Reflexiones desde la senectud (y II). Senectutae meditatio

El pasado viernes 4, iniciamos en esta sección de “Universo Infinito”, la publicación de unas Reflexiones desde la Senectud (I) - Senectutae Meditatio, que continuamos hoy hasta terminar la serie de treinta y cuatro pensamientos.

Hemos recibido algunas observaciones sobre este texto, y esperamos que sigan llegando. Todas tendrán contestación directa del reflexionador. Y a continuación van las meditaciones del número 18 al 34.

  1. En el mismo sentido que Séneca, Gregorio Marañón decía: hemos de aprovechar los trozos de tiempo de nuestro vivir, comportándonos como traperos del tiempo, para no perder ni un minuto. Para ello, aunque sea in mente, será bueno trazarnos cada día una hoja de ruta. Y si surge un imprevisto sobre lo previsto, hagamos el ajuste más conveniente.
  2. Hemos de trabajar con la mejor ayuda que encontrar podamos: una secretaria de excelencia es media vida para quien quiere pensar y moverse decididamente, con resolución, registrando lo que se piensa, detectando fuentes de información, y comunicándonos con no importa quién, para comentar lo cotidiano, o entrar en los asuntos de mayor enjundia.
  3. Hay que salirse de la vida circular y de la rutina de todos los días, cambiar de aires con frecuencia, viajar a sitios ignotos, convivir con gentes nuevas y más jóvenes que nosotros. Todo eso impedirá que caigamos en la de otro modo irreversible obsolescencia.
  4. No hay que tener miedo a las nuevas amistades, seguir en la gran aventura de conocer gente nueva en cualquier edad, en contra de la idea de tratar solo con quienes compartimos pupitre en el colegio cuando éramos impúberes. Recordad: los compañeros de la niñez, nos vinieron dados; en tanto que los amigos de la madurez y después, surgen por querencias y aficiones propias: los elegimos nosotros mismos.
  5. El buen trato a nuestros semejantes ayuda en todo a la vida, pues el hombre, por el hecho de ser zoon politikon (Aristóteles dixit), es un ser social. Por lo que hemos de comprender que cada persona es un microcosmos en sí misma. Algo significante de que no cabe desdeñar a nadie, y que en los juicios que podemos emitir sobre cada quien, hemos de tener en cuenta su peculiar condición humana.
  6. La contemplación de la naturaleza en tantas de sus manifestaciones es una de las alegrías de la vida: observar paisajes, de tierra y de mar, entender la vida de los otros seres vivientes en sus hábitats, disfrutar del tránsito de las estaciones. Todo eso es siempre de interés, e incluso emocionante. Sobre todo, cuando sabemos apreciar que formamos parte del cosmos y del misterio de la vida; con preguntas todavía por contestar como son “de dónde venimos, qué somos, adónde vamos”.
  7. La literatura es un alimento para el alma, y en cualquiera de sus géneros, novela, pieza de teatro, etc., inspira nuestras propias vidas. Cervantes, Shakespeare, Goethe o Victor Hugo nos proporcionan escenarios para la reflexión. Como lo son las narrativas de Zola, Dostoievski, Baroja, Unamuno, Thomas Mann o John Kennedy Toole.
  8. La vida también es música, que puede sonar dentro de nosotros mismos. El lenguaje de las notas incide en los sentimientos con su hablar sin palabras, suscitando emociones. Una buena educación musical ayuda a vivir y a comprender mejor la belleza de todo: Cabezón, Haendel, Mozart, Beethoven, Schubert, e incluso los sones de Luisa Fernanda, nos ayudan a elevarnos a las más altas cotas de una situación que evoca la felicidad.
  9. Pero además de la naturaleza, la literatura y la música, será bueno dedicar un tiempo a la Historia, que supera la ficción: la Segunda Guerra Mundial, en sus sucesivos avatares, va más allá de La Guerra de las Galaxias. La llegada de Cortés a Tenochtitlán, en principio parece más increíble que el Señor de los Anillos.
  10. Lo mismo sucede con la Ciencia: el pensamiento de Einstein resulta más fantástico, y al tiempo más verosímil que cualquier espécimen de ciencia ficción. Y además nos ofrece el mayor consuelo, en no importa qué momento de incertidumbre o desgracia: por las dimensiones que ayudan a relativizar lo que pueda sucedernos en la vida.
  11. Y pensando en la Ciencia: ¿no será posible que la verdadera misión, la razón de la existencia de la humanidad -y por ello también el propio sentido de la vida, que tanto buscamos- sea la observación de la creación evolutiva, del universo o de los multiversos que están ahí? ¿Existimos para interpretar si esa realidad tiene o no una naturaleza significante, si es algo que surgió precisamente para permitir un ambiente antrópico? Son preguntas que sobrepasan el vasto territorio de la Ciencia, y que sólo cabe contestar, hoy por hoy, desde otros ámbitos.
  12. Y con referencia al universo: ¿Estamos solos en el cosmos? ¿Es que todas las inmensidades que contemplamos con las nuevas tecnologías de la astrofísica se han hecho para que los humanos comprendamos la gran cohesión del Todo, en torno a una finalidad todavía inescrutable? O en contra de ello ¿podrá llegarse a la conclusión de que sólo hay una fuerza abstracta, fría, sin espíritu y omniregulante? ¿Cómo, cuándo y por qué causa surgió la gravedad?, sería la siguiente interrogación.
  13. La polémica Ciencia/Religión, nos hace pensar en el Misterio como origen y destino. En cualquier caso, mientras no haya una evidencia científica de tal posibilidad, o de negación de la misma, la hipótesis de un algo superior y todavía desconocido, para nosotros,sigue siendo válida. Esa existencia superior es discutible, pero, insistimos, se trata de una cuestión no desmentida (ni apoyada) por la Ciencia: es el gran enigma, detrás del cual tiene que haber algo enteramente lógico.
  14. ¿Sería la vida eterna el premio a una vida buena de amistad y amor, de valorar lo que se nos da y de dar nosotros lo que debemos? Es una quaestio disputata desde los más remotos orígenes de los homínidos. Y a ese respecto, parece claro que la religión ya no es el opio del pueblo, para que los más sufrientes puedan evadirse de todas las miserias de una existencia terrenal.  Es una parte de la filosofía que busca la trascendencia.
  15. Pensando fríamente: si alguien os dice que otra vida es imposible, preguntadle: ¿Y cómo explica Vd. esto que tenemos ahora: estar aquí y hablar, pensar en lo divino y lo humano en un pequeño planeta en el arrabal de una rama de nuestra galaxia, de miles de millones de estrellas, y en medio de un cosmos de cuyas dimensiones y dinámica todavía ignoramos tantas cosas?
  16. La idea de un Hegemon ayudó a vivir a Sócrates, Platón, Aristóteles, y después a Séneca, ya que tan grandes pensadores supieron advertir que había algo superior a la enrevesada Cosmogonía de Hesiodo. Y de ese cuarteto formidable del pensamiento se desprende la idea de que si Dios es un invento humano, como luego se dijo, estaría en el número uno de los inventos, el más útil de todos.
  17. La idea de un ser supremo, de Dios, da sentido a muchas cosas: Justicia en relación con crimen y castigo, esperanza de una vida mejor para los más desgraciados, contestación preliminar a las últimas preguntas, expresión de la ética en conexión con la naturaleza y la humanidad, valoración de la belleza de la creación evolutiva. Todos esos elementos son posibles derivaciones que contribuyen auna forma de vida más excelsa que la de quien, en su ombliguismo, se confiesa ateo... ¿por la gracia de Dios?

Cualquier observación será bienvenida a castecien@bitmailer.net, esperando que los más senectos de los lectores de Republica.com nos honren con su propia imaginación.

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