del New Deal), introducida por Bernanke; presidente de la Fed en los tiempos peores (2008/2013), y que ahora la presidenta del banco central norteamericano, Janet Yellen, quiere abandonar.

Pero ese abandono, que significa una senda de subida de los tipos para retornar a un mercado de dinero y de negocio bancario normales, tal vez debería esperar, sin que se proceda prematuramente; como tal vez no sucedió a principios de 2015, con la primera subida de tipos de la Fed en siete años. Al respecto, un conocido columnista del Financial Times, Martin Wolf, no dudó en calificar esa decisión de Yellen de “metedura de pata”. Por entender que, por razones psicológicas más que otra cosa, pues los países emergentes, muy endeudados en dólares recibieron la decisión con visiones muy amenazadoras. No obstante lo cual, la Fed seguramente irá a nuevos aumentos de tipos en 2016, en medio de una gran polémica.

Por lo demás, EE.UU. ha perdido su capacidad de liderazgo a escala mundial, lo cual no significa que China -que en 2015 alcanzó a EE.UU. en PIB, en paridad del poder adquisitivo-, esté preparada para asumir ese papel que durante tanto tiempo (desde 1945, de hecho), desempeñó Washington DC. Aparte de que por una serie de razones, nadie ve posible una hegemonía de China, sino que las cosas llevan a pensar, cada vez más, en un nuevo orden mundial multipolar (EE.UU., Iberoamérica, UE, Rusia, China, Sudeste Asiático, y África).

  1. China: desaceleración/normalización

Entramos ahora en el caso de China, que desde 2010 está desacelerando: desde un máximo del 14 por 100 de expansión anual que llegó a alcanzar, a poco más del 6,5 por 100. Situación que puede atribuirse a la nueva política de la República Popular de evitar inversiones excesivas (muchas de ellas de muy baja rentabilidad en el reciente pasado), fuerte endeudamiento del gobierno central y de las provincias, bancos con créditos dudosos, empresas altamente endeudadas, y desaceleración de las exportaciones. Como también está funcionando, creo, lo que podría llamarse tope tecnológico, derivado del hecho de que las inversiones actuales en China ya tienen menos incidencia en la expansión del PIB que en el pasado; por haberse cerrado la brecha tecnológica antes existente entre la República Popular y los países occidentales más avanzados.

Ese ajuste de China a un crecimiento razonablemente más lento, orientándose a menos mercado mundial y más consumo interno (lo que en Pekín llaman normalización), ha habido traumas más que notorios, como el deterioro en las bolsas de valores (de muy fuerte especulación); sucediendo lo propio con los cambiantes métodos de fijación del tipo de cambio del renminbi, con visos indudables de buscar una devaluación competitiva desde el Banco Nacional del Pueblo, que es el banco central.

En cualquier caso, hay un temor muy extendido de que la desaceleración de China pueda convertirse en un verdadero colapso, idea que los agoreros no dejan de cultivar; aludiendo frecuentemente a una posible burbuja en la construcción, y al referido fuerte endeudamiento del país. Extremos, los dos, que una economía autoritaria como la china pueden ir superándose paulatinamente.

En cualquier caso, para hacer viable la referida normalización como soft landing, en marzo de 2016, con ocasión de la aprobación del XIII Plan Quinquenal (2016-2020), China se planteó un crecimiento, entre el 6,5 y el 7 por 100, con toda una serie de ajustes, que mencionamos rápidamente:

–    Reconversión industrial con un proceso de transición para las empresas estatales (SOEs, Stated Owned Enterprises) que deben ganar en productividad, privatizarse, o desaparecer.

–    Déficit máximo del presupuesto en el 3 por 100 del PIB, como preconizaron para la UE los Criterios de Maastricht y como hoy se plantea en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento del Eurosistema.

–    Limitación de las inversiones públicas al 7 por 100 del PIB; a fin de no pasarse de la raya, como sucedió en el pasado.

–    Recorte, por primera vez, de los gastos militares, que crecerán en el 2016 al 7,6 por 100, frente al 10,1 del 2015. Una medida muy considerada en EE.UU.

–    Política de supresión de sobrecapacidades industriales en sectores como carbón, cemento, acero y vidrio; por una situación excedentaria que hoy se traduce en exportaciones en pérdida, con fuerte dumping.

–    Meta de no más del 4,5 por 100 de desempleo, con la previsión de promover, anualmente, diez millones de nuevos puestos de trabajo.

Puede decirse, en definitiva, que China no colapsará, y que podrá ir reabsorbiendo sus principales problemas. Aunque el coloso asiático está lejos de haber alcanzado las características de economía de mercado (como se comprometió a hacer en la OMC en 2001 en Doha); un status que difícilmente se le concederá de inmediato por EE.UU. y la Unión Europea, por la política de precios exteriores que practica Pekín, y que desde fuera con frecuencia se consideran de dumping.

Seguiremos la próxima semana para completar nuestras referencias a la economía internacional, y entrar, finalmente, en la economía española. En el interim, los lectores de Republica.com pueden contactarme en castecien@bitmailer.net

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