¿Por qué los 2ºC del Acuerdo de Paris?

parisSon muchos los expertos que ven el tope de 2ºC de máxima elevación de la temperatura de la Tierra sobre lo que había en la era preindustrial, como un guarisimo poco convincente. Pero una vez puesta en marcha, la idea del 2ºC, lo cierto es que ha adquirido vida propia, incluido el mundo de los científicos.

Será interesante, pues, recordar de dónde viene el célebre 2ºC y cómo se consolidó: un objetivo; que se propuso por primera vez en un informe que publicó el Instituto Ambiental, de Estocolmo, en 1980, basado en “la presunta vulnerabilidad de los ecosistemas a los cambios históricos de temperatura, con alzas por encima de 1ºC”. Una idea que sin necesidad de más explicaciones recibió el reconocimiento de casi toda la comunidad científica: sorprendente, pero verdad.

Seis años después, en 1986, en una reunión del Consejo de Ministros de la Unión Europea, Ángela Merkel, responsable por entonces del Medio Ambiente en Alemania, respaldó esa cota del 2ºC; como si fuera algo ya demostrado y valido a todos los efectos, dándole así al tema la fuerza de una especie de patente política. Decisión que por la inercia propia de los criterios de autoridad, se aceptó por el G-8, el Directorio político y económico mundial; para luego, en la Cumbre del Clima de Cancún, 2010, consagrarse definitivamente de manera oficial para la política climática de las Naciones Unidas.

Solamente en tiempos más próximos se incorporo al lado de los 2ºC, la idea de que sería mejor quedarse en el 1.5ºC; una cota que no ha pasado de ser, por lo menos hasta ahora, más que un desiderátum de los países que ven más cerca y mayor el peligro del calentamiento global.

Desde un enfoque crítico, tomar y expresar la temperatura de la Tierra con solo un número no basta, pues las diferentes partes del planeta se calientan de manera distinta, al igual, que sucede con las capas de la atmósfera. De ahí, que aplicar la idea de la limitación a un solo parámetro (2ºC) es, en sí misma, errónea. Así que debería elaborarse una serie de índices de concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI), en medidas de hollín (que absorben el calor), contaminación por sulfatos (que lo reflejan), niveles de temperatura de los océanos, etc. Pero aun con las críticas del caso, resulta que el límite de 2ºC tiene sus méritos: simplificar las enormes complejidades del sistema climático en una sola cifra que se hace comprensible para los políticos, sencilla de mencionar, y de modo que con ese referente ya puedan medirse los éxitos de los mayores o menores esfuerzos realizados. Así, se comentó en The Economist del 5 de diciembre de 2015. Además, la mera existencia fáctica de 2ºC ya permite polarizar las políticas mundiales. Y aun cuando los dispares intereses de tantos países tienen que ser reconciliados en la búsqueda de una meta común, un enfoque así es bastante práctico.

Por tanto el mayor problema radica ahora en la posibilidad del incumplimiento del objetivo. Y es que según los expertos de IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change, organismo dependiente de la OMM y el PNUD) para situarse como máximo en los 2ºC, las emisiones del GEI, tendría que reducirse a cero alrededor 2060 o 2070. Y no parece que con los resortes el Acuerdo de París de 2015 puedan alcanzarse tal erradicación y frenar la subida de la temperatura en el cabalístico 2ºC. Más bien vamos a ir situándonos en la senda de alrededor de 3ºC, o mucho más, antes de fin del siglo XXI; según suposiciones de que ha comentado ampliamente Pilita Clark, especialista del Financial Times en la materia.

Más preguntas: ¿A pesar de las críticas recibidas, es el Acuerdo de París un gran avance en la lucha para limitar los riesgos del cambio climático, como afirman los negociadores de lo París? O por el contrario ¿es el Acuerdo solamente una fase más en el camino a la gran calamidad final, como dicen los más pesimistas?. Ni lo uno, ni lo otro, manifiesta Martin Wolf: “porque el Acuerdo parisino es mucho más de lo que el mundo podía razonablemente esperar hace unos pocos años. Como también es preciso reconocer que está lejos de ser lo que realmente se necesita”.

En definitiva los logros de los negociadores de París son mucho más que nada. Sobre todo, porque fue posible que todos los países (incluidos Estados Unidos y China, las máximas contaminadores), se pusieran de acuerdo en reaccionar, finalmente, ante un gravísimo peligro común; por mucho que parezca remoto e incierto para la mayoría de la gente. Como también es verdad que en el Acuerdo participan los ricos, aceptando (ma non troppo) ayudar a los pobres a satisfacer los objetivos de descarbonización de la sociedad en la que vivimos todos, los del Norte y los del Sur.

Finalmente, y acaso lo más importante del Acuerdo de París: en lo que respecta a sus expectativas de efectiva aplicación, se contará con una nueva mentalidad por parte de las empresas más dinámicas; que claramente ya están, en su mayoría, en la aproximación al objetivo de cero combustibles fósiles para fin de siglo. Lo que significa algo imprevisible hasta ahora: los ingentes recursos energéticos de esa clase quedaran bajo tierra para siempre.

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