La transición desde las dos orillas (y II)

Terminamos hoy el artículo sobre Torcuato Fernández-Miranda que iniciamos el jueves 17 de diciembre, en lo que es un testimonio sobre una parte importante de la transición, desde una orilla distinta a la del autor.

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Sigue el discurso ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas:

El caso es que con la ya citada Ley de Reforma Torcuato Fernández-Miranda, tradujo su madurez de pensamiento en un proyecto de Ley, para contribuir al cambio de la situación en España. Con un criterio que sostuvo desde su ejecutoria como catedrático, con la idea fuerza para el cambio, que acuñó en frase en verdad lapidaria: “desde la Ley a la Ley y a través de la Ley”. Y a propósito de lo que todo eso significó en la transición, desde la orilla del Régimen cabe recordar una frase que circuló profusamente por entonces: “En esta película, el guionista es Torcuato Fernández-Miranda, y Adolfo Suárez el actor”.

De lo que no cabe duda, es de que el enfoque metodológico de la reforma, para poner fin a las Leyes Fundamentales de Franco provino de la dinámica del artículo 10 de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 1947; que daba la posibilidad de “modificar o derogar” tales leyes, que no eran las de bronce, ni las de hierro de los dioses de la era clásica de griegos y romanos.

Así las cosas, a través del procedimiento de un acuerdo previo de las Cortes (por dos tercios), seguido de un referéndum de la Nación, todo lo atado y bien atado (Franco dixit) podía cambiarse. En lo que fue una experiencia que se dio en llamar el harakiri de las Cortes Orgánicas, las que por inmensa mayoría dieron paso a una situación completamente nueva; llena de posibilidades, que se manifestaría definitivamente en la convocatoria para elecciones generales del 15 de junio de 1977.

En el sentido apuntado, a través de una serie de documentos, es posible apreciar algunos de los matices del pensamiento político de Torcuato Fernández-Miranda: sus lecturas de Baroja y Unamuno en la primera juventud, su admiración política por los escritos de José Ortega y Gasset, y el destacable respeto por la diversidad de enfoques doctrinales. Entre ellos, el análisis marxista, lo que quedó bien patente en una tesis doctoral en la Universidad de Oviedo, cuando desde el tribunal de la misma, Don Torcuato no dudó en subrayar al doctorando que “Marx puede interesar más o menos, pero decir que su pensamiento fuera mediocre, como Vd. ha dicho, no tiene sentido”.

Y de ese pensamiento político de Fernández-Miranda, destacaré sus palabras al iniciarse como Catedrático en la Universidad de Oviedo, viendo en la juventud un potencial a considerar en toda su dimensión:

“Es así, y sólo así, como tendremos voz frente a las nuevas generaciones; es así, y sólo así, como podremos sentarnos en torno a las hogueras que encienden, con ilusión y esperanza, las nuevas juventudes. Que son distintas, que tienen derecho a ser distintas, y a las que hay que conceder el derecho que nosotros exigimos para nosotros mismos en nuestra propia juventud: el derecho a equivocarse noblemente”.

Y también interesante es, a mi juicio, la expresiva influencia de Fernández-Miranda en Adolfo Suárez. Quien al llegar a la presidencia del gobierno en junio de 1976, merced a la estrategia del Rey Juan Carlos y de Don Torcuato, se expresó del siguiente modo:

El Gobierno que voy a presidir no representa opciones de partido, sino que se constituirá en gestor legítimo para establecer un juego abierto a todos. La meta última es muy concreta: que los gobiernos del futuro sean el resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles.

Con la convocatoria de las elecciones generales, el Profesor, Preceptor y Legislador renunció expresamente a la posibilidad de ser candidato a la presidencia de las nuevas Cortes. Y de análoga forma tendría que haber procedido, según el pensamiento de Fernández-Miranda, Adolfo Suárez: renunciando a optar a la presidencia del Gobierno tras las elecciones del 15 de junio. Y precisamente de planteamientos tan distintos surgió la desavenencia entre dos prohombres que tanto significaron para la transición. Pudiendo decirse que fue a partir de entonces cuando Torcuato dejo de ser el guionista, y Adolfo adquirió la doble función de guionista y actor.

Y en este momento de mi intervención, ya en la recta final, me permitirán Vds. una pregunta desde la óptica de los estudiosos de la figura política de Fernández-Miranda y de la transición en general: ¿quién preparó el proyecto de Constitución que Suárez manifestó estaba ya redactado, y que ofreció a los partidos ya representados en las Cortes, cuando se vio ya que, nolis volis, habría un proceso constituyente?

Estoy seguro de que no fue Fernández-Miranda. Porque no era propio, desde su visión política, que tras unas elecciones democráticas pudiera haber servido de base para la Constitución un texto elaborado por un Gobierno anterior, aún no legitimado por las urnas. No obstante, es un enigma, que está por aclarar: ¿dónde se halla ese texto del que nada más se supo?[1]

En cualquier caso, desde su posición de senador regio, en el debate constituyente Torcuato Fernández-Miranda fue muy crítico con algunos pasajes del proyecto. Sobre todo con el artículo 2, a causa del término nacionalidades, atribuido en su procedencia inmediata a Fernando Abril Martorell. Por entender que tal vocablo equivalía a Nación; poniéndose así en duda la propia prevalencia de la Nación Española, con la posibilidad de constituir un arranque de movimientos ulteriores de disgregación. Todo sin oponerse, para nada, a una política de descentralización de las CC.AA.

Al respecto, traeré aquí a colación el diálogo que tuve con un amigo -y que reflejé en mi libro Más que unas Memorias, páginas 616 y 617- cuando en 1978 estábamos tratando, precisamente, el tema de las CC.AA. en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Fue Gonzalo Sol, quien en una cena, al final de una larga jornada, me dijo:

-      Ramón, te veo como cansado e incluso abatido. ¿Te pasa algo?  Ahora que estáis haciendo la Constitución, el sueño de tu vida...

-      Ay, ay, ay, Gonzalo… Sí que me pasa, y precisamente a propósito de la Constitución... Estamos discutiendo el Título VIII, sobre el Estado de las Autonomías... Ya sabes, sobre los poderes que tendrán en el futuro las regiones: Cataluña, País Vasco, Galicia, Andalucía, Canarias, Baleares, etc. Y sinceramente, creo que nos estamos pasando de rosca… demasiadas competencias para los futuros órganos autonómicos, y un Estado que podría vaciarse peligrosamente. Lo cual podría ser muy malo en el futuro, por posibles derivaciones centrífugas.

Sin comentarios.

Termino: hoy, a los 35 años de que Torcuato Fernández-Miranda muriera en Londres, en la Inglaterra que tanto admiraba por la evolución de su sistema político desde la Carta Magna de 1215, podemos recordarle como una de las personas que más contribuyeron a que la democracia retornara a España, a través de lo que se ofreció como un verdadero pacto de las fuerzas en presencia. Por ello mismo, su figura política prevalecerá, como muestra de lo que fue la busca de la concordia superando el enfrentamiento.

Ojalá, volviendo la vista atrás, que hubiera sido posible algo parecido en 1936, cuando la locura ideológica llevó a la más trágica y cruenta confrontación de la Historia de nuestra España. Y pensando en el futuro, creo que la sesión de hoy puede considerarse como una reflexión pertinente; a propósito de la inquietante situación en que actualmente se halla nuestro país. Con un colofón claro: los problemas hay que discutirlos dentro de la lógica, la razón, y la Ley, en pro de la concordia: lo que caracterizó a toda la transición con su doble criterio máximo de Soberanía Nacional y consenso.

Muchas gracias.

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Y así termina queridos amigos de Republica.com la historia de Torcuato Fernández-Miranda, esperando que en estos momentos de crispación, el espíritu de la transición sea bastante alentador. Y como siempre, el autor queda a la disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net. Y naturalmente, les deseo una feliz Navidad a todos.

[1] Después de mi intervención en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, alguien me dio tal vez la clave del proyecto constitucional inédito: “Lo hizo Eduardo Navarro”, el gran ayudante de Adolfo Suárez, con quien a pesar de posiciones ideológicos diferentes tenemos tuvimos una gran amistad.

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